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viernes, 23 de agosto de 2013

Shekou Tarde-Noche

Hace unas semanas escribí sobre lo que ocurre en nuestro barrio  muy temprano en la mañana. Ahora quisiera contar como es en la tarde-noche y la noche. Para ello tengo la ventaja  de vivir en un país que es inusualmente seguro y que por tanto es absolutamente caminable de forma distraída y observante,  además del hecho de que entre mi oficina y mi departamento sólo hay treinta minutos a pie.

Shekou es un barrio donde viven la mayoría de los extranjeros de Shenzhen más del 80%. Pero esto ni de cerca significa que sea un ghetto de “laowais” no debemos representar ni el 5% de la población de esta zona. No obstante el hecho es lo suficientemente influyente y atractivo para que existan en varios puntos bares, restaurantes y comercios orientados en cierta manera a los foraneos pero que igual son frecuentados mayoritariamente por los chinos que  les gusta "lo western". 

Otra cuestión re interesante es que es el barrio más residencial y exclusivo pero al mismo tiempo y a diferencia de Santiago y muchas capitales latinoamericanas es para nada segregado. A cuadras de los edificios más costosos de toda china están verdaderos dormitorios obreros iguales a los que se ven en la zona industrial de Baoan, o sea ricos, clase media y pobres conviven en un espacio más o menos común.

Una de las cosas que más llama la atención es la cantidad de gente que anda en las calles de noche. Mi recorrido habitual va desde "Sea World" que es el punto neurálgico de la zona, algo así como su gran plaza pública, llena de restaurantes y vida nocturna, pasando en su mayor parte por el "Old Shekou" que es el sector más extenso, comercial, chino y popular y llegando a los edificios de "Península" al borde del mar que es donde vivo. 

"Old Shekou" de noche hierve de gente. Está lleno de restaurant chinos que se repletan de comensales. Estos son muy sencillos, más parecido a un comedor popular tipo restaurant de caleta o de mercado en nuestros países. Con mesas a la calle confeccionadas de tubo de metal y madera aglomerada y asientos plásticos auspiciados por una marca de cerveza o bebida. Los platos  son unas preparaciones rarísimas  llena de vegetales, arroz y pedazos trozados de sabrá uno que cosa que expelen un olor muy fuerte a fritura intergaláctica que es propia de la verdadera comida China -valga la pena la distinción-  y que a mucha gente que he conocido y que ha venido a estas tierras les resulta insoportable. Las cocinas que están a la vista así como los cocineros no se ven muy limpias, alrededor de las mesas tampoco con los contenedores de basura a pocos metros. Pero debo decir algo por justicia, yo que he comido más de una vez en estos rincones o similares jamás me he enfermado del estomago en cambio en Chile en algunos locales muy respetados me he ido incluso intoxicado al hospital.

El porque hay tanta gente dando vuelta de noche en estos comedores y en las calles se puede explicar básicamente por el sol del día que normalmente no baja de los 30 grados en esta urbe con un verano de diez  meses pero también porque la mayor parte de los departamentos de la gente trabajadora promedio por ahorro de espacio y costo no tienen cocina y. Y es que el sistema es coherente ya que estos restaurant son muy baratos. La comida china en general en un restaurant simple o uno medio de buena calidad vale un tercio o incluso un cuarto de lo que cuesta un occidental. Además lo ocupan naturalmente como distracción social, hasta bien tarde se ve a la gente parloteando y compartiendo con amigos, colegas y novias en estos sitios.

Entre medio de este mismo sector, pero también en “Sea World” y cerca de un condominio de departamentos famoso llamado "Coastal Rose Garden" hay varios bares normalmente con una mesa de pool y varias chinitas jóvenes,  lindas y semi desnudas esperando o agasajando sus clientes. Los nombres de estos bares lo dicen todo "relax bar", "x-ta-sea", "I love you" etc. Normalmente se ven a gringos viejos, gordos y bien feos que de seguro en Estados Unidos o Australia no conseguirían más que una escoba paseando y toqueteando a chinitas prostitutas o simplemente chicas "que hay muchas" que ven a los “laowais” aunque sean hipopótamos como una oportunidad de ascenso social e incluso salir de China.  

