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jueves, 1 de mayo de 2014

Tropiezos en Beijing


 
Beijing es una ciudad muy interesante desde el punto de vista que se la quiera mirar: político, cultural, artístico, turístico etc. La plaza Tian An Men, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, la Gran Muralla China  son algunos de sus tantos atractivos imperdibles y notables. Vale con creces la pena visitarla y re- visitarla. Yo he ido tres veces y siempre me quedo con gusto a poco.

Pero como una de mis máximas es que “lo bueno es menos atractivo y divertido que lo bizarro”, acá les cuento algunas aventuras de lo difícil que también puede ser esta urbe ancestral.  Y es que Beijing, como toda gran capital, es una ciudad compleja. Aunque es segura, considerando que al igual que en toda China es difícil que se presencien robos o actos delictuales comunes, es quizás unos de los lugares del país que requiere más advertencias hacia el turista.

El principal riesgo es el clásico abuso hacia el extranjero, visto por algunos locales como una “bolsa de dólares” más que como ser humano. Y si para que suelte los “verdes” hay que recurrir a las artes del engaño, pues bien, ocurren “cosas” desde las más burdas hasta a las más sofisticadas.

Los taxis, por ejemplo, son del terror. Hay pocos y en muchas ocasiones cuando subes quieren eliminar el taxímetro y cobrar lo que les dé la gana. Unas cuantas veces, especialmente de noche me han –y a muchos como yo-  hecho bajar de los autos por no estar dispuesto a pagar la cantidad disparatada que piden por un trayecto corto. Algo bastante molesto en horarios cuando el Metro ya ha cerrado, porque no hay alternativas y las distancias no son caminables. En algún lugar me contaron que constituyen una verdadera mafia y que su escasez se debe a presiones del gremio que no dejan entrar más actores de manera de poder manejar las calles a su antojo. Por ello, si alguien está planificando su viaje a Pekín, le recomiendo andar en Metro mientras pueda y aunque sea muy congestionado. Ahora, si hay presupuesto o en caso de visitas grupales, mi sugerencia es contratar un chofer de día completo, lo cual  - dependiendo del número de personas con que se ande - puede ser incluso más económico que el taxi.

Un timo más sofisticado es el que me tocó hace unos años y comenzó así….

En abril de 2011, en un viaje con mi padre, tomamos un tour hacia la Gran Muralla China desde nuestro hotel. El bus nos pasó a buscar a tiempo y una joven guía china llamada Sally que hablaba un correcto inglés nos hizo subir. A continuación fuimos a recolectar a más visitantes de diferentes hoteles, para luego partir a nuestro destino. En el trayecto, la chica con un micrófono en mano contaba interesantes historias, anécdotas, bromas, hacía preguntas, en fin. Todo muy lúdico, típico y relajado.

Más tarde, llegamos a Mutianyu que es la subida más tranquila y orientada a los extranjeros para acceder a la muralla, con una linda ascensión en teleférico. Allá, también todo perfectamente organizado. El lugar bien mantenido, las vistas espectaculares, hasta el día estaba hermoso. Subimos y bajamos los altos escalones milenarios, recorrimos los fuertes intermedios y nos tomamos fotografías como todo turista. Impecable e inolvidable.

Ya de vuelta al bus con todos los pasajeros exhaustos y felices, Sally nos recordó que el tour incluía una ida a un lugar especial donde nos harían un masaje de pies oriental. Nada mejor de acuerdo a la exigencia física del paseo.

Y ahí comenzaron de a poco los problemas…. Eran como las 17:30 de la tarde y el tour debía terminar a las 18:30.  El camino a los masajes demoró hora y media o sea esta segunda actividad suplementaria comenzó pasada la hora que se debía acabar todo. Lo curioso es que muchos pasajeros le dijeron a la guía que estaban preocupados por la hora porque tenían otras actividades planificadas y, sin embargo, ésta les insistía que llegaríamos pronto, cuestión que no era efectiva. Por “alguna razón”, querían que a todos nos amasaran gentilmente los pies. Además, para ello cruzaron toda la ciudad siendo que hay SPA de masajes casi en cada esquina.

Finalmente y con la gente un tanto inquieta, llegamos al Centro Olímpico de Medicina Natural de Beijing - no recuerdo exactamente el nombre - pero era un edificio extenso con muchos pasillos, adornados con fotos deportivas que rememoraban momentos de las Olimpíadas que se habían celebrado en el 2008. Allí, nos hicieron pasar a una gran sala repleta de cómodos sofás individuales. Debemos haber sido unas cuarenta personas. Ya estando todos sentados, de pronto se presenta ante nosotros la directora general del centro que hablaba idioma laowai y nos habló de la importancia de la medicina china, desplegó un mapa de reflexología y nos indicó, como es bien sabido, que según ellos cada parte del pie representa un órgano interno del cuerpo humano que cuando es masajeado se estimula en su beneficio. Todo hasta ahí aceptable. Luego, entró el doctor Chan, “eminencia” jefe de los médicos supremos chinos que hizo otro speech en chino que debió ser traducido. Más tarde, el doctor Wong, especialista parasicólogo “orientalista” que también se explayó; el doctor Mo jefe, experto de la China interplanetaria que aportó y así, sucesivamente, no paraban de entrar uno tras otro, puros “híper destacados médicos chinos”. Todos los cuales se llevaban un, cada vez, menos entusiasta aplauso. Y la cosa se alargaba y alargaba, sin sentido.

Por fin, terminado el extenso preámbulo se anunció el masaje en sí y entró un ejército de chinos y chinas de blanco con una cubeta de agua tibia para depositar y relajar nuestros pies. El masaje duró sólo quince minutos, cuestión decepcionante y sin sentido, ya que normalmente debe ser de al menos cuarenta y cinco minutos. Pero bueno, el masaje fue y yo que tengo bastante experiencia en el tema, pues regularmente acudo a estos centros de reflexología, puedo decir con propiedad que los muchachos que nos atendieron sabían tanto de masajes en los pies como de literatura contemporánea en esperanto. Simplemente ¡¡¡mal!!

Mientras éramos “masajeados” las eminencias médicas chinas en sus blancas batas hipocráticas se detenían con cada uno de  nosotros dedicándonos su preciado tiempo para examinarnos. Nos tomaban y revisaban las manos y los pies. Sin pedirlo, nos entregaban un concienzudo diagnóstico ayudado por varios traductores. Escrutada mi palma con la línea de mi vida, el facultativo llegó a la conclusión de que tenía el hígado en estado putrefacto y si no me preocupaba de ello podía caer muy pronto postrado gravemente. Pero no me debía preocupar porque afortunadamente él lo había descubierto y por la magia de la medicina china me  curarían al poco tiempo. Entonces, extrajo su lápiz, anotó en una libretita la receta y me entregó dos cajas de comprimidos de vaya a saber uno de qué.  Su valor era de 3000 yuanes, algo así como 350 dólares (de la época), las dos cajitas. Y aunque aparentemente el valor era altísimo para un par de remedios, claro,  la vida de uno lo vale más. Sin embargo, yo decidí arriesgar la mía y rechacé el consejo médico, adivinando qué es lo que estaba pasando.

Miré a mi alrededor y los señores médicos y sus intérpretes lograban, de tanto en tanto, que algunos de los extranjeros asustados extrajeran sus billetes de a montones para pagar los milagrosos remedios. Otros se veían más que molestos.

Tras una hora eterna, la sesión terminó y fuimos subidos una vez más al bus que nos dejaría en nuestros respectivos hoteles. Mientras avanzaba, la gente comenzó a comentar y dilucidar lo recién ocurrido. Resulta que todos los que íbamos en ese vehículo estábamos desahuciados, éramos prácticamente almas en penas, zombis, una amalgama coincidente de enfermos incurables y terminales. Hígados descompuestos, cáncer, leucemia, riñones pulverizados, huesos barquillos, corazones a punto de dar su último latido. No importaba la juventud de algunos, todos y cada uno teníamos cavada nuestra tumba. Claro está, salvo el puñado de personajes que compró los comprimidos dos veces más caros que el mismo tour.

Hubo personas que pasaron un gran  susto y aún permanecían pálidos de la impresión, como un señor canadiense que estaba a nuestro lado. Su señora de origen hongkonés no podía más con su indignación. Nos contaba que el caballero recién había salido en su país de una riesgosa enfermedad real y que el diagnóstico del personaje del centro olímpico lo había perturbado.

Para colmo eran ya cerca de las 20:00 y el bus no avanzaba debido a que había un tráfico horrible, totalmente previsible y típico de la ciudad. Mucha gente tenía reserva de espectáculos o habían quedado de juntarse con otros amigos o familiares a comer y ya se había pasado la hora. A esa altura ya nadie sonreía con Sally. Entre la sensación de estafa y la inexplicable tardanza, los ánimos estaban crispadísimos. Unos gringos del fondo la comenzaron a increpar de forma agresiva, ella les respondía nerviosa y sin argumentos. Otros pasajeros exigieron que el bus se detuviera y tomaron Metro porque ni soñábamos estar cerca de la zona de hoteles. Claramente la alegría del paseo a la muralla se había diluido.

