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domingo, 2 de marzo de 2014

El dilema de elegir escuela en China


Para los extranjeros con hijos que viven o quieren mudarse a China, un tema muy importante desde el inicio es el de las escuelas. Como casi todos queremos que nuestros niños obtengan esa difícil combinación de que aprendan y sean felices, añadiendo el que aprovechen estos años para aprender inglés, chino y la cultura local, esta tela tiene mucho paño que cortar.

Partamos por los precios – y hablo sólo de mi conocimiento de Shenzhen y Guangzhou - un colegio privado internacional, esto es para extranjeros expatriados, no cuesta menos de 1200 dólares mensuales, muchos, USD 1500  y no pocos, USD 2000 por niño. El pago es semestral o trimestral “cash” y en adelantado, nada de cuotas, cheques o demases. Sus tarifas se reajustan anualmente y con una inflación no menor al diez por ciento. Claramente están pensadas para gente sin conciencia del dinero -marcianos- y como esos seres no existen, sólo los que no tienen más alternativa o las empresas transnacionales que envían a sus ejecutivos con sus familias a tamaña aventura son los que  pagan. Con esos valores incluso en mi querido “Chilito” educo como a cinco hijos y logro que mi perro hable arameo. ¡Si!!! Es de locos… ¡carísimo!!! La ventaja es que el niño o muchacho se encontrará en un ambiente diseñado para él, con compañeros que viven su misma realidad, clases en inglés y si no tiene el idioma, lo nivelan con paciencia. Además, en orden a las características de sus pupilos, la introducción del idioma y la cultura local se maneja con gradualidad.  Estas escuelas están acreditadas mundialmente lo que permite que cuando vuelvan a sus países puedan continuar los estudios en su mismo nivel. Las hay con currículum estadounidense, inglés, canadiense, francés, japonés, coreano, etc.

¿Qué tienen en contra además del precio? Que son verdaderas burbujas de niños extranjeros más o menos “bien”, reforzado con  el hecho de que no admiten a estudiantes chinos (la ley no lo permite) lo que aisla aun más a los estudiantes del entorno en que están viviendo.

Luego, está la alternativa de colegios privados chinos con curriculum en inglés. Una escuela así vale entre 1000 y 600 dólares mensuales y también debe ser pagada al contado. Los niños que asisten a ella son mayoritariamente chinos aunque muchas tienen una importante minoría de chicos extranjeros que no pudieron o no quisieron pagar las internacionales.

Yo diría que como todo en la vida tienen de luz y de sombra. Lo bueno, pueden llegar a mezclar muy bien la disciplina y rendimiento oriental con la creatividad y visión más panorámica de Occidente. Además, permite a los niños compartir con chicos locales que serán la mayoría de su curso lo que los inserta y los aleja de vivir en “ghettos”. Las clases de chino son de verdad por lo que aprenden muy bien el idioma. Lo malo, tampoco son baratas sino todo lo contrario y exponen a los pequeño, aunque sea parcialmente, a los aspectos menos graciosos y luminosos de la cultura oriental y china en particular que me da pie para pasar a la alternativa tres.

La tercera opción naturalmente es que los niños estudien en un colegio chino de currículum estatal. En este caso los precios son razonables como usualmente ocurre con los de su tipo en el mundo. Muchas familias que he conocido valoran el hecho que en estas escuelas esté garantizado que los chicos se comporten bien que la exigencia sea oriental o sea extremadamente exigente y que la obediencia sea vertical y muy estricta.

En base a la experiencia recogida y la de muchos amigos y conocidos me atrevo a decir que para la mayor parte de los occidentales resulta imposible imaginar a nuestros hijos estudiando en un colegio chino tradicional. Más aun, me atrevo a decir que es quizás el aspecto en que la brecha y choque cultural es más profundo.

Comenzando con lo idiomático, las clases son impartidas en chino Mandarín, un lenguaje muy difícil de asimilar. En vista de esta barrera sólo niños bastante pequeños que tienen una capacidad muy grande de aprendizaje -propia de su edad-  pueden aspirar a integrarse no sin dificultad. Pero entre más grande sean se le hará más difícil o derechamente imposible.

