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viernes, 28 de marzo de 2014

Oto-Chino laringología

Tener Otitis en China
Como humilde ser pedestre tengo algunas manías tontas que dañan mi salud. Una de ellas es la costumbre de hurgarme-limpiarme  las orejas con cotonitos (varitas con algodón) exactamente lo que los otorrinos recomiendan nunca hacer. El año pasado una de mis perras salchichas sufrió una infección que debía ser curada aplicándole un líquido en la pata con este tipo de adminículo. Entonces - no sé cómo ocurrió - pero uno de estos ya usado entre las pesuñas de mi mascota quedó mezclado con los limpios y un muy mal día en que decidí hacer mi habitual aseo auditivo, no me fijé y al parecer la infección perruna terminó en mis delicados tímpanos.

Durante algunas noches y en forma creciente desarrollé una terrible otitis que no me dejaba dormir. Enfermarse en China no es un tema menor, ya que las clínicas privadas para extranjeros son impagables -y al parecer por lo que se dice, tampoco son muy buenas- y la otro opción son los hospitales públicos que como todo lo de este país tiene “lo suyo”. Sin embargo, el dolor era ya tan insoportable que tuve que recurrir como sea a la opción dos.

Ya he mencionado que los hospitales chinos son bastante buenos para ser públicos. En Shenzhen al menos son modernos, la atención es oportuna y el precio económico. Esto, eso sí, considerando afecciones menores, como gripes, esguinces, dolencias estomacales, en fin. Pero si el asunto es más complicado y pasa a operación u hospitalización, ya es otra cosa y al respecto se cuentan muchos testimonios de excentricidades y “cantinfleos” hospitalarios que es mejor evitar.

De esta forma, acompañado de mi siempre linda esposa llegamos al centro más cercano, el recién inaugurado Shekou People Hospital. Lo primero que había que hac 
 
er era indicar y pagar  la consulta que uno necesitaba en una ventanilla, en mi caso atención de un Otorrino. Allí además, te entregan una libretita que en el futuro siempre debes portar y contendrá tu historial médico. No deja de ser sorprendente y amigable que un extranjero sea tan bien acogido en el sistema como cualquier nacional, hay cero discriminación al respecto. Y a esto hay que agregar que el estrés idiomático siempre es superado por alguien del mismo hospital o pacientes que se acercan de pura buena voluntad a ayudar.

Luego nos dirigimos donde el doctor en cuestión y aquí ya comenzaron ciertos choques culturales. Llegamos  a una consulta rodeada de decenas de personas que custodiaban la puerta. No había número, llamado, ni orden de llegada, la gente se metía no más. El más vivo se colaba más rápido e incluso cuando estaban atendiendo a un paciente, la gente llegaba, abría la puerta y comenzaba indiferente a hablarle al doctor de sus propias dolencias. Al principio, se reacciona desconcertado esperando que los individuos tomen conciencia civilizatoria y el mundo se adapte a uno. Sin embargo en circunstancias como ésta, debemos asumir que éste es otro planeta y “en Roma, haz como los romanos”. Así, cuando llegamos, nos metimos como todos y cuando entramos la Patty cerró la oficina y puso convenientemente el pie en la puerta para que nadie pudiese pasar ¡Grande mi chica!!!!

El facultativo revisó mi oído con el instrumento pertinente y como sólo hablaba chino se limitó a decir “Bu Hao” o sea la oreja estaba pestilentemente infectada, por lo que me mandaron a la sala contigua con otro médico a hacerme  un tratamiento X. Afuera de dicha sala también funcionaba el sistema de acecho hospitalario pero con una variante remarcable, todos mis competidores y los que salían del lugar lucían molda-dientes en las narices. Al parecer ese especialista por una insondable razón acupunturista, a paciente que entraba le clavaba un palito en cada fosa nasal. Eso naturalmente me puso nervioso y, por cierto, agradecí no haber tenido hora al proctólogo.

Finalmente, logramos entrar y como lo mío era oído me salvé de la perforación. Más aun, todo era muy moderno partiendo con que este doctor sí hablaba inglés y me pudo explicar que tenía un problema muy severo y que me aplicaría una profunda limpieza de oído. Me acosté en una camilla y con una máquina tipo “ecógrafo”  con video incluido, fue limpiando de porquerías todo mi canal auditivo. Me indicó en una receta los remedios que debía tomar y para finalizar me dijo que ahora me correspondía –como es natural-  mi sesión en la sala de láser.

La sala de laser es uno de los lugares más importantes de un hospital chino. Un reciento que fácil debe albergar unas cincuenta personas a cada una de las cuales se le asigna una máquina de tratamiento de led laser para auto-terapia. Me explico: el que tenía antes un molda-dientes en la nariz, ahora debía introducirse una especie de dedo pequeño rojo que le iluminaba la cara como si fuera un “espanta-cuco”. En mi caso, me correspondió ponerme el aparatito en el oído afectado. Fueron 30 minutos “laser-éandome” según la indicación médica. Nadie, pero nadie, se salvaba del penetrante rayo rojo, era de suyo elemental que después del otorrino venía el laser.

Tras esta experiencia,  he preguntado a algunos médicos chilenos y occidentales cuál es el sentido del auto-laser en el tratamiento otorrinolaringológico y me creen loco y  dicen que esto sólo ocurrió en mi imaginación. Lo paradojal es que muchas curiosidades de salud en estas tierras tienen que ver con el enfoque de la medicina china milenaria, pero claramente en la época de la dinastía Ming no existían estas lucecitas. Descartemos que el director del hospital pueda ser un maestro JEDI – por muy inter-planetario que parezca este país. Simplemente, no tiene sentido.

Para terminar me dieron los remedios en el mismo hospital a un precio muy barato. Por un lado me prescribieron antibióticos y por otro, medicina china; o sea hacen un mix de las dos corrientes terapéuticas. Las pastillas chinas son unas cafés con olor muy malo. Bilis de víbora, algas disecadas, plantas medicinales u otras muy comunes en sus compuestos. En esto yo soy exagerado y respetando mucho su rica cultura, no me tomo esas pastillas por nada.

Pues bien, más o menos me mejoré y sobreviví una vez más a mis circunstancias de expatriado en China.
 