Y así termino este extraño día. Espero pronto contarles otra más que nos ocurrió en la capital política de Zhongguo.

domingo, 13 de abril de 2014

Un rencor peligroso: Sentimiento anti japones en China

Un rencor peligroso: Sentimiento anti japones en China- Relaciones Japón China, posible guerra, discriminación
En estos días fui con mi amigo Ernesto a una feria de muebles en el Centro de Convenciones de Shenzhen. Mientras recorríamos los stand, me llamó la atención un letrero (que pueden ver en la foto) en que aparece un japonés vomitando sangre y en el cual se lee que los ciudadanos de ese país no son admitidos en ese lugar. En una situación tan masiva y de ribetes estrictamente comerciales -que uno supone que es un ámbito por naturaleza pragmático- me pareció un mensaje, por decir los menos, desconcertante.

Cómo no recordar los carteles del nazismo de comercios en que no se admitían judíos o del apharteid de baños, plazas y otros en que no aceptaban negros. Aunque quizás un tanto exagerada, la comparación da cuenta que esta animadversión no es para nada liviana, al contrario, esconde un rencor purulento siempre palpitante.

Y es que las cuentas que le tienen pendiente los chinos a los japoneses son muy extensas y van mucho más allá del actual problema de soberanía de unas pequeñas islas peñascos llamadas Senkaku. Más bien estos episodios son pequeños "chispazos" de un resentimiento bastante profundo. 

Los problemas entre ambas naciones comienzan a fines del siglo XIX en la primera Guerra Sino-Japonesa que significó para China una humillante derrota ante un vecino que siempre habían considerado menor. Esto debido a que los nipones habían comenzado internamente a engancharse a la modernidad -vease revolución meiji- y a la era industrial, incluido su ejército, mientras que China seguía en su mundo feudal, con emperadores ineficientes y vetustos que mantenían al país en una irremediable decadencia. Esta guerra significó, además, la merma entre otros territorios de Taiwan -el cual China no volvería a recuperar- y su importante influencia en Corea.

Pero si lo anterior es una causa remarcable, el más evidente origen del encono proviene de la segunda conflagración sino-japonesa que ocurrió en el marco asiático de la Segunda Guerra Mundial. En ella, los crímenes cometidos por el ultranacionalista ejercito del sol naciente, en especial durante la ocupacíon de Nanjin en 1937 - que era la capital china en esos años- se cuentan de las más horrendas de la historia humana.

El emperador japonés decidió que los soldados chinos capturados no tendrían el estatus de prisioneros de guerra y, por tanto, podían ser eliminados. Indefensos y desarmados fueron masacrados con armas de repetición automática de a miles al borde del Yangtze. 

Oficiales japoneses hacían concursos de decapitación de civiles que eran celebrados y publicitados. También obligaban a prisioneros a cavar zanjas para luego enterrarlos con la cabeza afuera de manera que pasados los días fueran agonizando mientras el cuerpo se les iba agusanando. Otra variante era hacer pasar tanques por encima de ellos.

Pero lo más recordado fue la violación sistemática de las mujeres civiles chinas, muchas de las cuales luego eran mutiladas, destripadas y asesinadas. Esto se hacía en forma deliberada y sistemática por orden de los mandos superiores. Relacionado con lo mismo, estuvo el uso de las llamadas "damas de confort" que era un eufemismo para la prostitución forzada incluso de niñas pequeñas. Ante amenaza de muerte el ejercito ocupante obligaba a sus victimas a estar al servicio del abuso de los soldados días y noches en condiciones inhumanas que muy frecuentemente les costaba la vida. Se calcula que fueron muy pocas las mujeres de Nanjin que se salvaron de algún tipo de crimen sexual.

A pesar de que existió un tribunal internacional que castigó parcialmente estos hechos, que han pasado 70 años y que ambas naciones han cambiado mucho, el fantasma del pasado sigue penando. Esto debido principalmente a que Japón como Estado nunca ha asumido un reconocimiento robusto y en propiedad de estos crímenes, salvo tímidas y aisladas declaraciones . Peor aun, de tanto en tanto algún político populista llama a revivir las glorias militares del pasado y profundiza deliberadamente el negacionismo. Esta falta de reconocimiento es algo que irrita y moviliza el malestar de los chinos más que ninguna otra cosa.

Hablando con un amigo chino me decía que ya llegará el momento de vengarse de Japón, que la gente de ese país era por naturaleza ciníca y que cuando estallara la guerra el estaba dispuesto a donar su fábrica y todos sus bienes para destruir a los japoneses. Otros muchos me han dicho que justifican esta xenofobia y la apoyan producto de las culpas históricas que recaen en los nipones. 

De tanto en tanto, se producen desórdenes callejeros producto de las escaramuzas de declaraciones entre ambas potencias por el tema de las islas en disputa. En ellos la gente apedrea y trata de dañar símbolos de Japón como comercios, automóviles, restaurantes, por nombrar algunos. No son gran cosa ni muy masivas, pero ocurren.

Estos sentimientos de revancha son profundos y extendidos. Es un rencor que permanece latente esperando reventar en el momento oportuno, por tanto es potencialmente muy peligroso. Sin duda, el desarrollo económico de ambos países y los intercambios comerciales han aplacado parcialmente el problema. Aunque la historia ha demostrado repetidamente que la economía no es un seguro contra el nacionalismo. Sin embargo, una inestabilidad mayor como una crisis económica profunda u otro hecho complejo puede hacerla aflorar fácilmente. Para ello el populismo político de ambos países está al acecho y tiene una herramienta fácilmente manipulable como ya ha quedado probado. 


Nunca se debe olvidar y menos soslayar que el nacionalismo xenófobo ha sido la calamidad que más vidas ha cobrado en la historia de la humanidad. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Varados en Filipinas Parte 2


Volviendo al relato, le pregunté al guardia que podía hacer, tenía reserva de hotel en Boracay  y qué se hacía en estos casos. Me respondió que la poca capacidad hotelera del poblado estaba rebasada y que mejor fuera a hablar con una de las chicas  de un mesón de turismo local que se movían de un lado para otro, respondiendo mil preguntas y reclamos de la multitud. Ya eran como las 22:00 y veía cómo mucha gente se iba recostando en el suelo para pasar la noche en el hacinamiento total, maldije no haberle creído a las tipas de Kalibo y al menos habernos quedado en esa ciudad que era más poblada y no en esta que fuera del Jeti Port casi no existía. Pregunté a una de las muchachas que podía hacer “lo siento señor, la autoridad cerró el paso a Boracay, recién mañana se sabrá si lo vuelven a abrir”. Le pregunté si entonces efectivamente al otro día lo abrirían “lo siento señor, no lo sabemos pero el tifón golpearía por tres días”. TREEEEEEEESSSSSSS DIAAAAAASSSSS, durmiendo en la pinche estación de ferrys con un mísero baño que ya olía a chanchería. Quedé pálido, las postales de Internet de la paradisiaca Boracay se me derretían en la mente.

En esas circunstancias límites en los seres humanos afloran nuestras grandezas y miserias escondidas. Yo elegí la miseria, me volví un energúmeno, empecé a correr a la gente que se querían acercar a pedir información casi a codazos. Sin importar si iban con o sin guagua o fueran abuelitos con falta de insulina quería que nos solucionaran el problema sólo a nosotros. Le rogué a la muchacha que nos consiguiera un lugar al menos donde dormir, me debe haber visto cara de serial killer porque agarró una lista, tachó a alguien que por turno le correspondía y me dijo que esperara un momento que haría unas llamadas y buscaría por si a caso donde quedarnos. Al rato, el milagro,  volvió y nos dijo que había encontrado una pieza para quedarnos en el pueblo los cuatro pero que sólo era una pieza de dos camas y que si lo tomábamos debíamos acomodarnos donde sea. Miré hacia afuera y seguían llegando buses del aeropuerto de desafortunados turistas. El sitio estaba colapsado por todos lados. “Sí, acepto”.

La chica súper amable nos ayudó a salir del “campo de refugiados”,  nos paró un Tuk-Tuk (moto con carrocería colorida famosa en Asia) subimos las 4 maletas hasta en el techo del débil vehículo y nos subimos como fuera los cuatro más la niña colgando y nos fuimos al hotel. El Andrés, mi hijo de diez años que le gusta mucho la buena vida, cándido me preguntó “¿Cuántas estrellas tendrá nuestro hotel”? “Hijo, con suerte tendrá la punta de una estrella, hay que ir dispuesto a cualquier cosa”- le respondí.

Siendo ya como las 23:00 horas y luego de avanzar varias calles hacia dentro del pueblito, el Tuk-Tuk nos dejó en el “Candice Lucy Hotel”. Un modesto local de material ligero de dos pisos que en el primero albergaba una tienda de venta de arroz al por mayor y en el segundo, un mini hotel. Tenía apenas cuatro habitaciones y era atendido súper amablemente por los mismos del arroz. Nuestra expectativa era bastante baja, pero al abrir la puerta de la habitación estaba híper decente, con aire acondicionado, una ducha pequeñita, súper limpio todo, una tv hasta con cable e incluso Wi Fi. Grata sorpresa. Obvio que el espacio era pequeñísimo para los cuatro, pero como emergencia estaba inmejorable. Además costaba como USD 30 la noche. ¡Nada!!! Las personas de la “administración”, como toda la gente de Filipinas, nos atendieron de maravilla y nos hicieron unos improvisados sándwich para paliar el hecho que ni habíamos cenado.