 Luego está la concepción educacional de oriente. En China las escuelas son tremendamente exigentes. Se educa no para aprender solamente sino para ser el mejor. Se asume que los niños en edad escolar deben vivir para estudiar. Es tanto así que usualmente los niños siguen yendo a la escuela también los sábados y domingos a reforzar materias o bien tienen actividades extra programáticas como asistir a un instituto de inglés, clases de piano o diferentes deportes. Pero todo esto,  no con un fin recreacional sino derechamente competitivo para ojalá ser un campeón o un gran virtuoso de la disciplina seguida. Por tanto el que inscribe a su hijo en una escuela china para que este sea “feliz”, se desarrolle  emocionalmente en armonía con la naturaleza, y otras vainas de corte humanista tan propia de nuestro hemisferio… que quede claro, eso aquí no existe. Trabajo duro es la consigna.

Respecto a la disciplina, esta tiene el aspecto positivo que los niños chinos se comportan perfectamente bien en clases y van a ella con el clarísimo y casi único fin de estudiar, cuestión que nos resulta increíble en nuestros países donde se mezcla la educación con lo social, los alumnos solo quieren salir a recreo y todo el sistema está en crisis de identidad y metodología. Sin embargo, dicha disciplina no es nada gratis, ya que se sustenta en premisas como el que los directores y los profesores son seres todopoderosos que simplemente hacen un traspaso de conocimiento a una audiencia sumisa. Un niño no debe jamás cuestionar a su maestro. Si lo hace genera efectos culturales graves en China como dañar el face (algo así como el honor-imagen) del maestro. Este asunto lleva a que sea de público conocimiento que en muchos países asiáticos los niveles de eficiencia sean los más altos del mundo, pues el modelo genera por así decirlo “buenos soldados”,  pero la creatividad e iniciativa se ven gravemente dañadas. Esto es evidente al punto que en el mercado laboral se requieran profesionales extranjeros en las áreas en que se precisa cierto talento.

 Respecto a lo anterior, es muy común ver en patios de escuelas que dan a la calle a los niños en formaciones militares ensayando marchas y canciones, mientras alguna autoridad les habla por micrófono o megáfono dándoles arengas, haciendo un discurso o una exaltación patriótica. Está permitido (socialmente, no por ley) castigar a los niños incluso físicamente en el aula. A pesar de que va comenzando cierta retirada en esto, aún es muy común que los profesores golpeen a los niños. Es totalmente válido que se usen ejemplos de reforzamiento negativo como decir “ustedes en esta prueba mostraron ser grandes alumnos no como Pedro que es un tonto”. Nuevamente, esta situación es - como dicen los argentinos - bien difícil de bancar cuando nuestra concepción educativa es bastante liberal y no marcial.

 Otro gran y complejo asunto es el de los regalos. Se usa mucho que los padres le hagan obsequios a los profesores, lo que parece a simple vista muy amable y normal. El problema es que muchas veces si no reciben presentes de determinado niño éste se puede ver apartado y no tomado en cuenta por el profesor. En palabras más duras, el regalo puede funcionar como una verdadera competencia de soborno para buscar que el maestro le preste más atención” a mi hijo que a los otros”.

Ahora, no quiero con esto cometer el grave error de plantear que nuestra educación es maravillosa y estos chinos están locos y equivocados. Quizás ellos haciendo un análisis parecido vean nuestras escuelas y digan cosas tan evidentes como: para qué van a la escuela los niños laowais si sólo molestan y se quieren ir de allí todo el tiempo; o critiquen la existencia de cigarrillos y drogas; o muchas otras cosas más en que al menos estamos complicados. Por lo demás es cosa ver de revisar la prueba de rendimiento internacional PISA y ver donde están los estudiantes orientales y los latinoamericanos. Simplemente digo, volviendo al inicio que en la situación de tener que buscar colegios en China para nuestros hijos resulta muy difícil que aceptemos el tipo de educación local porque es muy, demasiado, diferente con nuestros usos culturales.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El trato hacia los animales en China