 
Niño con moldadientes en la Nariz
 
Su servidor en la gloriosa sala de laser
 
 
 

lunes, 24 de marzo de 2014

Varados en Filipinas Parte 2


Volviendo al relato, le pregunté al guardia que podía hacer, tenía reserva de hotel en Boracay  y qué se hacía en estos casos. Me respondió que la poca capacidad hotelera del poblado estaba rebasada y que mejor fuera a hablar con una de las chicas  de un mesón de turismo local que se movían de un lado para otro, respondiendo mil preguntas y reclamos de la multitud. Ya eran como las 22:00 y veía cómo mucha gente se iba recostando en el suelo para pasar la noche en el hacinamiento total, maldije no haberle creído a las tipas de Kalibo y al menos habernos quedado en esa ciudad que era más poblada y no en esta que fuera del Jeti Port casi no existía. Pregunté a una de las muchachas que podía hacer “lo siento señor, la autoridad cerró el paso a Boracay, recién mañana se sabrá si lo vuelven a abrir”. Le pregunté si entonces efectivamente al otro día lo abrirían “lo siento señor, no lo sabemos pero el tifón golpearía por tres días”. TREEEEEEEESSSSSSS DIAAAAAASSSSS, durmiendo en la pinche estación de ferrys con un mísero baño que ya olía a chanchería. Quedé pálido, las postales de Internet de la paradisiaca Boracay se me derretían en la mente.

En esas circunstancias límites en los seres humanos afloran nuestras grandezas y miserias escondidas. Yo elegí la miseria, me volví un energúmeno, empecé a correr a la gente que se querían acercar a pedir información casi a codazos. Sin importar si iban con o sin guagua o fueran abuelitos con falta de insulina quería que nos solucionaran el problema sólo a nosotros. Le rogué a la muchacha que nos consiguiera un lugar al menos donde dormir, me debe haber visto cara de serial killer porque agarró una lista, tachó a alguien que por turno le correspondía y me dijo que esperara un momento que haría unas llamadas y buscaría por si a caso donde quedarnos. Al rato, el milagro,  volvió y nos dijo que había encontrado una pieza para quedarnos en el pueblo los cuatro pero que sólo era una pieza de dos camas y que si lo tomábamos debíamos acomodarnos donde sea. Miré hacia afuera y seguían llegando buses del aeropuerto de desafortunados turistas. El sitio estaba colapsado por todos lados. “Sí, acepto”.

La chica súper amable nos ayudó a salir del “campo de refugiados”,  nos paró un Tuk-Tuk (moto con carrocería colorida famosa en Asia) subimos las 4 maletas hasta en el techo del débil vehículo y nos subimos como fuera los cuatro más la niña colgando y nos fuimos al hotel. El Andrés, mi hijo de diez años que le gusta mucho la buena vida, cándido me preguntó “¿Cuántas estrellas tendrá nuestro hotel”? “Hijo, con suerte tendrá la punta de una estrella, hay que ir dispuesto a cualquier cosa”- le respondí.

Siendo ya como las 23:00 horas y luego de avanzar varias calles hacia dentro del pueblito, el Tuk-Tuk nos dejó en el “Candice Lucy Hotel”. Un modesto local de material ligero de dos pisos que en el primero albergaba una tienda de venta de arroz al por mayor y en el segundo, un mini hotel. Tenía apenas cuatro habitaciones y era atendido súper amablemente por los mismos del arroz. Nuestra expectativa era bastante baja, pero al abrir la puerta de la habitación estaba híper decente, con aire acondicionado, una ducha pequeñita, súper limpio todo, una tv hasta con cable e incluso Wi Fi. Grata sorpresa. Obvio que el espacio era pequeñísimo para los cuatro, pero como emergencia estaba inmejorable. Además costaba como USD 30 la noche. ¡Nada!!! Las personas de la “administración”, como toda la gente de Filipinas, nos atendieron de maravilla y nos hicieron unos improvisados sándwich para paliar el hecho que ni habíamos cenado.

De noche dormimos perfecto entre cama y colchonetas con la ilusión de poder partir a las verdaderas vacaciones en la mañana. Sin embargo al despertar, el problema se asomó por las ventanas, afuera el bendito tifón había llegado en plenitud.

Tomamos desayuno, o sea dado los recursos limitados del entorno lo mismo que la comida –y claramente ad eternum lo que degustaríamos si nos quedábamos más días-  y además aprendimos que Filipinas era un país con alta inflación; los sándwich habían subido bastante en relación a la noche anterior. Preguntamos a los muchachos arroceros si sabían algo de la apertura del puerto y nos dijeron que aun estaba cerrado y que el mal tiempo demoraría muchos días.

Nos duchamos y partimos con el Ale –mi hijo grande de catorce- con paraguas e impermeable a ver qué pasaba en el puerto. Aprovechamos de conocer con luz el pueblo y sus remarcables sitios de interés: dos calles modestas –no pobres- de estilo asiático, con harto Tuk Tuk multicolor,  mucho barro, tiendas de venta de pollo frito y nada, pero nada más. Al llegar esa mañana al Jeti Port habían arribado infinidad de nuevos buses, todo cada vez peor, el asunto logísticamente era un desastre. Entramos y me acerqué a preguntar al mesón de turismo, me dijeron que la autoridad marina daría un nuevo informe a las 14:00 pero que no se sabía nada.

Al volver pedimos almuerzos -más sándwich de lo mismo- que seguían afectados por la subida de los precios alocada de Caticlan. A esa altura ya no salían tan baratos. Al mismo tiempo los del hotel nos decían que el diluvio estilo Noé jamás amainaría, el puerto de ferrys se cerraría para siempre y que nos quedáramos mejor a vivir en su hotel. El machete al turista es una práctica universal.

Finalmente, antes de las 14:00 de milagro el tiempo mejoró y partimos presurosos al puerto, seguía lloviendo aunque suavemente. Comparado con el día anterior eran unas condiciones meteorológicas muchísimo más complicadas pero la marea humana no daba para precauciones había que despachar a los miles de extranjeros que ya multiplicaban por varias la población total del poblado y quizás la región completa. Nos apuramos para llegar al “Candice Lucy”, pagamos,  aplicar Tuk Tuk,  llegada al Jeti Port. Había una cola interminable para abordar. Cualquier bote servía para meter gente y sacarlos de Caticlan (poco menos que lanzaban con neumáticos a la gente al agua para que nadara) y tomamos un catamarán que en menos de 15 minutos nos dejó en Boracay.