De noche dormimos perfecto entre cama y colchonetas con la ilusión de poder partir a las verdaderas vacaciones en la mañana. Sin embargo al despertar, el problema se asomó por las ventanas, afuera el bendito tifón había llegado en plenitud.

Tomamos desayuno, o sea dado los recursos limitados del entorno lo mismo que la comida –y claramente ad eternum lo que degustaríamos si nos quedábamos más días-  y además aprendimos que Filipinas era un país con alta inflación; los sándwich habían subido bastante en relación a la noche anterior. Preguntamos a los muchachos arroceros si sabían algo de la apertura del puerto y nos dijeron que aun estaba cerrado y que el mal tiempo demoraría muchos días.

Nos duchamos y partimos con el Ale –mi hijo grande de catorce- con paraguas e impermeable a ver qué pasaba en el puerto. Aprovechamos de conocer con luz el pueblo y sus remarcables sitios de interés: dos calles modestas –no pobres- de estilo asiático, con harto Tuk Tuk multicolor,  mucho barro, tiendas de venta de pollo frito y nada, pero nada más. Al llegar esa mañana al Jeti Port habían arribado infinidad de nuevos buses, todo cada vez peor, el asunto logísticamente era un desastre. Entramos y me acerqué a preguntar al mesón de turismo, me dijeron que la autoridad marina daría un nuevo informe a las 14:00 pero que no se sabía nada.

Al volver pedimos almuerzos -más sándwich de lo mismo- que seguían afectados por la subida de los precios alocada de Caticlan. A esa altura ya no salían tan baratos. Al mismo tiempo los del hotel nos decían que el diluvio estilo Noé jamás amainaría, el puerto de ferrys se cerraría para siempre y que nos quedáramos mejor a vivir en su hotel. El machete al turista es una práctica universal.

Finalmente, antes de las 14:00 de milagro el tiempo mejoró y partimos presurosos al puerto, seguía lloviendo aunque suavemente. Comparado con el día anterior eran unas condiciones meteorológicas muchísimo más complicadas pero la marea humana no daba para precauciones había que despachar a los miles de extranjeros que ya multiplicaban por varias la población total del poblado y quizás la región completa. Nos apuramos para llegar al “Candice Lucy”, pagamos,  aplicar Tuk Tuk,  llegada al Jeti Port. Había una cola interminable para abordar. Cualquier bote servía para meter gente y sacarlos de Caticlan (poco menos que lanzaban con neumáticos a la gente al agua para que nadara) y tomamos un catamarán que en menos de 15 minutos nos dejó en Boracay.

Así concluyó nuestra aventura. A pesar de toda la lata, perder un día de hotel y lo poco agraciado del sector fue una experiencia notable y, con todo, nunca perdimos el ánimo y el buen humor.

jueves, 6 de marzo de 2014

Sexo Chinese Style

Sexo chinese style- sexo en China, cultura sexual china
La sexualidad como sabemos es parte y reflejo de la cultura y, por supuesto, un país que en la mayor parte de los asuntos tiene concepciones tan diferentes a nosotros, en este interesante y sabroso aspecto no se podía quedar atrás.

Sin rodeos, partamos hablando de las mujeres por sus partes anatómicas más llamativas para el género masculino, o sea el trasero y/o el busto.  En Occidente, solemos dar bastante más morbo a que una chica exhiba abiertamente sus nalgas a que muestre su delantera. O sea, si la muchacha se muestra sin calzones (bombachas, bragas, tantos nombres), es considerada mucho más osada que una que muestra sus pechos. Esto parece más o menos lógico desde el punto de vista fisiológico, ya que nos suena que existe mucho más intimidad que esconder en la entrepierna. En algunas playas, en Europa y otras, no es raro ver chicas en topless, así como en escenas del cine, TV o en el teatro. El que una actriz no muestre su torso, casi ya ni lo consideramos un desnudo, hasta las “Femen” de Ucrania protestan de esa forma.  Pero claro, cómo no, en China es todo al revés.

En Zhongguo las mujeres suelen usar mini faldas muy pero muy minis; muestran sus piernas hasta bieeeen arriba, pero nunca verás una china con escote. Si pasa una fémina con su mini a la altura del ombligo nadie se da vuelta a mirarla, cero impresión. En Latinoamérica muchos quedarían enamorados, silbando y comprarían flores. En cambio, si aparece una occidental desprevenida mostrando con una blusa o polera su redondez, se detienen todos los chinos a mirarlas con cara de bobos, reciben carterazos de sus novias y pueden detener el transito. Como decía nuestra amiga mexicana, Noemí "acá hacen un escándalo con los pechos, pero anda a ver una china subiendo la escalera, se le ven hasta los riñones".

A un amigo chino le contaba que me era difícil saludar a una chica que fuese mi amiga con mucha distancia como se usa en China, ya que en Chile cuando tenemos a una mujer que nos es cercana le damos un abrazo y un beso. El me miraba desconcertado "¿pero cómo… y así les aprietas sus senos?"

Los chinos no son de piel. La gente se saluda con distancia, a lo más se dan la mano. No existe ni remotamente el beso en la mejilla acompañando un “Hola”. Si besas a una china en la mejilla, esta saca el ramo y el anillo de una. La dejas petrificada, avergonzada y hasta tendrías que casarte en el acto con ella. Las mismas parejas en la intimidad del hogar son bastante poco demostrativas, el contacto, los abrazos y besos existen, pero escasos. Y eso que en esta tierra son más cálidos que en otros lugares de Asia. Una amiga chilena me contaba que en Japón –donde la cosa es aun más fría- le tocó presenciar la llegada del esposo de una chica japonesa a su casa. Pareja joven. El tipo había estado un mes ausente por negocios  Abrió la puerta, sonrió, saludó a lo lejos y se fue a la pieza.

Respecto a lo anterior, en China ocurre a menudo que las parejas se casan y luego no viven juntas. Por trabajo, el hombre se va para una ciudad y la mujer para otra. Y no es raro incluso que el bebé que tengan luego sea enviado donde los abuelos en una tercera locación. Este mismo esquema ocurre en una pareja ya de años, si es que especialmente al marido le ofrecen un trabajo atractivo en una ciudad diferente a su hogar, aunque quede lejos y le signifique no ver a su familia, muchas veces lo aceptan. En consecuencia, vale la pena preguntarse cómo funciona el tema de la fidelidad.

La china es una sociedad básicamente machista, en evolución, pero muy machista al fin. Y muy avanzado el siglo XX aún se daba el sistema de concubinato, o sea un hombre con dinero podía tener a su esposa y varias mujeres como sus segundas, repartidas ojalá en diferentes ciudades. Hoy eso no es legal y ha cambiado de forma, pero de alguna manera sigue existiendo. Es bien sabido que un señor de dinero tiene a su mujer oficial y segundas o terceras esposas con la aceptación o no de aquella por la cual se caso por la ley.

También aunque no sea público está muy claro que hay todo un mercado sexual para los varones. Principalmente con la fachada de masajes que está masificada en cada esquina, muchos de ellos ofrecen desde un “final feliz” hasta “feliz feliz” con la chinita toda para el consumidor. A eso hay que sumar gran cantidad de clubes nocturnos, karaokes y prostitución callejera. Por tanto, resulta imposible pensar que una mujer que sabe que su pareja vive en otra ciudad y con tamaña tentación le va a ser fiel. Más bien parece algo asumido y casi por derecho.

Lo que viene a ser muy interesante producto del desarrollo económico es lo que está ocurriendo con las esposas oficiales y las extra-oficiales de estos “business man” cuando ellos están ausentes, o sea casi todo el tiempo. Además de asistir al gimnasio, el spa, salón de belleza, compartir con las amigas, o lo que sea, cada vez es más común que tengan un amante y al menos en ciertas zonas más cosmopolitas si éste resulta ser occidental, fornido y joven, tanto mejor. Y lo muestran con algún nivel de soltura a sus camaradas así como “mira lo que me agarré”. Bien por la igualdad de género y por aquel nuevo rubro que habrían encontrado algunos “laowais”. Al fin y al cabo cada uno sabe a lo que se dedica.

De todas formas todo esto no es muy evidente, está más bien oculto y no es un tema para hablarlo en la sobremesa, pero sin duda es popular y masivo. Como en muchas culturas el real comportamiento sexual tiene dosis de doble estándar también en China.

domingo, 2 de marzo de 2014

El dilema de elegir escuela en China


Para los extranjeros con hijos que viven o quieren mudarse a China, un tema muy importante desde el inicio es el de las escuelas. Como casi todos queremos que nuestros niños obtengan esa difícil combinación de que aprendan y sean felices, añadiendo el que aprovechen estos años para aprender inglés, chino y la cultura local, esta tela tiene mucho paño que cortar.