Ha ce unos tres años cuando aún no nos radicábamos en China un proveedor me invitó a un viaje por Bejing. Cuando estábamos en un taxi rumbo al hotel me preguntó que quería conocer de esa ciudad y comenzó a darme diferentes opciones; la Muralla China, Ciudad Prohibida, Palacio de Verano etc. Yo desde siempre amante de los animales quería conocer los pandas gigantes y algo había escuchado del zoológico de Beijing. Le dije entonces que podríamos ir al zoológico. Me miró sonriente, con cara burlona de que le estaba bromeando. De veras quiero ir al zoológico ¿por que?. Aguantándose  la risa le preguntó a la taxista  -era una señora- donde quedaba el zoológico, ella comenzó también a poner cara de fiesta, le pregunto a mi compañero quien quería ir al zoológico y este me apuntó a mí. Y ahí los chinos explotaron y se largaron a reír a carcajadas, destemplándose los dientes. La mujer le decía que yo me creía un niño acaso y no podían parar de burlarse del hecho de que un hombre adulto quisiera ver animales.

En otra ocasión este mismo proveedor me invito a la bella ciudad de Hangzhou famosa por ser muy verde y tener un lago muy grande y lindo. Cuando estábamos alrededor del lago que es como un parque urbanizado gigante me di cuenta que había un zoológico. La vez anterior no habíamos alcanzado a ir al de Beijing. Al entrar lo primero que se veía era un inmenso circo lleno de graderías abarrotadas, donde tenían a unos tigres saltando por unos aros de fuego. No entendía que tenía que ver el circo con el zoológico. Luego pasamos por otras jaulas con animales, todas sucias, mal oliente y pequeñas. Luego nos metimos medio a “la mala” a un galpón donde estaban los elefantes y ahí me toco presenciar un espectáculo muy triste. Un amaestrador muy agresivo tenía a un gran elefante haciendo piruetas de levantar las patas y otras. Cuando el animal no respondía el tenía un punzón con el que constantemente le pinchaba para que siguiera sus instrucciones. Se veía al elefante sufriendo y estresado y al tipo totalmente indiferente y hasta sádico. Quedé descompuesto y con una sensación de tanta impotencia que nos debimos ir de inmediato

El primer año que estuvimos en Shenzhen también visitamos el zoológico local. Y a pesar que no estaba tan mal cada cierto rato tenían funciones circenses. Una que vimos también era muy deprimente, mantenían a los animales en un desfile girando alrededor de un escenario haciendo cosas ridículas contra su voluntad y además en una total desorganización. Camellos, elefantes, jirafas, monos, toda una gran arca de Noé anárquica. Y el sumun era que tenían una cuerda en altura entre dos postes, habían puesto a un oso pardo para que se balanceara en monociclo. Pude ver como el oso se resistió hasta que los domadores tuvieron que rendirse. Seguramente el pobre se debe haber llevado una gran tortura por no querer colaborar con la función.

Todos estos ejemplos muestran cual es el concepto que tienen los chinos de los animales. Para ellos son cosas que están al servicio del hombre. Sirven como alimento, pieles, comercio  o  también para plena diversión en los escenarios descritos.

 No hay conciencia masiva de respetarlos y protegerlos en su entorno, o de los zoológicos como una reserva protectora de las especie en peligro de extinción. Su idea de ellos es el espectáculo de circo, los animales están ahí para reírnos de sus monadas guiados-maltratados por sus domadores.

Alguna vez leí un pequeño análisis que planteaba que en China si apenas se respetaba a la gente que se podía esperar de los animales, haciendo todo un vínculo entre los derechos humanos, la democracia y como toda la violencia reprimida de la sociedad terminaba recayendo sobre los animales que son los más débiles. Yo discrepo bastante de eso porque no creo que sea un problema sociológico exclusivo de los chinos.  En un viaje a Tahilandia este año pudimos ver como en los famosos paseos en elefantes usaban también punzones y como estaba lleno de crueles shows de monos encadenados por el cuello. Que decir la información bien respaldada de las cacerías furtivas en Africa, las matanzas por el marfil etc. Y sin ir más lejos el zoológico de Santiago donde la gente insiste en tirarles basura a los monos, alimentar con golosinas a las especies y otras aberraciones que por suerte han ido mejorando. En Chile  y sobre todo en sectores populares los circos siguen usando “bestias” alimentadas con comida de perro y maltratadas. Por tanto es difícil hacer una correlación muy fina entre política y maltrato animal. Dudo que si este país estuviese gobernando por los antiguos emperadores el tema estuviese mucho mejor.