Así concluyó nuestra aventura. A pesar de toda la lata, perder un día de hotel y lo poco agraciado del sector fue una experiencia notable y, con todo, nunca perdimos el ánimo y el buen humor.

jueves, 20 de febrero de 2014

Bangkok te tima


En noviembre del año pasado nos vino a visitar a Shenzhen mi amigo Julio aprovechando una gira de negocios a Asia a la que lo había comisionado su empresa. Desde Chile me había sugerido que lo acompañara por un par de noches a la capital de Tailandia ya que debía asistir a un evento comercial del Consulado. La invitación era atractiva, no debía pagar hotel y significaba más días para compartir con él,  además no conocía Bangkok, así que me sume entusiasmado.

Como siempre digo y repito no me las voy a dar de gran analista de la historia y realidad actual de Tailandia.  A penas estuve 3 días y con eso y hasta a veces un año uno no se hace una visión ni cercanamente realista de un lugar. Viví en Santiago de Chile 40 años y no creo que conocer bien la ciudad. Así que, quien haya visitado Bangkok y  crea que lo que diré es una burrada carente total de juicio podrá  estar muy en lo cierto.

Bangkok es una gran metrópolis de once millones de habitantes de un país que va en franco crecimiento a pesar de ser aún bastante pobre. Esta delineada por el rio navegable Chao Phraya que actúa como eje y vía de comunicación de los principales puntos de la ciudad. Como buena parte del sudeste asiático sus calles son boyantes  de gente que hormiguean en un caos mezclado de desastre vial,  TUK-TUK (moto taxis), olores frutales y a especias, comercio, colores y altas temperaturas. Para mi gusto personal, esto que para muchos podría ser desagradable y antiestético a mí me es muy atractivo y me hace feliz. Si a lo anterior le sumamos los masajes Thai –hay mil SPA por metro cuadrado- y la deliciosa y económica comida Tailandesa se me hizo un muy buen lugar para visitar y hasta para vivir.

Pasando a la parte más anecdótica Julio arrendó el mismo hotel donde se hizo la película Hang over esto es el “Hotel Lebua” al entrar a hacer el check in nos atendieron magníficamente y hasta excesivamente ceremoniosos como habitualmente ocurre en este país. Dado que la habitación aun no estaba lista una amable chica nos invito a que fuéramos al bar del hotel a tomar unos jugos, como a pasar el rato. Ella misma tomó la orden y nosotros elegimos dos deliciosos sumos de mango. Y así confiados en el buen juicio universal disfrutamos la espera con el sabor exprimido de la fruta tropical,  hasta que otra chica sonriente y sumisa en un recipiente como un pequeño cofre de fina madera, que perfectamente  pudiese haber contenido  las perlas reales, nos fue revelada la cuenta. Sesenta dólares total, 15 mil pesos chilenos cada jugo. Quedamos frutalmente impactados. Además fue toda una revelación de lo que me esperaba.

Al día siguiente mi amigo tenía diversas reuniones de trabajo y yo mi único día para conocer la urbe así que busqué en internet y concluí que el mejor lugar posible para recorrer en un día era el magnífico Palacio Real. Averigüe bien, Para llegar allá debía tomar un ferry en la parada que estaba cerca del hotel y bajarme en la estación de Tha Chang. Todos los avisos en internet decían muy insistententes y repetidamente que no había que tomar atención a nadie que viniera con cuentos, que existían muchos timadores, que cuidado con ello, etc. También explicaba que había que comprar el boleto en el mesón oficial de ticket de Ferrys. O sea iba atento, preparado, precavido y alerta.

Pues así me fui caminando rumbo a la aventura. Logré dar con la estación de Ferry busque la boletería oficial y ahí comenzaron los problemas, no existía, solo había mucha gente en unos mesones con unos mapas desplegados que ofrecían tickets. Me acerque a lo que me pareció más serio. Me fui a tomar el ferry pero para mi sorpresa en vez de ello me subieron a una lancha con un par de gringos. Yo en mi inexistente tailandes les decía “To Tha Chang” … “yes Ta Chang Ta Chang” me respondió el capitan. Y así partió la embarcación ligera, anduvo como 20 minutos. De pronto paró en un embarcadero que tenía un letrero que no decía Ta Chang sino otra extraña cacofonía tailandesa “mufu”,” tanchuck”,  “chunggkang” o lo que sea ya no recuerdo. El capitán del barco me ordena que descienda y yo confundido le digo “Ta chang???”  y el sonriente y convencido me dice “yaaaaa Ta Chang”.  Sin entender mucho las indescifrables razones de porque en Tailandia los lugares no llevan el nombre de cómo se llaman realmente me bajé.  Y nada… me habían dejado dos estaciones más allá y me tomo 40 minutos de caminata llegar al bendito lugar. O sea entendiendo después no me vendieron el ferry sino un viaje en bote que valía 3 veces más. Los otros gringos habían arrendado el adminiculo y de llapa me subieron a mí que iba lo que para su criterio es cerca o  sea 10km a la redonda y fui arrojado donde se les ocurrió.

Luego de vuelta del hermoso palacio –hablar de lo bien que lo pasé es muy aburrido- fui a la finalmente existente y cercana estación de Ta Chang. El calor de Bangkok es pesadísimo tenía todas las ropas mojadas de sudor y se me antojó tomar un rico jugo de mango. Estaba lleno de puestecitos de fruta y jugos pero elegí con espíritu bondadoso el de una humilde ancianita que tenía unas botellitas llamativamente marcadas por ejemplo a 10 bath –ya no me acuerdo los precios reales- . Pagué y la señora me cobró 30, le pregunto porque si dice 10 y me muestra que 10 vale comprar un mango no un jugo, yo le muestro que tiene marcado el jugo a 10 y ya dice que yo estaba mirando en lo que había delante del precio y no atrás. Luego me da un envase mucho más chico al que yo asumía que era de 10 bath y que se transformó en 30. Ya a esa altura quería puro hidratarme y acepté que el envase fuera más chico. Pero además me dio un contenido que no tenía el color amarillo pastoso del mango. Le pregunto si era mango realmente y me dice otra vez con esa sonrisa amable y arácnida del tipo de la lancha “yes yes mango”. No era mango era jugo de naranja.  Tailandia tres Johny cero.

Al otro día tenía la mañana para dar el último paseo y decidí simplemente irme a caminar calles arriba. Un policía vio que era extranjero y se me acerco a preguntarme el “where are you from” y me empezó a vender algo raro y a dar datos de donde debía ir. Luego cuadras más allá llegué a un barrio chino y un señor en silla de ruedas me empezó a meter conversa y a ofrecerme ir con unas chicas no sé donde a comprar no se qué. Era como que en cada esquina todo el mundo desde abuelitas, tullidos y hasta el gato de la esquina te quería embaucar si tenías los ojos más redondos. Di medio vuelta y me fue al hotel.