Partamos por los precios – y hablo sólo de mi conocimiento de Shenzhen y Guangzhou - un colegio privado internacional, esto es para extranjeros expatriados, no cuesta menos de 1200 dólares mensuales, muchos, USD 1500  y no pocos, USD 2000 por niño. El pago es semestral o trimestral “cash” y en adelantado, nada de cuotas, cheques o demases. Sus tarifas se reajustan anualmente y con una inflación no menor al diez por ciento. Claramente están pensadas para gente sin conciencia del dinero -marcianos- y como esos seres no existen, sólo los que no tienen más alternativa o las empresas transnacionales que envían a sus ejecutivos con sus familias a tamaña aventura son los que  pagan. Con esos valores incluso en mi querido “Chilito” educo como a cinco hijos y logro que mi perro hable arameo. ¡Si!!! Es de locos… ¡carísimo!!! La ventaja es que el niño o muchacho se encontrará en un ambiente diseñado para él, con compañeros que viven su misma realidad, clases en inglés y si no tiene el idioma, lo nivelan con paciencia. Además, en orden a las características de sus pupilos, la introducción del idioma y la cultura local se maneja con gradualidad.  Estas escuelas están acreditadas mundialmente lo que permite que cuando vuelvan a sus países puedan continuar los estudios en su mismo nivel. Las hay con currículum estadounidense, inglés, canadiense, francés, japonés, coreano, etc.

¿Qué tienen en contra además del precio? Que son verdaderas burbujas de niños extranjeros más o menos “bien”, reforzado con  el hecho de que no admiten a estudiantes chinos (la ley no lo permite) lo que aisla aun más a los estudiantes del entorno en que están viviendo.

Luego, está la alternativa de colegios privados chinos con curriculum en inglés. Una escuela así vale entre 1000 y 600 dólares mensuales y también debe ser pagada al contado. Los niños que asisten a ella son mayoritariamente chinos aunque muchas tienen una importante minoría de chicos extranjeros que no pudieron o no quisieron pagar las internacionales.

Yo diría que como todo en la vida tienen de luz y de sombra. Lo bueno, pueden llegar a mezclar muy bien la disciplina y rendimiento oriental con la creatividad y visión más panorámica de Occidente. Además, permite a los niños compartir con chicos locales que serán la mayoría de su curso lo que los inserta y los aleja de vivir en “ghettos”. Las clases de chino son de verdad por lo que aprenden muy bien el idioma. Lo malo, tampoco son baratas sino todo lo contrario y exponen a los pequeño, aunque sea parcialmente, a los aspectos menos graciosos y luminosos de la cultura oriental y china en particular que me da pie para pasar a la alternativa tres.

La tercera opción naturalmente es que los niños estudien en un colegio chino de currículum estatal. En este caso los precios son razonables como usualmente ocurre con los de su tipo en el mundo. Muchas familias que he conocido valoran el hecho que en estas escuelas esté garantizado que los chicos se comporten bien que la exigencia sea oriental o sea extremadamente exigente y que la obediencia sea vertical y muy estricta.

En base a la experiencia recogida y la de muchos amigos y conocidos me atrevo a decir que para la mayor parte de los occidentales resulta imposible imaginar a nuestros hijos estudiando en un colegio chino tradicional. Más aun, me atrevo a decir que es quizás el aspecto en que la brecha y choque cultural es más profundo.

Comenzando con lo idiomático, las clases son impartidas en chino Mandarín, un lenguaje muy difícil de asimilar. En vista de esta barrera sólo niños bastante pequeños que tienen una capacidad muy grande de aprendizaje -propia de su edad-  pueden aspirar a integrarse no sin dificultad. Pero entre más grande sean se le hará más difícil o derechamente imposible.

 Luego está la concepción educacional de oriente. En China las escuelas son tremendamente exigentes. Se educa no para aprender solamente sino para ser el mejor. Se asume que los niños en edad escolar deben vivir para estudiar. Es tanto así que usualmente los niños siguen yendo a la escuela también los sábados y domingos a reforzar materias o bien tienen actividades extra programáticas como asistir a un instituto de inglés, clases de piano o diferentes deportes. Pero todo esto,  no con un fin recreacional sino derechamente competitivo para ojalá ser un campeón o un gran virtuoso de la disciplina seguida. Por tanto el que inscribe a su hijo en una escuela china para que este sea “feliz”, se desarrolle  emocionalmente en armonía con la naturaleza, y otras vainas de corte humanista tan propia de nuestro hemisferio… que quede claro, eso aquí no existe. Trabajo duro es la consigna.

Respecto a la disciplina, esta tiene el aspecto positivo que los niños chinos se comportan perfectamente bien en clases y van a ella con el clarísimo y casi único fin de estudiar, cuestión que nos resulta increíble en nuestros países donde se mezcla la educación con lo social, los alumnos solo quieren salir a recreo y todo el sistema está en crisis de identidad y metodología. Sin embargo, dicha disciplina no es nada gratis, ya que se sustenta en premisas como el que los directores y los profesores son seres todopoderosos que simplemente hacen un traspaso de conocimiento a una audiencia sumisa. Un niño no debe jamás cuestionar a su maestro. Si lo hace genera efectos culturales graves en China como dañar el face (algo así como el honor-imagen) del maestro. Este asunto lleva a que sea de público conocimiento que en muchos países asiáticos los niveles de eficiencia sean los más altos del mundo, pues el modelo genera por así decirlo “buenos soldados”,  pero la creatividad e iniciativa se ven gravemente dañadas. Esto es evidente al punto que en el mercado laboral se requieran profesionales extranjeros en las áreas en que se precisa cierto talento.

 Respecto a lo anterior, es muy común ver en patios de escuelas que dan a la calle a los niños en formaciones militares ensayando marchas y canciones, mientras alguna autoridad les habla por micrófono o megáfono dándoles arengas, haciendo un discurso o una exaltación patriótica. Está permitido (socialmente, no por ley) castigar a los niños incluso físicamente en el aula. A pesar de que va comenzando cierta retirada en esto, aún es muy común que los profesores golpeen a los niños. Es totalmente válido que se usen ejemplos de reforzamiento negativo como decir “ustedes en esta prueba mostraron ser grandes alumnos no como Pedro que es un tonto”. Nuevamente, esta situación es - como dicen los argentinos - bien difícil de bancar cuando nuestra concepción educativa es bastante liberal y no marcial.

 Otro gran y complejo asunto es el de los regalos. Se usa mucho que los padres le hagan obsequios a los profesores, lo que parece a simple vista muy amable y normal. El problema es que muchas veces si no reciben presentes de determinado niño éste se puede ver apartado y no tomado en cuenta por el profesor. En palabras más duras, el regalo puede funcionar como una verdadera competencia de soborno para buscar que el maestro le preste más atención” a mi hijo que a los otros”.

Ahora, no quiero con esto cometer el grave error de plantear que nuestra educación es maravillosa y estos chinos están locos y equivocados. Quizás ellos haciendo un análisis parecido vean nuestras escuelas y digan cosas tan evidentes como: para qué van a la escuela los niños laowais si sólo molestan y se quieren ir de allí todo el tiempo; o critiquen la existencia de cigarrillos y drogas; o muchas otras cosas más en que al menos estamos complicados. Por lo demás es cosa ver de revisar la prueba de rendimiento internacional PISA y ver donde están los estudiantes orientales y los latinoamericanos. Simplemente digo, volviendo al inicio que en la situación de tener que buscar colegios en China para nuestros hijos resulta muy difícil que aceptemos el tipo de educación local porque es muy, demasiado, diferente con nuestros usos culturales.

jueves, 20 de febrero de 2014

Bangkok te tima


En noviembre del año pasado nos vino a visitar a Shenzhen mi amigo Julio aprovechando una gira de negocios a Asia a la que lo había comisionado su empresa. Desde Chile me había sugerido que lo acompañara por un par de noches a la capital de Tailandia ya que debía asistir a un evento comercial del Consulado. La invitación era atractiva, no debía pagar hotel y significaba más días para compartir con él,  además no conocía Bangkok, así que me sume entusiasmado.

Como siempre digo y repito no me las voy a dar de gran analista de la historia y realidad actual de Tailandia.  A penas estuve 3 días y con eso y hasta a veces un año uno no se hace una visión ni cercanamente realista de un lugar. Viví en Santiago de Chile 40 años y no creo que conocer bien la ciudad. Así que, quien haya visitado Bangkok y  crea que lo que diré es una burrada carente total de juicio podrá  estar muy en lo cierto.

Bangkok es una gran metrópolis de once millones de habitantes de un país que va en franco crecimiento a pesar de ser aún bastante pobre. Esta delineada por el rio navegable Chao Phraya que actúa como eje y vía de comunicación de los principales puntos de la ciudad. Como buena parte del sudeste asiático sus calles son boyantes  de gente que hormiguean en un caos mezclado de desastre vial,  TUK-TUK (moto taxis), olores frutales y a especias, comercio, colores y altas temperaturas. Para mi gusto personal, esto que para muchos podría ser desagradable y antiestético a mí me es muy atractivo y me hace feliz. Si a lo anterior le sumamos los masajes Thai –hay mil SPA por metro cuadrado- y la deliciosa y económica comida Tailandesa se me hizo un muy buen lugar para visitar y hasta para vivir.

Pasando a la parte más anecdótica Julio arrendó el mismo hotel donde se hizo la película Hang over esto es el “Hotel Lebua” al entrar a hacer el check in nos atendieron magníficamente y hasta excesivamente ceremoniosos como habitualmente ocurre en este país. Dado que la habitación aun no estaba lista una amable chica nos invito a que fuéramos al bar del hotel a tomar unos jugos, como a pasar el rato. Ella misma tomó la orden y nosotros elegimos dos deliciosos sumos de mango. Y así confiados en el buen juicio universal disfrutamos la espera con el sabor exprimido de la fruta tropical,  hasta que otra chica sonriente y sumisa en un recipiente como un pequeño cofre de fina madera, que perfectamente  pudiese haber contenido  las perlas reales, nos fue revelada la cuenta. Sesenta dólares total, 15 mil pesos chilenos cada jugo. Quedamos frutalmente impactados. Además fue toda una revelación de lo que me esperaba.