Más bien me inclino a pensar que como tantas otras cosas es un tema de desarrollo social. China es un país que ha crecido al ritmo más vertiginoso de la historia humana en estos últimos veinticinco  años y lo que otrora eran villas pobres en estas décadas se transformaron en modernas ciudades. Conozco chinos jóvenes de veintitantos que de chico debieron comer ratones cocinados por sus padres en tiempos de hambrunas. Algunos de estos mismos muchachos son hoy en día universitarios que se mueven al ritmo de la globalización, profesionales capaces de manejar varios idiomas.  El hormigón puede levantarse en pocos años  y transformar el paisaje urbano pero los procesos mentales y culturales de una sociedad no. Esto va a un ritmo mucho más lento.

En china se escupe en la calle, se fuma en espacios cerrados,  mucha gente tira basura en cualquier parte, se empuja en las filas y a los niños se les castiga golpenadolos en la casa, calle y en los colegios como algo normal. Claramente hay un concepto de urbanidad y costumbres que sobrepasa cualquier consideración de relativismo cultural. Hong Kong que también es totalmente chino que queda pegado a la china continental pero que llevo más de cuarenta años de desarrollo exhibe otra conducta propia justamente de ese desarrollo.  Volviendo al tema, he visitado zoológicos y el trato hacia los animales en Hong Kong y son tan cuidadosos y evolucionados como los mejores del mundo.

Por ello no creo que sea justo colgarle el cartel de la represión política a los chinos por su actitud hacia los animales. Esto avanza al ritmo que el resto de lo demás. De hecho ya en Guangzhou me tocó visitar un zoológico que está muy cuidado donde tienen un reservorio de Pandas. Todo muy bien protegido y ya a niveles mucho más evolucionados de lo que había visto antes. Por tanto todo confirma que es un proceso camino al desarrollo mental de una sociedad que aunque no lo parezca recién está empezando en su vinculación con cierta conciencia global.

sábado, 13 de julio de 2013

Mad Men y China


Una de mis series de televisión favoritas es “Mad Men” que recrea la sociedad norteamericana de los años sesenta de manera magistral. En ella se puede ver como en un plazo de cuarenta años, que en términos históricos no parece demasiado, los usos sociales del mundo occidental han evolucionado mucho.  La trama muestra como las mujeres son relegadas a un segundo plano, mayoritariamente dueñas de casa confinadas a su ámbito doméstico, y cuando trabajan son miradas como objetos sexuales de sus jefes. Se toma alcohol en la oficina y en cantidades. El cigarro es un commodity total masivamente extendido en espacios públicos y privados sin ninguna conciencia del daño que provocaba, se fuma en espacios insólitos como la consulta de los médicos o la escuela, etc. La conciencia ecológica aun ni se asoma. La protección de los niños y sus derechos están “en verde”, el mal trato hacia ellos a través de violencia más evidente o soterrada es común y muchos otros aspectos que muestran un mundo mucho más brutal y tosco.

Todo lleva a pensar algo que  para muchos puede ser un poco obvio,  hay un factor de maduración en los usos sociales  y el comportamiento humano. Es como una marcha del ritmo civilizatorio que toma y tiene su tiempo.  Lo digo porque esto se ve con gran claridad en China, a pesar de su cartel de potencia mundial  es una sociedad que viene saliendo de la extrema pobreza desde hace no más de veinte años. Y ese “gap” que proviene de la precariedad y también la ruralidad se nota en la mentalidad de la gente y sus acciones.

La estructura social- familiar sigue siendo muy jerarquizada y machista. El hombre es siempre el jefe de la familia, el que tiene prioridad para estudiar, el que puede escalar más alto en una empresa y el que siguen prefiriendo la mayor parte de las parejas cuando van a tener un niño. Tener un hijo es un seguro de posible prosperidad. 