Conclusión, interesante Bangkok pero no es para inocentes.
 
PD: En la foto Julio con la panorámica de Bangkok detrás.
 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Dormir Tranquilo


Tengo un conocido que es comprador de una importante empresa de tecnología. Él tiene un cargo de alto nivel relacionado directamente con las fábricas chinas y, por tanto, se maneja habitualmente con los proveedores, un área en la que tiene mucha experiencia.

Íbamos hace unos días compartiendo un taxi rumbo a la zona industrial de Baoan, cuando le estaba comentando que yo me sentía cómodo negociando con los chinos, que en general tenía una buena impresión de ellos a pesar de los miles de problemas que siempre se generaba, pero que, en general, me parecía que eran personas bastante más correctas que muchos latinoamericanos y que, además, solía tener una relación amable y amistosa con ellos.

Cuando llegué a ese punto me miró y me dijo: “mira, los chinos casi como raza siempre te tratarán de fregar y si están contentos contigo es porque seguro ya te están tirando a partir.  Uno de mis colegas negocia tan despiadadamente que se los trata siempre de joder y lo lo odian a tal punto que me han llamado algunos para saber si está en China para pegarle. O sea, si te odian estás haciendo un buen trabajo”.

Estas palabras me han rondado en la cabeza toda esta semana. Yo llevo diez años trabajando con China, con fábricas y proveedores  y si bien no ha sido fácil y tengo mil historias de situaciones tremendamente complicadas, he podido vivir, alimentar a mi familia y desarrollarme en gran parte gracias a la relación comercial con ellos y a la cooperación mutua. En la empresa, tengo una red profesional china que me apoya y en la que confío, mi asistente, mi forwarder... y además, tenemos amigos chinos de todo este tiempo.

Mi concepto es que los negocios deben ser colaborativos. En otras palabras, donde todos ganemos: ojalá gané bien yo, el proveedor, el importador en Chile e incluso que el usuario final que compra el producto quede contento. En este mismo sentido, lo ideal es hacer un buen equipo con el proveedor de manera de tener una buena relación de largo plazo, que el trabajo salga fluido y que crezcamos juntos.

La visión del negocio como una "guerra a muerte" me es reñida con la ética y con mi personalidad. Ya vivir de una actividad comercial es un tanto "frío", pero si además a eso le sumara el hecho que para hacer bien mi labor, un conjunto de gente me debe odiar al punto que me quieran pegar y que mi objetivo sea liquidar a la fábrica, estrujarlos a más no poder, ¿qué sentido tiene el trabajo y la vida? Eso simplemente es ser un “caradura” un “winner”, un tipo cuya actuación se orienta en vista de su propio beneficio a perjudicar a los demás.

El día que perciba que mi personalidad y mi moral no son adecuadas para esta “guerra“, creo que colgaré mi uniforme y me dedicaré a la "vida civil".

Toda esta visión de mucha gente respecto a los chinos me tiene cansado. Especialmente de nosotros los latinos que, por favor, de dónde sacamos (“los tarros con más duraznos”, como decimos en Chile) que somos mejores que ellos. He escuchado desde que son hediondos, cochinos, traicioneros, tránsfugas, fríos, interesados, poco sinceros, manipuladores, sub-humanos y mil cosas más. Sin duda, hay una cierta dosis de racismo solapada o no en todo ello.

Es verdad que el tema cultural acá es sumamente difícil y a nivel de negocios, más aun. Hay ciertos patrones de desprolijidad y responsabilidad que son muy difíciles de conseguir y son desgastantes; las empresas tratan de sacar ventaja de cosas mínimas y cuando hay problemas asumen muy poco.  Te dicen una cosa y a los cinco minutos, la cambian. Pero como en todo, hay gente que es muy comprometida y cumplidora que nunca te falla. Además, la experiencia te va entregando las armas para lidiar con ello, adelantarte y saber atajar a tiempo muchos problemas.

En general los chinos son personas honestas. Es muy difícil, casi imposible que te estafen o te roben  -hagan la comparación con América Latina- y son un pueblo que admiro mucho en la manera que han salido adelante en su difícil y dura historia. No soy "chinofilo" ni mucho menos, ni todo me parece bien. Pero acá sobran los ejemplos para sacarse el sombrero por ellos, por su disciplina, capacidad de aprendizaje y entereza.

Que me miren con cara de “pobrecito ingenuo”. No quiero alardear, ni tengo muchas razones para ello,  pero no me ha ido mal y mantengo mis convicciones. Así que digan lo que digan, estoy agradecido de poder trabajar en esta tierra, darle sustento a mi familia, tener una buena relación con mi entorno profesional y, sobre todo, poder dormir tranquilo sin la sensación de que perjudiqué a nadie y nadie me quiere liquidar.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Las Sorpresas de la Comida China


La comida es uno de los grandes temas de vivir en este país,  Y es de hecho uno de los aspectos en que más nos diferenciamos de los chinos al punto que pareciera –como ya lo he dicho en otras ocasiones- que o ellos o nosotros fuéramos extraterrestres.

Partamos con que consideran que los alimentos contienen ciertos elementos de la naturaleza como fuego, frío, humedad, etc. Las carnes, frituras y algunas frutas como Lichi contienen fuego, el pepino y varias verduras tienen frio y los alimentos congelados humedad. Entonces en absoluta coherencia con la medicina china se cuidan de no comer cosas con mucho fuego, o mezclarlos con frio para aplacar dicho calor y otra serie de combinaciones.  Hay de hecho populares brebajes y medicinas especiales para bajar los efectos del fuego. Esto que en nuestro planeta occidental parece algo un poco alternativo de señoras que sacan el Tarot, en China se toma de la más manera más seria. Los médicos, farmacias y todo el sistema de salud giran en torno a estos principios. Yo soy fanático del lichi (es un fruto pequeño dulce de pulpa transparente), me puedo comer un balde completo y ya me ha pasado con algunos amigos chinos que cuando me ven en ello ponen ojos de huevo frito,  creen poco menos que moriré en el acto al ingerir niveles de fuego tan alto. Y su explicación para no irme directo al ataúd es que los chinos y los laowais simplemente tenemos organismos diferentes, casi suscribiendo la tesis de que uno de los dos somos marcianos.