Pero sin duda lo más atractivo es que tipo 20:00 en varias plazas y abajo de los principales edificios las señoras y sobre todo viejitas de la tercera edad -por ahí se incorpora alguna jovencita y hasta un caballero- ponen música alegre y se ponen a bailar en unas coreografías muy masivas. Algunas ya en pijama o en bata. El sistema es tipo "follow the leader" o sea una instructora va marcando las simples coreografías gimnásticas y las demás en una serpenteante fila las van siguiendo. Estos grupos pueden llegar fácil a ser de 50 personas o más y religiosamente están levantando sus manitas y “moviendo el bote” todos los días a la misma hora.

En la costanera del frente de mi casa se llena de gente. Unos chicos hacen en una explanada ejercicios en patines. Bajo un toldo unas señoras bailan unos danzas chinas tradicionales, otros hacen taichí y mucha pero mucha gente simplemente pasea y comparte. Y es que yo diría que esto es un aspecto bien valorable de la cultura china; ellos ocupan y disfrutan el pleno sus espacios públicos.
 
 
Sea World la Gran Plaza Pública


Chicas esperando a sus clientes en un bar de Old Shekou

Comedor a la calle de Old Shekou


El Gran Baile de la noche
 

domingo, 28 de julio de 2013

Cosas que se ven trotando en la mañana

Producto de la tremenda presión que he experimentado en este tiempo que  me llevaba a despertarme bajoneado o dándole vuelta al hámster tomé una de las mejores decisiones de los últimos años;  salir a trotar media hora todas las mañanas. A  pesar que siempre había odiado está forma de ejercicio y que competitivamente en una maratón de cojos llegaría último le he ido agarrando cariño al cuento. El efecto físico de mantenerme en buen estado físico pero sobre todo lo que ayuda a cambiar el switch mental es increíble. Quedo siempre listo para ponerle "bueno" a una  nueva jornada. Además en estos días de vacaciones de verano me acompaña mi hijo mayor Alejandro lo que me hace aún más feliz.

Pero hablando en la sociológica es interesante ver en que están nuestros vecinos chinos a la misma hora o sea tipo 6 :30 am alrededor del condominio. Ya he explicado que "Península" el sector donde vivo en el barrio de Shekou es muy lindo, al borde el mar y lleno de parques y  jardines. O sea un lugar ideal para la actividad física. Y la gente es en general muy madrugadora y a esa hora ya hay mucho movimiento.

Lo primero que llama la atención es que hay letreros por todos lados que indican que no se puede hacer deporte, andar en bicicleta, picnic, llevar mascotas y casi que está prohibido respirar en las áreas verdes lo que podría disuadir penosamente a un ingenuo. Por ende y fiel al estilo de este país está lleno de gente chuteando pelotas, paseando a sus perros y andando en Bici. Como dice mi Patty  las dos leyes de China son: uno En China todo es Difícil" y dos "en China todo es posible".

Se ve -lo que es fantástico-  a muchísima gente mayor haciendo ejercicio trotando, taichí, o muchas otras variantes. Varios salen con sus pijamas muy estereotipados floreados o rallados según el sexo en esta costumbre tan de acá de exhibir sin vergüenza las prendas de dormir. Algunos de esos viejitos hacen unas contorsiones increíbles para cualquier edad casi circenses.

Luego parece que te hubieses golpeado en la cabeza durante la noche porque como que la realidad se convierte en una película en retroceso. El ejercicio más habitual de China es de gente caminando hacia atrás. Tal cual. Cientos de personas cual en un estado de franca rebeldía anatómica avanza en sentido contrario. He escuchado occidentales que me dicen que es un magnifico ejercicio. Pero de que es muy raro lo es, estoy seguro dada mi habilidad con las técnicas orientales que no sobreviría un minuto haciéndolo sin caerme a una zanja. Pero los chinos le llevan la facilidad natural del retroceso.

Otra actividad es la auto laceración. Esos mismos que caminan para atrás se van dando golpes a sí mismo por todas partes piernas espaldas, brazos, etc. Seguro que también tiene un origen muy místico que ignorante desconozco pero de que se dan se dan.