En China a pesar de que hay una ley anti-tabaco nadie la acata.  En los restaurant, bares, estadios y discotecas se fuma libremente. En lo doméstico  los hombres lo hacen mientras pasean a los bebes y hasta con el pequeño en brazos. Se reparte humo Con cero consideraciones de si hay niños presentes, mujeres embarazadas o lo que sea. En las oficinas está plagado de ceniceros,  no existe reunión sin cigarros. Un vendedor no puede sino fumar porque para hacer vínculo con un comprador o contacto el asunto parte con compartir unos cigarrillos. Este país es el  súper paraíso del tabaco.

La conciencia de protección del medio ambiente esta recién empezando a asomarse pero en forma vertical con políticas públicas de promoción de energías renovables. Sin embargo, muchísima gente bota basura copiosamente y sin vergüenza en las calles, el ahorro energético a pocos les importa, las luces y aparatos electrónicos quedan prendidos inútilmente en cualquier lugar. Los animales son considerados objetos circenses. De hecho la mayoría de los zoológicos tiene un trato cruel con ellos con circos  para que elefantes, leones y demases hagan su show y la gente ría
y se divierta.

Es común que tanto en la casa o en el colegio se golpee a los niños. A pesar que el tema va cambiando,  los profesores aún llegan reprender a golpes o ridiculizar a los niños. El mundo escolar está aún lejos de poner el énfasis en la psicología infantil. A nivel familiar  me ha tocado ver unas cuantas veces a padres castigar a golpes a niños pequeños en plena calle. Es muy chocante estar en presencia de esto que en nuestros países puede costarle hasta la cárcel a una persona.

Pero lo interesante es que esta realidad se parece mucho al Chile de antes y sobre todo de mi infancia o sea de hace diez, veinte o treinta años.  La gente fumaba en todas partes, a los niños se les pegaba, no había conciencia ecológica, se tiraba basura en la calle, se escupía, el machismo estaba mucho más instalado. No es que en Chile esas cosas estén superadas y seamos  de lo mejor pero es inevitable la comparación ya que es el otro mundo que conozco. Y también seguramente hay un asunto de clases sociales, no me cabe duda que en sectores más precarios el tema evoluciona más lento. Lo mismo en China la gente es mucho más simple en el campo o en las zonas industriales que en los centros de las grandes ciudades.

Es una tendencia  equivocada, creo, atribuir esta situación a factores de relativismo cultural, o sea quedarse en el hecho que somos culturas diferentes. Al respecto es  interesante comparar a China con Hong Kong o Taiwán que es la misma población del mismo origen pero con grados de bienestar y desarrollo muy diferentes. Y en estos  casos se puede ver que los chinos de esos territorios son mucho más sofisticados y sus entornos parecen planetas distintos. Lo mismo las clases medias  jóvenes de la propia China ya vienen con otro switch propio de su contacto más globalizado y de una vida más cómoda. Todo lo cual demuestra que es una cuestión de tiempo y de ajuste. El desarrollo económico y la urbanización  van a una velocidad mucho más rápida que la mentalidad y las costumbres que se mueven muchísimo más lentas y con otra dinámica

lunes, 29 de abril de 2013

La Gran Carrera


Nuestro  buen amigo mexicano Alex, director de la filial en Shenzhen de una importante compañía de accesorios eléctricos nos contó un cuento-fábula que grafica la noción de competencia que existe en China.

“Si pones a un chino a pelear con un japonés gana holgado el chino que es más agresivo y acostumbrado a luchar. Pero si pones a dos japoneses y a dos chinos, triunfan por lejos los japoneses que tienen mentalidad colectiva y saben trabajar en equipo, en cambio los chinos sentirán la amenaza entre ellos mismos y antes de atacar a los japoneses se van a tratar de matar entre ellos”.

En su visión, los chinos desde que nacen están mirando la cuna del  lado, observando a su alrededor a los otros recién nacidos y evaluando cómo vamos en la carrera.  Alex, que experiencia no le falta con sus trabajadores y ejecutivos, dice:  “el ADN de los chinos de hoy es pura, fuerte y dura competencia”.