Luego está el tema del sabor. Y dejemos algo claro para los que no han visitado este país. Salvo por los palitos chinos y porque es trozada la comida china que se vende en nuestros países no tiene NADA QUE VER con la verdadera comida de estas tierras. Y lo puse en mayúsculas porque Nada es Nada.  La comida tailandesa siendo exótica se acerca a nuestros sabores, la japonesa y coreana también pero la China ni cerca.

Nótese que es un tema de lo más subjetivo, que sólo estoy dando mi opinión representativa  de la mayoría y a la vez reducida gente que conozco. Tampoco me quiero meter en problemas gastronómicos, acá no hay un tipo de cocina sino que cada región tiene la suya. Por ejemplo la provincia sureña de Guandong donde vivo es más cargada al arroz y el norte más a los fideos por decir algo muy simplón. Pero a mis ojos inexpertos todas son más o menos parecidas, muy aceitosas –mucho aceite de maní- , pesadas, cargadas al picante, de sabor curioso y sobre todo muy misteriosa.

Los chinos comen una variedad de carnes mucho más extensa que nosotros lo que a veces  incluye serpientes, anguilas, cocodrilos, perro y algunos insectos como escorpiones, gusanos, u otros. Tienen la famosa frase que  comen "todo lo que se mueve"  hasta caballitos de mar he encontrado exhibidos en una carta de un restaurant de Guangzhou a pesar que están en peligro de extinsión. Podemos decir que lo que en occidente sería un hermoso acuario turístico lleno de pececitos,  tiburones y especies exóticas en China podría ser perfectamente  un restaurant.

 Luego no tienen el concepto de los cortes de las carnes,  no se toma en consideración en el pollo si es pechuga, trutro, pico o trasero se troza lo que venga a la suerte y se prepara. Lo mismo para el vacuno cerdo y  demases. También en este sentido no se pierde casi nada del animal todo se come lo que sin duda se vincula a los no lejanos años de pobreza y hambruna que vivió este país. Por ejemplo las patas de pollo se venden como si fueran papas fritas y la gente las consume en cualquier parte como una delicia. Alguna vez tuve una reunión con una vendedora que me invitó a almorzar y se puso a comer patitas de pollo como entremés. Cuando les agarraba con los dientes el cartílago hacía un ruido chirriante que ni me quiero acordar.

Pero quizás lo más notable es el tema de las cabezas. Los platos de carnes siempre llevan incluida y muy destacada la cabeza del animal. La comida te mira en China y es difícil sacarle la vista, cabezas de cerdo, gallina y el bicho que sea  quedan paraditos en el plato atravesándote con sus ojos y clamando por justicia.

Pero para mí la prueba suprema de que pareciera que nuestras papilas gustativas son redondas y las de ellos cuadradas es que LOS CHINOS NO COMEN CHOCOLATE. A duras penas cuando veo un delicioso chocolate puesto arriba de una mesa me puedo aguantar la tentación de no devorármelo completo sin convidarle a nadie ni a mis hijos siquiera. Y creo que a la mayoría de los mortales nos pasa lo mismo. Pero para los chinos es bien indiferente, lo encuentran molestamente dulce. Los niños más pequeños han ido adquiriendo este gusto pero muy poco.

Luego un poco más lateral está el tema de la distribución de la mesa. En una reunión familiar o de empresa hay todo un ritual de donde se debe sentar el jefe de familia, director de compañía, líder del partido o cualquier macho alfa.  
 
Esto debe ser mirando al este y en frente de la puerta, y todos los demás súbditos se deben colocar en relación a la ubicación de él. A su lado deben estar los segundos de mando, luego los de rango medio y así hasta los empleados comunes en una pirámide descendente. En las familias sería desde los abuelos paternos, padres, tíos, hijos e hijas, primos etc.

Al respecto me provoca mucha diversión la historia de mi amigo mexicano Alex que dirige una compañía en Shenzhen y que varias veces por protocolo debe participar en  la comida y las fiestas de su empresa. Pues bien el detesta que el aire acondicionado le llegue a la espalda así que siempre elige ubicarse en la mesa lo más lejos posible de este. Pues cuando se para y cambia de puesto genera un gran sentimiento de alboroto y vacío existencial en sus empleados que se miran entre ellos no entienden como recorcholis sentarse y donde ya que el gran jefe no está en frente a puerta.

Otro mundo es el de los restaurantes pero eso lo dejaré para el próximo post.
 
 
 
Publicidad de Platos de serpiente y Tortuga de un restaurant.

Carta de Restaurant de Guanzhou donde ofrecen Caballito de Mar y Escorpión.
 
 
De fondo cartel de restaurant donde muestra como sirven el pollo cocido con cabeza y todo.

domingo, 21 de julio de 2013

¿La Democracia es un Valor Universal?... No Para Todos


Al revisar hace unos meses en los diarios la noticia de la muerte del dictador Videla en Argentina y la caída de Mursi en Egipto me comienzan curiosamente a generar líneas relacionales con nuestra vida en China.

 Acá como he contado tenemos muchos amigos latinos que son parte de una comunidad numerosa.

En varias oportunidades con varios de ellos he tenido conversaciones relacionadas con el gobierno y el sistema chino. "No juzgo que sea buena o mala la censura, pero acá mantiene a la gente y sobre todo a los jóvenes con un comportamiento moral que envidio para mi país"; "acá, la gente está mucho mejor que en mi país, el país progresa, de qué sirven las elecciones si los políticos se roban todo"; "para qué sirve Internet libre si está lleno de pornografía"; "ojalá, en mi país los jóvenes se dedicaran a estudiar como en China  y no al libertinaje sexual y a las drogas y no respetar la autoridad"; "¿te imaginas el caos si todos los chinos votaran?"

Todo esto me es coherente también con lo que escucho cuando viajo por América Latina y converso con el taxista o la gente en la calle. Frases como "aquí nos hace falta un Pinochet"; "lo mejor sería que volvieran los militares"; "de qué sirven las elecciones si se roban todo". Una vez me puse a discutir con un taxista en Buenos Aires que decía justamente que era mejor Argentina con los militares -como Videla- porque había orden. Yo le recordé los asesinatos, robos de bebes, tortura y todas las atrocidades de esa dictadura, y solo logré llegar a la conclusión que de las peores ideas posibles en el mundo es ponerse a discutir con un taxista en Argentina, simplemente imposible, por más barbaridades que diga.

Y es que a pesar de todo lo que los chilenos criticamos y "pelamos" a nuestro país, sus numerosas deficiencias, a los políticos, la Constitución, etc. en Chile siempre ha habido un "algo" distinto al respecto. Siempre ha sido un país con un sentido y una estructura republicana y con una ciudadanía que se enriela en ella y la valora. 