Al día siguiente mi amigo tenía diversas reuniones de trabajo y yo mi único día para conocer la urbe así que busqué en internet y concluí que el mejor lugar posible para recorrer en un día era el magnífico Palacio Real. Averigüe bien, Para llegar allá debía tomar un ferry en la parada que estaba cerca del hotel y bajarme en la estación de Tha Chang. Todos los avisos en internet decían muy insistententes y repetidamente que no había que tomar atención a nadie que viniera con cuentos, que existían muchos timadores, que cuidado con ello, etc. También explicaba que había que comprar el boleto en el mesón oficial de ticket de Ferrys. O sea iba atento, preparado, precavido y alerta.

Pues así me fui caminando rumbo a la aventura. Logré dar con la estación de Ferry busque la boletería oficial y ahí comenzaron los problemas, no existía, solo había mucha gente en unos mesones con unos mapas desplegados que ofrecían tickets. Me acerque a lo que me pareció más serio. Me fui a tomar el ferry pero para mi sorpresa en vez de ello me subieron a una lancha con un par de gringos. Yo en mi inexistente tailandes les decía “To Tha Chang” … “yes Ta Chang Ta Chang” me respondió el capitan. Y así partió la embarcación ligera, anduvo como 20 minutos. De pronto paró en un embarcadero que tenía un letrero que no decía Ta Chang sino otra extraña cacofonía tailandesa “mufu”,” tanchuck”,  “chunggkang” o lo que sea ya no recuerdo. El capitán del barco me ordena que descienda y yo confundido le digo “Ta chang???”  y el sonriente y convencido me dice “yaaaaa Ta Chang”.  Sin entender mucho las indescifrables razones de porque en Tailandia los lugares no llevan el nombre de cómo se llaman realmente me bajé.  Y nada… me habían dejado dos estaciones más allá y me tomo 40 minutos de caminata llegar al bendito lugar. O sea entendiendo después no me vendieron el ferry sino un viaje en bote que valía 3 veces más. Los otros gringos habían arrendado el adminiculo y de llapa me subieron a mí que iba lo que para su criterio es cerca o  sea 10km a la redonda y fui arrojado donde se les ocurrió.

Luego de vuelta del hermoso palacio –hablar de lo bien que lo pasé es muy aburrido- fui a la finalmente existente y cercana estación de Ta Chang. El calor de Bangkok es pesadísimo tenía todas las ropas mojadas de sudor y se me antojó tomar un rico jugo de mango. Estaba lleno de puestecitos de fruta y jugos pero elegí con espíritu bondadoso el de una humilde ancianita que tenía unas botellitas llamativamente marcadas por ejemplo a 10 bath –ya no me acuerdo los precios reales- . Pagué y la señora me cobró 30, le pregunto porque si dice 10 y me muestra que 10 vale comprar un mango no un jugo, yo le muestro que tiene marcado el jugo a 10 y ya dice que yo estaba mirando en lo que había delante del precio y no atrás. Luego me da un envase mucho más chico al que yo asumía que era de 10 bath y que se transformó en 30. Ya a esa altura quería puro hidratarme y acepté que el envase fuera más chico. Pero además me dio un contenido que no tenía el color amarillo pastoso del mango. Le pregunto si era mango realmente y me dice otra vez con esa sonrisa amable y arácnida del tipo de la lancha “yes yes mango”. No era mango era jugo de naranja.  Tailandia tres Johny cero.

Al otro día tenía la mañana para dar el último paseo y decidí simplemente irme a caminar calles arriba. Un policía vio que era extranjero y se me acerco a preguntarme el “where are you from” y me empezó a vender algo raro y a dar datos de donde debía ir. Luego cuadras más allá llegué a un barrio chino y un señor en silla de ruedas me empezó a meter conversa y a ofrecerme ir con unas chicas no sé donde a comprar no se qué. Era como que en cada esquina todo el mundo desde abuelitas, tullidos y hasta el gato de la esquina te quería embaucar si tenías los ojos más redondos. Di medio vuelta y me fue al hotel.

Conclusión, interesante Bangkok pero no es para inocentes.
 
PD: En la foto Julio con la panorámica de Bangkok detrás.
 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Dormir Tranquilo


Tengo un conocido que es comprador de una importante empresa de tecnología. Él tiene un cargo de alto nivel relacionado directamente con las fábricas chinas y, por tanto, se maneja habitualmente con los proveedores, un área en la que tiene mucha experiencia.

Íbamos hace unos días compartiendo un taxi rumbo a la zona industrial de Baoan, cuando le estaba comentando que yo me sentía cómodo negociando con los chinos, que en general tenía una buena impresión de ellos a pesar de los miles de problemas que siempre se generaba, pero que, en general, me parecía que eran personas bastante más correctas que muchos latinoamericanos y que, además, solía tener una relación amable y amistosa con ellos.

Cuando llegué a ese punto me miró y me dijo: “mira, los chinos casi como raza siempre te tratarán de fregar y si están contentos contigo es porque seguro ya te están tirando a partir.  Uno de mis colegas negocia tan despiadadamente que se los trata siempre de joder y lo lo odian a tal punto que me han llamado algunos para saber si está en China para pegarle. O sea, si te odian estás haciendo un buen trabajo”.

Estas palabras me han rondado en la cabeza toda esta semana. Yo llevo diez años trabajando con China, con fábricas y proveedores  y si bien no ha sido fácil y tengo mil historias de situaciones tremendamente complicadas, he podido vivir, alimentar a mi familia y desarrollarme en gran parte gracias a la relación comercial con ellos y a la cooperación mutua. En la empresa, tengo una red profesional china que me apoya y en la que confío, mi asistente, mi forwarder... y además, tenemos amigos chinos de todo este tiempo.

Mi concepto es que los negocios deben ser colaborativos. En otras palabras, donde todos ganemos: ojalá gané bien yo, el proveedor, el importador en Chile e incluso que el usuario final que compra el producto quede contento. En este mismo sentido, lo ideal es hacer un buen equipo con el proveedor de manera de tener una buena relación de largo plazo, que el trabajo salga fluido y que crezcamos juntos.

La visión del negocio como una "guerra a muerte" me es reñida con la ética y con mi personalidad. Ya vivir de una actividad comercial es un tanto "frío", pero si además a eso le sumara el hecho que para hacer bien mi labor, un conjunto de gente me debe odiar al punto que me quieran pegar y que mi objetivo sea liquidar a la fábrica, estrujarlos a más no poder, ¿qué sentido tiene el trabajo y la vida? Eso simplemente es ser un “caradura” un “winner”, un tipo cuya actuación se orienta en vista de su propio beneficio a perjudicar a los demás.

El día que perciba que mi personalidad y mi moral no son adecuadas para esta “guerra“, creo que colgaré mi uniforme y me dedicaré a la "vida civil".

Toda esta visión de mucha gente respecto a los chinos me tiene cansado. Especialmente de nosotros los latinos que, por favor, de dónde sacamos (“los tarros con más duraznos”, como decimos en Chile) que somos mejores que ellos. He escuchado desde que son hediondos, cochinos, traicioneros, tránsfugas, fríos, interesados, poco sinceros, manipuladores, sub-humanos y mil cosas más. Sin duda, hay una cierta dosis de racismo solapada o no en todo ello.

Es verdad que el tema cultural acá es sumamente difícil y a nivel de negocios, más aun. Hay ciertos patrones de desprolijidad y responsabilidad que son muy difíciles de conseguir y son desgastantes; las empresas tratan de sacar ventaja de cosas mínimas y cuando hay problemas asumen muy poco.  Te dicen una cosa y a los cinco minutos, la cambian. Pero como en todo, hay gente que es muy comprometida y cumplidora que nunca te falla. Además, la experiencia te va entregando las armas para lidiar con ello, adelantarte y saber atajar a tiempo muchos problemas.

En general los chinos son personas honestas. Es muy difícil, casi imposible que te estafen o te roben  -hagan la comparación con América Latina- y son un pueblo que admiro mucho en la manera que han salido adelante en su difícil y dura historia. No soy "chinofilo" ni mucho menos, ni todo me parece bien. Pero acá sobran los ejemplos para sacarse el sombrero por ellos, por su disciplina, capacidad de aprendizaje y entereza.

Que me miren con cara de “pobrecito ingenuo”. No quiero alardear, ni tengo muchas razones para ello,  pero no me ha ido mal y mantengo mis convicciones. Así que digan lo que digan, estoy agradecido de poder trabajar en esta tierra, darle sustento a mi familia, tener una buena relación con mi entorno profesional y, sobre todo, poder dormir tranquilo sin la sensación de que perjudiqué a nadie y nadie me quiere liquidar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El trato hacia los animales en China


Ha ce unos tres años cuando aún no nos radicábamos en China un proveedor me invitó a un viaje por Bejing. Cuando estábamos en un taxi rumbo al hotel me preguntó que quería conocer de esa ciudad y comenzó a darme diferentes opciones; la Muralla China, Ciudad Prohibida, Palacio de Verano etc. Yo desde siempre amante de los animales quería conocer los pandas gigantes y algo había escuchado del zoológico de Beijing. Le dije entonces que podríamos ir al zoológico. Me miró sonriente, con cara burlona de que le estaba bromeando. De veras quiero ir al zoológico ¿por que?. Aguantándose  la risa le preguntó a la taxista  -era una señora- donde quedaba el zoológico, ella comenzó también a poner cara de fiesta, le pregunto a mi compañero quien quería ir al zoológico y este me apuntó a mí. Y ahí los chinos explotaron y se largaron a reír a carcajadas, destemplándose los dientes. La mujer le decía que yo me creía un niño acaso y no podían parar de burlarse del hecho de que un hombre adulto quisiera ver animales.