Efectivamente, en mi propia experiencia he podido comprobar esta premisa. Los chinos laboralmente se tratan con profunda desconfianza cuando perciben que ambos son “players” de un juego similar. Alguna vez me ha tocado inocentemente presentar a dos empresarios chinos amigos y se dan entre ellos un saludo de hielo y se miran como si fueran boxeadores.  

Esto se puede  vincular directamente con la educación y la actitud que tiene la sociedad hacia ella. El sistema escolar y universitario chino no es inclusivo, ni nada cercano a la teoría psicológica humanista que tanto ha  influido a Occidente. Acá el profesor es un dios, los alumnos escuchan y aprenden. No hay espacio para la disidencia y menos para la rebeldía adolescente, ni los desordenados. Para nosotros es de locos, pero acá los alumnos en clases se portan bien. La escuela es estudio y a presión. ¿El por qué? Primero, por factores culturales e históricos de una sociedad en esencia verticalista que sería largo detallar, pero más simplemente porque sólo los mejores acceden a entrar a la universidad. Y más aún, sólo los excelentes logran entrar a las mejores universidades y carreras. Por tanto no hay posibilidad amagues o dudas. El estudio marcará para siempre el futuro y estatus del muchacho y no sólo de él sino también de su familia.

Qué diferente a la educación en crisis de Occidente y de Chile, en particular, donde los colegios a veces parecen navegar a la deriva; los profesores llenos de dudas morales y metodológicas,  los alumnos queriendo hacer la “cimarra” o “capear clases”, y donde muchas veces  la enseñanza y el aprendizaje pasan a un segundo plano ante lo social. La frase tan manida de muchos apoderados en Chile respecto a la escuela “primero me interesa que mi hijo sea feliz en el colegio”, en este país sería de verdad motivo de carcajada con las manos en el estómago.

Con esto no estoy haciendo un juicio favorable, ni mucho menos alabando al sistema chino. Para nada. La cuestión de la híper exigencia es bien brutal. Muchos padres llevan a sus hijos sábados y domingos a clases extras al colegio o a institutos de inglés o entrenamientos deportivos de élite. El tiempo libre, compartir en familia u otros, tiene una valoración menor en esta gran carrera.

En este mismo sentido y en todos los niveles etarios cualquier tarea, ocupación, deporte o hobbies está enfocado a la competencia. Cuando llegué con mis hijos a este país los puse en clases de fútbol donde había otros niños latinos. Y me sorprendió que no existía la idea de “llevar al niño para que hiciera deporte y se distrajera”, nada, acá las clases son para ganar. Lleno de torneos competencias, prácticas dos o tres veces por semana como si se jugara cada renacuajo la copa del mundo. Yo mismo  me inscribí en clases de Taichi para hacer una actividad que me relaje. A la segunda clase me pasaron CD con video y libros y a estudiar. No se trata de distenderse.

Incluso el amor es secundario. Son escasos o más solapados los noviazgos o pololeos adolescentes, pues se consideran como pérdida de tiempo y distracción del rigor académico y los resultados que requiere esa edad.

A nivel laboral, obviamente todo va en el mismo sentido. El sistema promueve largas jornadas de trabajo, sábados y domingos son si se puede para trabajar. Y, a diferencia de lo que creemos, es más auto-explotación que explotación. Trabajar, producir, rendir es la forma de vida. Muchas veces les he preguntado a conocidos chinos que hacen en su tiempo libre. Y me miran con cara entre disculpa y de qué me habla este extraterrestre.

Es común que la gente abandone por largas jornadas a sus hijos e incluso su familia nuclear por el trabajo. He podido conocer de primera mano cómo algunas mujeres mandan a sus hijos de pocos meses a vivir con sus madres a otra ciudad o a su home town porque no tienen tiempo para cuidarlos. O bien, hombres que simplemente se van a vivir solos lejos de los suyos porque encontraron un nuevo empleo; e incluso un conocido chino con su esposa que hace más de un mes que no pasan algunas horas con su único hijo porque tienen que echar a andar su fábrica que está en plena producción.

Aunque poco a poco  -y en honor a la verdad - esto está empezando a cambiar y, a pesar que la curva del hastío y la salud está llevando a la clase media más acomodada a mirar con más simpatía el tiempo libre y las vacaciones,  acá se sigue viviendo en vértigo permanente.