Y eso es producto de la historia, mientras en el siglo XIX y buena parte del XX América Latina se desangraba en caudillismos y guerras civiles, el Chile recién nacido y el que siguió tenía un sistema constitucional e institucional que perduró modificado y todo hasta 1973. Con breves interrupciones hasta los días oscuros de Pinochet las autoridades eran elegidas en democracia. El mismo partido comunista chileno - en esencia ideológica revolucionario - en nuestro país ha sido y contribuido con coaliciones y hasta en momentos críticos como en la Unidad Popular, parte y garante de la institucionalidad. En vez de guerrillas, Chile es el primer país que eligió a un presidente marxista, Salvador Allende, en elecciones abiertas. Y hasta la dictadura de Pinochet selló su suerte con una Constitución y un plebiscito que le terminaron jugando en contra.

Esto a diferencia de lo que muchos pesimistas creen no es algo que valga nada o "callampa" . Es algo que hace muchas diferencias a la hora de entender el porqué con todos los bemoles hay un buen contexto de desarrollo y a ojos extranjeros sobre todo hoy somos un país diferente en el ámbito de nuestras naciones hermanas. Ese sentido republicano y de una cierta disciplina marca la diferencia y de veras no lo digo en nada de chovinismo alguno.

En cambio,  en la vecindad de América Latina no es raro encontrarse con una valoración distinta, porque en sus naciones normalmente la democracia ha sido una mascarada vacía, interrumpida o sin contexto ni fondo. La mayoría de las naciones no han tenido estructuras de partidos sólidos con alternancia en el poder. Efectivamente, la corrupción ha capturado muchos estados y "da lo mismo el que gane porque va  a robar igual". Lo interesante y que no habíamos tomado conciencia es que eso -la democracia- que para nosotros es un valor metido y asumido en la sangre, para muchos extranjeros no, es algo mucho más difuso y antecedido de otras cuestiones primarias como "la seguridad"  la "tranquilidad" y el "orden". Varios dicen estar felices en China por eso mismo y amando su tierra prefieren con mucho vivir acá en China porque se sienten mucho más confiados y seguros sobre todo para el desarrollo y la vida de sus hijos y claro que es comprensible.

Entonces la "democracia" nacida en la vieja Atenas, que tanto nos machacaron en el colegio como si fuera un logro del mundo entero, no está ni cercano a ser un valor universal si ni siquiera lo es claro en Latinoamérica que queda para el resto del mundo, muchos árabes de hecho dicen que la democracia no es para ellos. A Cuantos les importaran las elecciones en África, medio oriente, Rusia, las ex repúblicas soviéticas y buena parte de Asia?. 

lunes, 29 de abril de 2013

La Gran Carrera


Nuestro  buen amigo mexicano Alex, director de la filial en Shenzhen de una importante compañía de accesorios eléctricos nos contó un cuento-fábula que grafica la noción de competencia que existe en China.

“Si pones a un chino a pelear con un japonés gana holgado el chino que es más agresivo y acostumbrado a luchar. Pero si pones a dos japoneses y a dos chinos, triunfan por lejos los japoneses que tienen mentalidad colectiva y saben trabajar en equipo, en cambio los chinos sentirán la amenaza entre ellos mismos y antes de atacar a los japoneses se van a tratar de matar entre ellos”.

En su visión, los chinos desde que nacen están mirando la cuna del  lado, observando a su alrededor a los otros recién nacidos y evaluando cómo vamos en la carrera.  Alex, que experiencia no le falta con sus trabajadores y ejecutivos, dice:  “el ADN de los chinos de hoy es pura, fuerte y dura competencia”.

Efectivamente, en mi propia experiencia he podido comprobar esta premisa. Los chinos laboralmente se tratan con profunda desconfianza cuando perciben que ambos son “players” de un juego similar. Alguna vez me ha tocado inocentemente presentar a dos empresarios chinos amigos y se dan entre ellos un saludo de hielo y se miran como si fueran boxeadores.  

Esto se puede  vincular directamente con la educación y la actitud que tiene la sociedad hacia ella. El sistema escolar y universitario chino no es inclusivo, ni nada cercano a la teoría psicológica humanista que tanto ha  influido a Occidente. Acá el profesor es un dios, los alumnos escuchan y aprenden. No hay espacio para la disidencia y menos para la rebeldía adolescente, ni los desordenados. Para nosotros es de locos, pero acá los alumnos en clases se portan bien. La escuela es estudio y a presión. ¿El por qué? Primero, por factores culturales e históricos de una sociedad en esencia verticalista que sería largo detallar, pero más simplemente porque sólo los mejores acceden a entrar a la universidad. Y más aún, sólo los excelentes logran entrar a las mejores universidades y carreras. Por tanto no hay posibilidad amagues o dudas. El estudio marcará para siempre el futuro y estatus del muchacho y no sólo de él sino también de su familia.

Qué diferente a la educación en crisis de Occidente y de Chile, en particular, donde los colegios a veces parecen navegar a la deriva; los profesores llenos de dudas morales y metodológicas,  los alumnos queriendo hacer la “cimarra” o “capear clases”, y donde muchas veces  la enseñanza y el aprendizaje pasan a un segundo plano ante lo social. La frase tan manida de muchos apoderados en Chile respecto a la escuela “primero me interesa que mi hijo sea feliz en el colegio”, en este país sería de verdad motivo de carcajada con las manos en el estómago.

Con esto no estoy haciendo un juicio favorable, ni mucho menos alabando al sistema chino. Para nada. La cuestión de la híper exigencia es bien brutal. Muchos padres llevan a sus hijos sábados y domingos a clases extras al colegio o a institutos de inglés o entrenamientos deportivos de élite. El tiempo libre, compartir en familia u otros, tiene una valoración menor en esta gran carrera.

En este mismo sentido y en todos los niveles etarios cualquier tarea, ocupación, deporte o hobbies está enfocado a la competencia. Cuando llegué con mis hijos a este país los puse en clases de fútbol donde había otros niños latinos. Y me sorprendió que no existía la idea de “llevar al niño para que hiciera deporte y se distrajera”, nada, acá las clases son para ganar. Lleno de torneos competencias, prácticas dos o tres veces por semana como si se jugara cada renacuajo la copa del mundo. Yo mismo  me inscribí en clases de Taichi para hacer una actividad que me relaje. A la segunda clase me pasaron CD con video y libros y a estudiar. No se trata de distenderse.