En otra ocasión este mismo proveedor me invito a la bella ciudad de Hangzhou famosa por ser muy verde y tener un lago muy grande y lindo. Cuando estábamos alrededor del lago que es como un parque urbanizado gigante me di cuenta que había un zoológico. La vez anterior no habíamos alcanzado a ir al de Beijing. Al entrar lo primero que se veía era un inmenso circo lleno de graderías abarrotadas, donde tenían a unos tigres saltando por unos aros de fuego. No entendía que tenía que ver el circo con el zoológico. Luego pasamos por otras jaulas con animales, todas sucias, mal oliente y pequeñas. Luego nos metimos medio a “la mala” a un galpón donde estaban los elefantes y ahí me toco presenciar un espectáculo muy triste. Un amaestrador muy agresivo tenía a un gran elefante haciendo piruetas de levantar las patas y otras. Cuando el animal no respondía el tenía un punzón con el que constantemente le pinchaba para que siguiera sus instrucciones. Se veía al elefante sufriendo y estresado y al tipo totalmente indiferente y hasta sádico. Quedé descompuesto y con una sensación de tanta impotencia que nos debimos ir de inmediato

El primer año que estuvimos en Shenzhen también visitamos el zoológico local. Y a pesar que no estaba tan mal cada cierto rato tenían funciones circenses. Una que vimos también era muy deprimente, mantenían a los animales en un desfile girando alrededor de un escenario haciendo cosas ridículas contra su voluntad y además en una total desorganización. Camellos, elefantes, jirafas, monos, toda una gran arca de Noé anárquica. Y el sumun era que tenían una cuerda en altura entre dos postes, habían puesto a un oso pardo para que se balanceara en monociclo. Pude ver como el oso se resistió hasta que los domadores tuvieron que rendirse. Seguramente el pobre se debe haber llevado una gran tortura por no querer colaborar con la función.

Todos estos ejemplos muestran cual es el concepto que tienen los chinos de los animales. Para ellos son cosas que están al servicio del hombre. Sirven como alimento, pieles, comercio  o  también para plena diversión en los escenarios descritos.

 No hay conciencia masiva de respetarlos y protegerlos en su entorno, o de los zoológicos como una reserva protectora de las especie en peligro de extinción. Su idea de ellos es el espectáculo de circo, los animales están ahí para reírnos de sus monadas guiados-maltratados por sus domadores.

Alguna vez leí un pequeño análisis que planteaba que en China si apenas se respetaba a la gente que se podía esperar de los animales, haciendo todo un vínculo entre los derechos humanos, la democracia y como toda la violencia reprimida de la sociedad terminaba recayendo sobre los animales que son los más débiles. Yo discrepo bastante de eso porque no creo que sea un problema sociológico exclusivo de los chinos.  En un viaje a Tahilandia este año pudimos ver como en los famosos paseos en elefantes usaban también punzones y como estaba lleno de crueles shows de monos encadenados por el cuello. Que decir la información bien respaldada de las cacerías furtivas en Africa, las matanzas por el marfil etc. Y sin ir más lejos el zoológico de Santiago donde la gente insiste en tirarles basura a los monos, alimentar con golosinas a las especies y otras aberraciones que por suerte han ido mejorando. En Chile  y sobre todo en sectores populares los circos siguen usando “bestias” alimentadas con comida de perro y maltratadas. Por tanto es difícil hacer una correlación muy fina entre política y maltrato animal. Dudo que si este país estuviese gobernando por los antiguos emperadores el tema estuviese mucho mejor.

Más bien me inclino a pensar que como tantas otras cosas es un tema de desarrollo social. China es un país que ha crecido al ritmo más vertiginoso de la historia humana en estos últimos veinticinco  años y lo que otrora eran villas pobres en estas décadas se transformaron en modernas ciudades. Conozco chinos jóvenes de veintitantos que de chico debieron comer ratones cocinados por sus padres en tiempos de hambrunas. Algunos de estos mismos muchachos son hoy en día universitarios que se mueven al ritmo de la globalización, profesionales capaces de manejar varios idiomas.  El hormigón puede levantarse en pocos años  y transformar el paisaje urbano pero los procesos mentales y culturales de una sociedad no. Esto va a un ritmo mucho más lento.

En china se escupe en la calle, se fuma en espacios cerrados,  mucha gente tira basura en cualquier parte, se empuja en las filas y a los niños se les castiga golpenadolos en la casa, calle y en los colegios como algo normal. Claramente hay un concepto de urbanidad y costumbres que sobrepasa cualquier consideración de relativismo cultural. Hong Kong que también es totalmente chino que queda pegado a la china continental pero que llevo más de cuarenta años de desarrollo exhibe otra conducta propia justamente de ese desarrollo.  Volviendo al tema, he visitado zoológicos y el trato hacia los animales en Hong Kong y son tan cuidadosos y evolucionados como los mejores del mundo.

Por ello no creo que sea justo colgarle el cartel de la represión política a los chinos por su actitud hacia los animales. Esto avanza al ritmo que el resto de lo demás. De hecho ya en Guangzhou me tocó visitar un zoológico que está muy cuidado donde tienen un reservorio de Pandas. Todo muy bien protegido y ya a niveles mucho más evolucionados de lo que había visto antes. Por tanto todo confirma que es un proceso camino al desarrollo mental de una sociedad que aunque no lo parezca recién está empezando en su vinculación con cierta conciencia global.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La Fiesta de los Mooncakes


Que se me acuse de frívolo e insensible con mucha razón pero las historias explicativas de porque los chinos celebran sus festivales no me son especialmente interesantes. Siempre son leyendas místicas de alguna tragedia, una diosa, un guerrero y finalmente una buena razón para comer mucho y tomarse unos días libres.

En esta época toca el turno de la festividad de  “La luna” o del “medio otoño” que está relacionada con la leyenda de la diosa inmortal Chang E pero fundamentalmente y como en tantas culturas con los meses de la fertilidad en los vínculos ancestrales que tienen todos los pueblos con sus tradiciones rurales. Pero más que sus orígenes la celebración es famosa por los Pasteles de Luna al punto que  se la conoce popularmente también como la fiesta de los mooncakes.

Estos dulces son como unos medallones del tamaño de un alfajor siempre adornados en su superficie por figuras geométricas o caracteres en sobre relieve. Están hechos en su base de harina de trigo y arroz mezclados con especies, pero sin dudas lo que los distingue es su relleno. En la mayor parte de los casos es una contundente y majestuosa yema de huevo, pero también pueden ser porotos u otros.

La tradición ordena que en esta época la gente se regale pasteles de luna. Por tanto por todo china las panificadoras se ponen a preparar miles de trillones de estos alimentos. Y como es un regalo el envase es clave, vienen en cajitas de papel, madera o metal bellamente decoradas.  El envoltorio del regalo es más importante que su contenido. Obviamente entre más fina la elaboración y marca de estos más sofisticado y llamativo su envoltorio.

Pero vamos a lo importante. ¿Que tal es el sabor del Mooncake? No se lo digan a los chinos pero son entre rarísimos a de frentón bien malos.  Cuando se paga el noviciado de probarlos se experimenta la extraña  sensación de masticar un biscocho compacto coronado con la sorpresiva aparición de la yema cruda. Y los que son de porotos o frijoles no mejoran la cosa. Seguro que algún western por ahí adora devorarse sus deliciosos pasteles del festival de otoño. Yo sólo hablo por la inmensa mayoría del sindicato de mis conocidos a los que no nos tienta este producto. Pero claro nada más subjetivo y debatible que los gustos.

Como siempre los chinos son muy orgullosos de sus tradiciones culinarias  y te envían los mooncakes de regalo como una muestra de cariño y respeto. Incluso muchas veces se toman la molestia de entregarlos en persona.  Así es como los que trabajamos en China recibimos en esta  época cantidades de dicho presente de nuestros proveedores y contactos comerciales. Entre más contactos se tengan en este país y más influyente se sea más cajas de pastelillos acumulas. Por ejemplo cuando llegue el año pasado a penas me mandaron dos cajas este año fueron siete, no está mal. Pero mis amigos que dirigen empresas grandes acopian más de 50 cajotas. O sea, se puede hacer un ranking y estadísticas de éxito comercial en relación al factor “Pastel de la Luna”.  A mi todo esto después del par de años que vivo acá se me hace muy simpático.

El fin de semana pasado nuestro amigo Argentino Ignacio nerviosamente nos trajo de regalo una cajita de Mooncackes. Yo lo quede mirando extrañado, pues él sabe como yo sé de él que jamás lo íbamos a comer. Pero luego comprendí su desesperación, el servicio express de correo chino no paraba de hacer sonar el citófono plagando su departamento de cajas y cajas de estos dulces. 

