La relación que existe entre la imagen que la gente tiene de China y lo que realmente vemos quienes vivimos o viajamos con frecuencia acá, da para muchas páginas. Normalmente, se enfoca la discusión hacia la democracia y los DDHH, y en ello siempre termina apareciendo esa suerte de relativización experiencial recogida también de la opinión de los mismos chinos de lo complejo que es este país.
Pero hay otras cuestiones menos cargadas, igual de manidas y bien interesantes relacionadas con el empleo; y es que definitivamente los chinos no trabajan como se suele decir por un plato de arroz, o al menos hace rato que ya no lo hacen. El desarrollo del país, la competencia y las leyes sociales, entre otros han elevado los salarios en forma increíble. Al respecto están ocurriendo varios fenómenos al unísono:
Por primera vez hay una escasez de mano de obra obrera y personal, en general, en las grandes ciudades industriales. Las fábricas se quejan que cada vez es más difícil contratar y retener a los trabajadores de las lineas de producción, piden salarios más elevados y se cambian de empleo con mayor facilidad si es que la competencia les ofrece mejores condiciones. La especialización es mayor, hay más capacitación y las ganas de surgir y ser "alguien" también influyen La inflación de las rentas es increíble hay una costumbre en China que los sueldos se renegocian una vez al año después de cada año nuevo chino y ese incremento es - al menos - del 10% o más. Un asistente (a) calificado bilingüe, por ejemplo, ganaba hace tres años en promedio 2000 yuanes,hoy es difícil encontrar alguno por menos de 5000 o más.
Esto está llevando a que muchas empresas se estén cambiando de ubicación desde las prósperas y costosas Shenzhen, Shanghai, Guangzhou, o Beijing, hacia zonas más deprimidas del territorio en busca de mano de obra barata. Pero rápidamente, y producto del crecimiento y desarrollo en esos mismos centros urbanos, los salarios tienden a igualarse. Más aun, ya se percibe un éxodo de ciertos rubros fabriles hacia otros países menos desarrollados como Indonesia, Bangladesh, India, Camboya y Vietnam.
La competencia entre industrias es tremenda, tanto enfocada hacia el mercado externo como - especialmente- al cada vez más apetecido, interno. La dinámica comercial no permite que los precios (de venta de producción) suban y esto provoca que la lucha y las armas de retención y expansión de carteras de clientes sea cada vez más brutal y carente de escrúpulos, así los márgenes de utilidad entre inflación salarial y alta competencia se estrechen más y más. Ergo la presión es durísima.
Ya China no es una baratela y la presión viene desde abajo. El incremento de la calidad de vida lleva aparejado que la gente viva cada vez menos en las fábricas y presione por jornadas laborales mucho más razonables y menos explotadoras. Por primera vez y tímidamente el tema medioambiental se empieza a hacer presente en la legislación y la cultura, lo que nunca es gratis. Los precios de los bienes de consumo también son cada vez más altos. Shenzhen por ejemplo es una ciudad igual o más cara que Santiago y no lejos de igualar a la rica y costocísima vecina, Hong Kong.
Entonces todo este mito de la China como una gran fábrica llena de niños explotados, paisajes grises y pobreza extrema y militarización, como una Corea del Norte pero de economía abierta es absolutamente ajena a la realidad. Este es un país híper consumista, cada vez más moderno, competitivo, con grúas de construcción y crecimiento en cada esquina. Shenzhen, Shanghai, Guangzhou, Beijing, Ningbo y muchísimas otras mega-urbes que plagan este territorio son cada vez más prósperas y modernas .
Mucho más rápido de lo que se pensaba, los 1300 millones de chinos están empezando muy embrionariamente a no dar abasto para continuar siendo la fábrica del mundo. Es difícil estimarlo, pero quizás en unos cinco años más el centro productivo se traslade con fuerza al sur de Asia donde varios países pobres y superpoblados están esperando o ya construyendo su oportunidad. China pasaría como Hong Kong, Japón o Corea a elevar su estándard poblacional y, al mismo tiempo, a sofisticar su industria.
Y es que guste o no el capitalismo como lo prueba la historia se mueve siempre en la búsqueda de costos bajos de producción, países donde las leyes sociales importen poco, las jornadas sean largas y los salarios lo más reducidos posibles. Para ello el cinismo de las grandes corporaciones del primer mundo es evidente, lo que sus legislaciones laborales internas - como la "esclavitud"- hace rato abandonaron, lo soslayan con gusto en estos territorios para que a sus ejecutivos les den sus números azules.
No obstante, también luego de esa explotación y depredación como el lado claro de la luna queda un halo de desarrollo y bienestar que nunca ha sido igualado ni por cerca por los experimentos socialistas. Claramente, sin apertura económica y al estilo maoísta, los chinos seguirían sumidos en el hambre y la desnutrición.
Pero también aparejado de modernidad capitalista, está la perdida de vidas y enfermedades de los que pagaron el precio inicial del capitalismo salvaje, la pérdida de los valores que trae la globalización, las tradiciones culturales, la copia kitch de lo foráneo, la corrupción, los nuevos ricos y ese mundo sin sustento espiritual que también se percibe acá como en otros lugares como nuestro Chile.
Es una ecuación rara y universal este capitalismo brutal.... Elevación de calidad de vida... Crisis moral y humana. Y acá como en otras partes parece hasta ahora no haber de otra.

Hola,
ResponderEliminarSoy una española residente en Chengdu y con novio chileno. ;) Acabo de escribir una entrada en mi blog sobre una cuestión relacionada con la de esta entrada, que acabo de encontrar por casualidad. Le he echado un ojo al blog y me encanta, está muy bien escrito y se nota que sabéis bien de lo que habláis. Lo marco, para volver por aquí más adelante. :)
Un saludo.
Muy acertadas tus opiniones...
ResponderEliminarRodrigo