Incluso el amor es secundario. Son escasos o más solapados los noviazgos o pololeos adolescentes, pues se consideran como pérdida de tiempo y distracción del rigor académico y los resultados que requiere esa edad.

A nivel laboral, obviamente todo va en el mismo sentido. El sistema promueve largas jornadas de trabajo, sábados y domingos son si se puede para trabajar. Y, a diferencia de lo que creemos, es más auto-explotación que explotación. Trabajar, producir, rendir es la forma de vida. Muchas veces les he preguntado a conocidos chinos que hacen en su tiempo libre. Y me miran con cara entre disculpa y de qué me habla este extraterrestre.

Es común que la gente abandone por largas jornadas a sus hijos e incluso su familia nuclear por el trabajo. He podido conocer de primera mano cómo algunas mujeres mandan a sus hijos de pocos meses a vivir con sus madres a otra ciudad o a su home town porque no tienen tiempo para cuidarlos. O bien, hombres que simplemente se van a vivir solos lejos de los suyos porque encontraron un nuevo empleo; e incluso un conocido chino con su esposa que hace más de un mes que no pasan algunas horas con su único hijo porque tienen que echar a andar su fábrica que está en plena producción.

Aunque poco a poco  -y en honor a la verdad - esto está empezando a cambiar y, a pesar que la curva del hastío y la salud está llevando a la clase media más acomodada a mirar con más simpatía el tiempo libre y las vacaciones,  acá se sigue viviendo en vértigo permanente.

martes, 9 de abril de 2013

Face to face


Tiempo atrás a un proveedor amigo  le pedí que enviara unos productos a las bodegas de otra fábrica para consolidar (juntar) una carga, cuestión de logística habitual este tipo de trabajo. Yo le hablaba, chateando por Skype,  sobre esta materia totalmente despreocupado y sin tomar especial atención a mis palabras ya que era un tema de rutina. Me dijo que prefería que fuera el otro proveedor quien le mandara la mercancía a sus bodegas, situación que no me convenía. Le insistí que no, que debía ser tal como lo había establecido desde un principio. Entonces, argumentó que me saldría caro por el transporte, que su propuesta era más barata y otros mil argumentos circulares y sin sentido. Confirmé dicho precio con la fábrica número dos y no era verdad lo del valor más alto. Por lo tanto, de nuevo me negué. Ya me estaba pareciendo rara la cosa. Y siguió en la misma hasta que, al final se sinceró; no quería enviar la mercadería para allá porque creía que ese proveedor era una amenaza para él y le podía copiar sus productos.  Y he ahí que yo  - ignorante de mi contexto -  le digo “pero si opinas eso ¿por qué la otra fábrica no puede creer que tú también les copiarás a ellos?” Shazzzz!!!!  Ardió Troya, quedó la grande.  Se volvió loco de furia: …Que era una “insolencia”, que como le decía eso, que qué me creía, que no seguiría hablando conmigo, que era un desleal y un largo etcétera de epítetos.

Tuve que parar de hacer mis cosas y reaccionar sacudiendo la cabeza… ¿Qué  le había pasado a este chino? - me pregunté-  ¿qué dije de malo?  Leí y releí el chat y no hallaba mi insolencia. Luego, tuve la mala ocurrencia de llamarlo por teléfono y,  por primera vez en la vida, fui gritoneado y vapuleado por un proveedor que estaba hecho un energúmeno, aludiendo a que yo le había dicho palabras terriblemente hirientes, que cómo le decía que el copiaba productos  y todo el rosario de nuevo.

Pues bien, sin saberlo le había quitado el “Face” a un chino.

Nuevamente, por favor no me tomen como experto antropólogo, ni mucho menos, trataré como simple mortal que vive en estas tierras de explicar y ejemplificar a qué se refiere esto del “Face” que es un asunto bien jodido en las culturas orientales, especialmente en China.

Los chinos son extremadamente preocupados de su imagen pública. Es muy importante para ellos que la gente los aprecie como rectos, justos, honorables y, por sobre todo, exitosos. Pero es mucho más importante en esto la cáscara que el contenido, o sea el factor que “se aprecie”. Una latina conocida nuestra que es profesora de una escuela básica bilingüe en Shenzhen nos contaba que para los padres era vital que dichas escuelas tuvieran presentaciones o sea actos de los niños. En ellos, los pequeños mostraban al público como dominaban el inglés, recitaban hasta diez o sabían los colores. Pero en otros aspectos de su educación harto más centrales en que se les pedía colaboración para acompañar el aprendizaje eran por lo común, indiferentes.  Lo importante era mostrar que su hijo sabe, mucho más que si sabe de verdad.

Otra amiga, también profesora de un colegio chino pero de currículum inglés con maestros todos extranjeros,  nos contaba que como en todo grupo de niños a veces se producen peleas y conflictos entre ellos.  Entonces acostumbran llamar a los padres para tratar el conflicto de sus hijos y de esta manera solucionarlo desde el hogar o poder conversarlo entre adultos. Pero en un número importante de los casos los apoderados  piden, por favor, no ser enfrentados con los otros ni asistir al colegio porque afecta su “face” y el de su familia. Piden que por último, se sancione con severidad a sus hijos pero no ser evidenciados ante nadie por la posible “falta”.

Por “Face” ha habido  asesinatos de maridos y novios despechados, peleas varias y conflictos de a montones. Es también la razón por la cual un subalterno debe tener claro como dirigirse a su jefe y un pariente menor, al jefe de familia. Se pueden afectar “Face” personales, familiares o corporativos.
Entonces para definirlo el “face” es una mezcla entre el honor, la autoridad de una persona pero, por sobre todo, su imagen ante los demás. Por ello mucho más importante que cometer una falta moral es que se comente que alguien la cometió lo que se traduce en una pérdida de “face” que es algo gravísimo para muchos chinos, más aún si tienen algún nivel jerárquico en sus empresas, familias, gobierno o el escalafón que sea.

Mentir, por ejemplo, en cierto contexto evasivo no es interpretado como grave incluso puede ser muy conveniente y aceptado socialmente para evitar una pérdida de “face” propio o para impedir que la persona a la cual se le ha mentido se vea enfrentado a una verdad o situación que afecte su propia imagen. Pero ser develado en la mentira, llamado e identificado como mentiroso, es altamente ofensivo.
Llevado entonces al ejemplo con mi proveedor  chino, el problema no era que el pudiera copiar los productos de la competencia, de hecho muchas veces tuvimos reuniones casi completas en que nos dedicamos a analizar a la competencia y ver cómo le copiábamos sus productos, el problema es que despreocupadamente con mis palabras le cuestioné que podía ser  un copión. Si eso mismo hubiese ocurrido en una sala donde estuviesen además sus trabajadores escuchando, capaz que hubiese agarrado una espada y me parte en dos porque hubiese amenazado masivamente su “face” ante quienes directamente debe resguardarlo.