En fin los más felices en todo esto son los trabajadores chinos que laburan en empresas dirigidas por Laowais porque se llevan en forma gratuita y heredada grandes cantidades de Mooncakes de gran calidad y precio y a ellos si les gusta y mucho.

Así que si tiene un chino amigo en Latinoamérica y viene la pascua de resurrección regálele unos cuantos huevos de chocolates para que vivan una experiencia parecida a nosotros con su festival de la luna.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Más sorpresas con la comida china: Los restaurantes


El funcionamiento y aspecto de los restaurantes en China no tienen nada que ver con sus "similares" de occidente. Pasa Lo mismo que con la comida que hablé hace algunos días que está adaptada al gusto culinario de cada nación. En nuestros países la decoración de estos locales parece el living del emperador, lleno de guirnaldas, cuadros orientales, todo un aspecto recargado en que predomina el rojo y el dorado.

En China Los restaurantes promedio suelen ser grandes espacios con poca o ninguna ornamentación y con mucho vidrio y cerámica. Se asemejan –para mí- más a comedores institucionales, casinos o centro de eventos. Su aspecto es frío y plano. Los de especialidad cantonesa están llenos de acuarios con las más curiosas especies las que son sacrificadas y cocinadas en el acto ya que los locales tienen una obsesión con comer todo muy fresco. Entre más emperifollado el restaurant más cosas exóticas exhiben. He visto cual caricatura de condorito el trasero y cola de un cocodrilo preparado para ser degustado además de serpientes,  tortugas, caballitos de mar, etc.

 Algo bien especial  y que explica también el tamaño de los recintos es que tienen varias salitas contiguas de comedores privadas. Su propósito es ser usadas para reuniones de negocios, amigos o familiares, agasajar a un invitado  o para lo que uno estime conveniente. Algunas tienen baño, juego de majong y otras sorpresas. Los dependientes van a ellas a atender de manera preferente. Es finalmente el concepto de VIP que se utiliza  para todo en china. En cualquier actividad comercial hay una tarjeta de cliente preferente incluidos los hospitales públicos.

 Pasemos a la mecánica de esto.

Cuando vas a un restaurant promedio -en los más exclusivos no es así- te dan toda la vajilla cubierta y sellada al vacío como si fuera nueva y te pasan unos jarros grandes de té caliente y unas vasijas.  Uno como novato tiende a tomarse el te pero su propósito es diferente, la idea es abrir los platitos, sacar los chopstick, luego verter el té en el pocillo mayor y hacer todo un enjuague y limpieza de la loza y los palitos. Es una medida higiénica que busca desinfectar todo. Yo aun no se si esto es exceso de celo o bien lavan así al lote no más los utensilios y te usan como mano de obra para que les completes el trabajo.

Luego el menú nuevamente dependiendo del establecimiento puede estar en chino o bilingüe. Si no está en ingles hay que recurrir a las fotitos y al nivel de mandarín que se tenga  para dar a entender algo y luego rogar que resulte. Si está en inglés la cosa no es mucho mejor. Claro, si pides carne te llegará carne y no cocodrilo pero el como  la preparan, que salsa le ponen, si era carne con pollo trozado u otro queda sujeto al misterio celestial. Además la generosidad del chef es infinita y aunque hayas pedido una cosa siempre te agregan otra. Una vez en un hotel bien emperifollado de Shenzhen  -lo que hace más universal aun la experiencia-  pedí una sopa de calabaza ya que quería comer algo vegetariano. En el menú decía claramente Pupkin Soup. Pues bien, mientras me la tomaba la cuchara hizo contacto en el fondo con unos objetos marinos no identificados,  un par de gordos camarones. Reclamé que en el menú no decía esto y me lo fueron a cambiar, por cierto solamente sacaron los dos crustáceos y no prepararon el plato de nuevo. En otra ocasión pedí un filete y venía de obsequio encima  un trozo de pescado frito. 

El error de las meseras y meseros es altísimo aunque los platos sean numerados. Pides los fideos número 13 y te traen después de media hora la cabeza de puerco 132 lo que significa esperar con suerte otra media hora por tu plato original. Yo diría que la probabilidad de falla  es cercana al cincuenta por ciento.

Luego está el tema de compartir. La comida China está concebida en esencia para ser socializada con los otros comensales.  Por ello se usa una mesa redonda extensa cuya superficie se gira de manera que todos alcancen el alimento. Se suelen pedir muchos platos dos o tres veces más que lo que se consume. Es además una muestra de generosidad, agasajo y "falta de pobreza"  del que  está invitando. En la práctica esto lleva que cantidades demenciales de comida se  pierdan todo el tiempo en un país que aún tiene mucha pobreza y desigualdad. Es un real problema al punto que el estado ha montado campañas contra esta práctica.

 Respecto a lo anterior y dado que los platos son compartidos los meseros traen las órdenes en forma escalonada. O sea primero sirven algunos,  unos veinte minutos otros y quince minutos el resto. El problema es que cuando vas a un restaurant que pretende ser occidental como un italiano, mexicano, francés y hasta hamburguesas etc. sirven la comida como que fuera china, o sea, si vas en pareja le dan su plato primero a tu chica y al mucho rato llega la tuya y no se hacen problema en ello. Sólo los restaurantes western con administración de auténticos extranjeros sirven como acostumbramos.

 Hay otras cosas menores como que debes pedir tenedor y cuchillo y esperar que tengan si no sabes ocupar palitos. Que por más increíble que parezca no se deja propina. Que se usa poca servilleta y la debes reclamar. Puede que estén pero no te hayas dado cuenta ya que la entregan en unos paquetitos que parecen más pañuelos o toallas higiénicas. Y no te vayas a confundir con otro sobrecito que te pasan y te quede toda la cara mojada por limpiarte, ese es el pañito húmedo  para  las manos.

El consumo de líquidos es también diferente y no lo digo sólo por si te tomaste ya el te de la limpieza. Los chinos no son dados a beber cosas heladas. Los restaurantes sirven te caliente en cuanto te sientas. Cuando ellos ordenan no consumen más que eso. Luego si no quieres sentirte como que es hora de once y pides en forma especial por ejemplo un jugo lo más probable que te lo traigan tibio. Hay que solicitar que en forma especial los brebajes vengan con hielo.

Para lo único verdaderamente incomodo es que se fuma masivamente, sin respeto y contemplaciones. Los hombres chinos son campeones olímpicos para el cigarro. Si hay seis en una mesa son seis chimeneas contaminando. Y les da lo mismo que hayan embarazadas o niños presentes. Los extranjeros, no se quedan atrás, parece  que ya que en sus países les está prohibido consumir tabaco en espacios públicos consideran  esto  un paraíso y se los ve desquitándose a la par con los nacionales..

Todo esto puede ser un complicación para los laowais pero en verdad la mayoría de las cosas pueden ser tomadas como siempre con humor, no hay nada mejor que la cara desconcertada de una mesera que se equivocó en traerte un plato suelen ser muy amables y simpáticas para reaccionar. Es que así es vivir en China sin paciencia o filosofía mejor emigrar a Suiza.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Las Sorpresas de la Comida China


La comida es uno de los grandes temas de vivir en este país,  Y es de hecho uno de los aspectos en que más nos diferenciamos de los chinos al punto que pareciera –como ya lo he dicho en otras ocasiones- que o ellos o nosotros fuéramos extraterrestres.

Partamos con que consideran que los alimentos contienen ciertos elementos de la naturaleza como fuego, frío, humedad, etc. Las carnes, frituras y algunas frutas como Lichi contienen fuego, el pepino y varias verduras tienen frio y los alimentos congelados humedad. Entonces en absoluta coherencia con la medicina china se cuidan de no comer cosas con mucho fuego, o mezclarlos con frio para aplacar dicho calor y otra serie de combinaciones.  Hay de hecho populares brebajes y medicinas especiales para bajar los efectos del fuego. Esto que en nuestro planeta occidental parece algo un poco alternativo de señoras que sacan el Tarot, en China se toma de la más manera más seria. Los médicos, farmacias y todo el sistema de salud giran en torno a estos principios. Yo soy fanático del lichi (es un fruto pequeño dulce de pulpa transparente), me puedo comer un balde completo y ya me ha pasado con algunos amigos chinos que cuando me ven en ello ponen ojos de huevo frito,  creen poco menos que moriré en el acto al ingerir niveles de fuego tan alto. Y su explicación para no irme directo al ataúd es que los chinos y los laowais simplemente tenemos organismos diferentes, casi suscribiendo la tesis de que uno de los dos somos marcianos.

Luego está el tema del sabor. Y dejemos algo claro para los que no han visitado este país. Salvo por los palitos chinos y porque es trozada la comida china que se vende en nuestros países no tiene NADA QUE VER con la verdadera comida de estas tierras. Y lo puse en mayúsculas porque Nada es Nada.  La comida tailandesa siendo exótica se acerca a nuestros sabores, la japonesa y coreana también pero la China ni cerca.

Nótese que es un tema de lo más subjetivo, que sólo estoy dando mi opinión representativa  de la mayoría y a la vez reducida gente que conozco. Tampoco me quiero meter en problemas gastronómicos, acá no hay un tipo de cocina sino que cada región tiene la suya. Por ejemplo la provincia sureña de Guandong donde vivo es más cargada al arroz y el norte más a los fideos por decir algo muy simplón. Pero a mis ojos inexpertos todas son más o menos parecidas, muy aceitosas –mucho aceite de maní- , pesadas, cargadas al picante, de sabor curioso y sobre todo muy misteriosa.

Los chinos comen una variedad de carnes mucho más extensa que nosotros lo que a veces  incluye serpientes, anguilas, cocodrilos, perro y algunos insectos como escorpiones, gusanos, u otros. Tienen la famosa frase que  comen "todo lo que se mueve"  hasta caballitos de mar he encontrado exhibidos en una carta de un restaurant de Guangzhou a pesar que están en peligro de extinsión. Podemos decir que lo que en occidente sería un hermoso acuario turístico lleno de pececitos,  tiburones y especies exóticas en China podría ser perfectamente  un restaurant.

 Luego no tienen el concepto de los cortes de las carnes,  no se toma en consideración en el pollo si es pechuga, trutro, pico o trasero se troza lo que venga a la suerte y se prepara. Lo mismo para el vacuno cerdo y  demases. También en este sentido no se pierde casi nada del animal todo se come lo que sin duda se vincula a los no lejanos años de pobreza y hambruna que vivió este país. Por ejemplo las patas de pollo se venden como si fueran papas fritas y la gente las consume en cualquier parte como una delicia. Alguna vez tuve una reunión con una vendedora que me invitó a almorzar y se puso a comer patitas de pollo como entremés. Cuando les agarraba con los dientes el cartílago hacía un ruido chirriante que ni me quiero acordar.

Pero quizás lo más notable es el tema de las cabezas. Los platos de carnes siempre llevan incluida y muy destacada la cabeza del animal. La comida te mira en China y es difícil sacarle la vista, cabezas de cerdo, gallina y el bicho que sea  quedan paraditos en el plato atravesándote con sus ojos y clamando por justicia.

Pero para mí la prueba suprema de que pareciera que nuestras papilas gustativas son redondas y las de ellos cuadradas es que LOS CHINOS NO COMEN CHOCOLATE. A duras penas cuando veo un delicioso chocolate puesto arriba de una mesa me puedo aguantar la tentación de no devorármelo completo sin convidarle a nadie ni a mis hijos siquiera. Y creo que a la mayoría de los mortales nos pasa lo mismo. Pero para los chinos es bien indiferente, lo encuentran molestamente dulce. Los niños más pequeños han ido adquiriendo este gusto pero muy poco.

Luego un poco más lateral está el tema de la distribución de la mesa. En una reunión familiar o de empresa hay todo un ritual de donde se debe sentar el jefe de familia, director de compañía, líder del partido o cualquier macho alfa.  
 
Esto debe ser mirando al este y en frente de la puerta, y todos los demás súbditos se deben colocar en relación a la ubicación de él. A su lado deben estar los segundos de mando, luego los de rango medio y así hasta los empleados comunes en una pirámide descendente. En las familias sería desde los abuelos paternos, padres, tíos, hijos e hijas, primos etc.

Al respecto me provoca mucha diversión la historia de mi amigo mexicano Alex que dirige una compañía en Shenzhen y que varias veces por protocolo debe participar en  la comida y las fiestas de su empresa. Pues bien el detesta que el aire acondicionado le llegue a la espalda así que siempre elige ubicarse en la mesa lo más lejos posible de este. Pues cuando se para y cambia de puesto genera un gran sentimiento de alboroto y vacío existencial en sus empleados que se miran entre ellos no entienden como recorcholis sentarse y donde ya que el gran jefe no está en frente a puerta.

Otro mundo es el de los restaurantes pero eso lo dejaré para el próximo post.
 
 
 
Publicidad de Platos de serpiente y Tortuga de un restaurant.

Carta de Restaurant de Guanzhou donde ofrecen Caballito de Mar y Escorpión.
 
 
De fondo cartel de restaurant donde muestra como sirven el pollo cocido con cabeza y todo.

viernes, 23 de agosto de 2013

Shekou Tarde-Noche

Hace unas semanas escribí sobre lo que ocurre en nuestro barrio  muy temprano en la mañana. Ahora quisiera contar como es en la tarde-noche y la noche. Para ello tengo la ventaja  de vivir en un país que es inusualmente seguro y que por tanto es absolutamente caminable de forma distraída y observante,  además del hecho de que entre mi oficina y mi departamento sólo hay treinta minutos a pie.

Shekou es un barrio donde viven la mayoría de los extranjeros de Shenzhen más del 80%. Pero esto ni de cerca significa que sea un ghetto de “laowais” no debemos representar ni el 5% de la población de esta zona. No obstante el hecho es lo suficientemente influyente y atractivo para que existan en varios puntos bares, restaurantes y comercios orientados en cierta manera a los foraneos pero que igual son frecuentados mayoritariamente por los chinos que  les gusta "lo western". 

Otra cuestión re interesante es que es el barrio más residencial y exclusivo pero al mismo tiempo y a diferencia de Santiago y muchas capitales latinoamericanas es para nada segregado. A cuadras de los edificios más costosos de toda china están verdaderos dormitorios obreros iguales a los que se ven en la zona industrial de Baoan, o sea ricos, clase media y pobres conviven en un espacio más o menos común.

Una de las cosas que más llama la atención es la cantidad de gente que anda en las calles de noche. Mi recorrido habitual va desde "Sea World" que es el punto neurálgico de la zona, algo así como su gran plaza pública, llena de restaurantes y vida nocturna, pasando en su mayor parte por el "Old Shekou" que es el sector más extenso, comercial, chino y popular y llegando a los edificios de "Península" al borde del mar que es donde vivo. 

"Old Shekou" de noche hierve de gente. Está lleno de restaurant chinos que se repletan de comensales. Estos son muy sencillos, más parecido a un comedor popular tipo restaurant de caleta o de mercado en nuestros países. Con mesas a la calle confeccionadas de tubo de metal y madera aglomerada y asientos plásticos auspiciados por una marca de cerveza o bebida. Los platos  son unas preparaciones rarísimas  llena de vegetales, arroz y pedazos trozados de sabrá uno que cosa que expelen un olor muy fuerte a fritura intergaláctica que es propia de la verdadera comida China -valga la pena la distinción-  y que a mucha gente que he conocido y que ha venido a estas tierras les resulta insoportable. Las cocinas que están a la vista así como los cocineros no se ven muy limpias, alrededor de las mesas tampoco con los contenedores de basura a pocos metros. Pero debo decir algo por justicia, yo que he comido más de una vez en estos rincones o similares jamás me he enfermado del estomago en cambio en Chile en algunos locales muy respetados me he ido incluso intoxicado al hospital.

El porque hay tanta gente dando vuelta de noche en estos comedores y en las calles se puede explicar básicamente por el sol del día que normalmente no baja de los 30 grados en esta urbe con un verano de diez  meses pero también porque la mayor parte de los departamentos de la gente trabajadora promedio por ahorro de espacio y costo no tienen cocina y. Y es que el sistema es coherente ya que estos restaurant son muy baratos. La comida china en general en un restaurant simple o uno medio de buena calidad vale un tercio o incluso un cuarto de lo que cuesta un occidental. Además lo ocupan naturalmente como distracción social, hasta bien tarde se ve a la gente parloteando y compartiendo con amigos, colegas y novias en estos sitios.

Entre medio de este mismo sector, pero también en “Sea World” y cerca de un condominio de departamentos famoso llamado "Coastal Rose Garden" hay varios bares normalmente con una mesa de pool y varias chinitas jóvenes,  lindas y semi desnudas esperando o agasajando sus clientes. Los nombres de estos bares lo dicen todo "relax bar", "x-ta-sea", "I love you" etc. Normalmente se ven a gringos viejos, gordos y bien feos que de seguro en Estados Unidos o Australia no conseguirían más que una escoba paseando y toqueteando a chinitas prostitutas o simplemente chicas "que hay muchas" que ven a los “laowais” aunque sean hipopótamos como una oportunidad de ascenso social e incluso salir de China.  

Pero sin duda lo más atractivo es que tipo 20:00 en varias plazas y abajo de los principales edificios las señoras y sobre todo viejitas de la tercera edad -por ahí se incorpora alguna jovencita y hasta un caballero- ponen música alegre y se ponen a bailar en unas coreografías muy masivas. Algunas ya en pijama o en bata. El sistema es tipo "follow the leader" o sea una instructora va marcando las simples coreografías gimnásticas y las demás en una serpenteante fila las van siguiendo. Estos grupos pueden llegar fácil a ser de 50 personas o más y religiosamente están levantando sus manitas y “moviendo el bote” todos los días a la misma hora.

En la costanera del frente de mi casa se llena de gente. Unos chicos hacen en una explanada ejercicios en patines. Bajo un toldo unas señoras bailan unos danzas chinas tradicionales, otros hacen taichí y mucha pero mucha gente simplemente pasea y comparte. Y es que yo diría que esto es un aspecto bien valorable de la cultura china; ellos ocupan y disfrutan el pleno sus espacios públicos.
 
 
Sea World la Gran Plaza Pública


Chicas esperando a sus clientes en un bar de Old Shekou

Comedor a la calle de Old Shekou


El Gran Baile de la noche