Por eso mismo,los chinos se andan cuidando de “pisarse los callos” todo el tiempo y son tremendamente indirectos, redundantes e imprecisos para plantear cualquier cosa. Nunca te criticarán directo, ni negaran claramente algo que para ti es importante, te lo harán saber de alguna forma que no dañe tu propio “Face”.
Como ven (ufff!!!) no es fácil por acá el “face to face”….

sábado, 23 de marzo de 2013

El puzzle de cómo llamarte en China


De las primeras cuestiones curiosas cuando se empieza a contactar por negocios a las empresas chinas es que cuando te contestan un mail, te responde George, Mandy, Frank, Daniel, Nancy o cualquier anglosajón.  De buenas a primeras, se puede creer que entre su staff hay trabajando extranjeros con esos nombres. Pero no es así son completamente chinos.

Más aún, si la empresa a contactada es una filial española en China te atenderá una Mónica, un Jorge, una María, etc. Y si es rusa, un Dimitri o Martina y si es jerigonsia un Juanlepedepe . Y es que los chinos se ponen nombres de acuerdo al lugar donde trabajan y el público al que atienden.

Esto parece a primera vista ridículo y es fácilmente interpretable como que sigue la tendencia imitativa de los últimos años de este pueblo que en su búsqueda de estatus tiende a copiar todo lo occidental: la ropa, la comida, y hasta celebrar Navidad y Halloween. Sin embargo, el tema es harto más complejo y conlleva varias razones bastante atendibles.

Para empezar hay una muy simple y evidente, el país está empeñado como objetivo nacional en ser bilingüe. En las escuelas básicas, secundarias y qué decir universitarias se estudia fuerte Inglés y es allí donde, desde pequeños, los alumnos o sus profesores elijen el nombre anglo del niño o la niña. De suerte entonces que las generaciones jóvenes de chinos tienen siempre un nombre en chino y otro, en inglés.

Lo segundo es que los nombres chinos suelen sonarnos muy simples, de una sola silaba y, por tanto para nosotros, difícil de recordar y distinguir entre Li, Xi, Ni, Yu u otros. Por ello, a nivel comercial usan su denominación en Inglés u otro idioma para hacernos más fácil la vida y la comunicación a los extranjeros que somos los que, finalmente, les compramos en el mundo globalizado.

Como ya llevo en China más de un año, me llamó la atención que cuando mi asistente china llamada Lucia -ella se eligió este nombre español por trabajar en una empresa con contacto con latinoamericanos- hablaba en chino con proveedores o con otras personas relacionadas con el trabajo, ella los llamaba por sus nombres en inglés y ellos a ella la llamaban Lucía. Ahí se me enredó la cosa ¿Por qué si estaban hablando en chino no usaban sus nombres chinos? Ellos no se iban a enredar ni a confundir como nosotros. Pues bien, en ese momento descubrí la razón más poderosa para cambiarse de nombre que es una cuestión social de pesadilla.

Los chinos, su cultura -y por favor no me tomen como experto es sólo mi superficial conocimiento-tienen una forma totalmente indirecta de actuar y de comunicarse. Nada es claro, todo es interpretable, los modos, los actos y hasta un simple saludo puede ser un asunto muy delicado entre ellos si no se hace de determinada manera. Los usos, las formas, las palabras, todo debe ser manejado de una manera tal que no parezca lo que es pero que, finalmente, se entienda. Realmente es un asunto tremendo en sí que da para mil páginas y que espero irlo contando en otros escritos.

Esto llevado a los nombres y a la forma de llamarse y referirse a alguien se convierte en una gran complicación. Primero, los amigos no se hablan por sus nombres sino por sus apellidos, sólo los muy pero requete muy cercanos como novios o novias pueden llamarte por tu nombre de pila y, normalmente, acompañado de una expresión cariñosa algo así como si tu nombre es Li, te dicen A Li. O si son cercanos, conocidos, pero no amigos, pueden decirte Pequeño Wang, (Xiao Wang). Pero normalmente si son sólo conocidos, pero no cercanos, deben nombrarte por tu apellido y decirte señor o señorita Wang. Y esto es sólo un caso simple. Los abuelos tienen nombres diferentes de acuerdo a si son de la familia del padre y por tanto de rango más alto o de la madre. Los abuelos paternos son yeyé (masculino) y nainai (femenino) y de la madre waigong y Waipo y en este caso en la denominación materna el significado es que no son de la familia directa porque se asume que la madre esposa pertenece a la familia del padre esposo cuando se casan.

Los hermanos hombres son Gege (hermano mayor) y Didi (hermano menor) y la hermana mayor es Yeye y Meimei, la menor, con un largo rango de expresiones para hermanos del medio. Los tíos, tías y primos tienen un abanico de denominaciones indirectas dependiendo si son de familia paterna o materna y del puesto y rango que ocupan en la familia.

Una mujer en la calle se le podría decir Xiaozhe que significa señorita, pero en el sur de China (donde vivimos) si no se usa primero su apellido o sea por ejemplo Wang Xiaozhe se entiende que se le está diciendo prostituta. Y si está casada se le debe llamar por el apellido del marido acompañado de la expresión taitai que designa a mujer casada perteneciente a un hombre. Lo de prostituta o prostitución es un cuento bien obsesivo en sí, hay miles de palabras y formas que pueden ser malinterpretadas como tales.

En el trabajo, jefes y jefas tienen expresiones distintas y siempre se les debe tratar por el rango y nunca por su nombre real, lo mismo los colegas, nadie se puede salir del protocolo y llamarse por el nombre de pila porque es una ofensa seria.

Me cuenta Lucía que esto del “llamarse” es un “zapato chino”  para los mismos chinos que muchas veces no saben si quiera como decirse entre ellos, denominar al vecino, o entrar a un trabajo y referirse a sus compañeros.

Entonces, volviendo al hilo del asunto es común que se llamen por sus nombres comerciales o en inglés porque los iguala socialmente y les viene a solucionar la tremenda madeja de cómo hablarse los unos a los otros sin pasar a llevar a nadie y que no se malentienda.

¿Se entiende?