 Siguiendo con las rarezas, hay un par de señores con unos tarros "enchulados" convertidos en trompos que con unos robustos látigos los golpean con violencia y los hacen girar. Parece que esto también cae en la categoría de ejercicio o tendrá una relación con el ying y yang. De otra forma no me explico estar a esa hora despierto torturando un trompo otrora un digno tarro de tomates.

Los abuelitos seguidores del Tai-chi son bastantes y se ven lindos y armónicos haciendo sus ejercicios en contraste con unas señoras que practican la danza del vientre que sólo confirma que el movimiento grácil de caderas que acompaña muchos bailes está bien lejos de lo tiesos que son los chinos.

Otro lote pasea a sus -como ya he contado- silenciosos y pusilánimes perros, que siempre andan sueltos, sin ladrar, perseguir gatos,  portándose tan inusualmente bien que ni siquiera le huelen el trasero a otros perros. Esta renuncia a su esencia canina me intriga profundamente y aun no le encuentro la vuelta.


Luego hay una china flaca y muy mística que es profesora de yoga que dirige al aire libre a una decena de señoras que con sus mat siguen sus indicaciones. Por último muchos hombres salen simplemente a pasear a fumarse un cigarro y llenarles de humo a los que queremos vivir tranquilos, lo que es el real y súper deporte nacional masculino en China. Se ve incluso tipos que después de trotar se ponen a fumar, insólito pero propio de Zhonguo la tierra donde todo es posible.
 

lunes, 10 de junio de 2013

Estresado por el Taichi en Chile y China Parte II

Una vida equilibrada espiritual, emocional y laboralmente ayuda a tener una existencia armoniosa, combatir el estrés y tomarse las cosas con calma. Esa fue mi súper cliché conclusión al salir de la tina que es algo así como mi templo de las reflexiones y los análisis. Varias de mis más importantes decisiones vitales las he tomado en conjunto con Manfred, mi patito de hule.

Este tiempo en China h...a sido de gran presión y estrés y necesitaba una actividad que me sacara del trabajo y las preocupaciones. Le pedí ayuda a mi gran amigo Gonzalo López Pardo en Chile que es maestro de yoga, el me recomendó su disciplina pero en China no hay Yoga meditativo sinó más bien gimnástico que no me gusta. Y así, sin aprender que la historia es para no repetir los errores del pasado, me inscribí en taichí .

 El grupo es liderado por una profesora delgadita y pequeña muy exigente y unos siete a diez chinos. Todos se juntan al borde de un lindo parque que hay acá abajo de mi condominio.
El ejercicio comienza con el calentamiento que consiste en ir siguiendo a la maestra en el movimiento de cada una de las partes del cuerpo en forma circular. Al final se hace una elongación tocándose parado la punta de los pies y luego inclinándose en el suelo con las piernas totalmente estiradas y abiertas para un lado y para otro. Todo esto último un imposible total para mí que desde que era bebé y me chupaba mi pie nunca más he logrado estirarme con flexibilidad. Esto que para mis compañeros orientales es solo una previa a mí me deja duchado de sudor, agarrotado y extenuado.
 A continuación vienen unos movimientos básicos del taichí en coordinación con movimientos de piernas y brazos hacia derecha e izquierda que más o menos logré captar como a la cuarta clase.
El momento crucial es cuando la Laoshi (profesora) pone una música china zen con su parlante portátil muy kitsch de figura de auto que se le iluminan sus foquitos de colores y mis compañeros se ponen a hacer los ochenta y seis set de movimientos que incluye la disciplina. Un baile portentoso, a ritmo lento, con giros, llaves, saltos, contorsiones, etc. Todos en perfecta coordinación con su propio cuerpo y entre el grupo mismo. Les pones trajes tradicionales del país y perfectamente puedes creer que se trata del ballet nacional de China, son secos. La primera clase le pregunté a la profesora que balbucea inglés cuanto tiempo toma lograr todos estos movimientos esperando que me respondiera algo así como diez años o toda una vida de trabajo. Me respondió "solo tres meses". Efectivamente, mis gráciles compañeros muchos de ellos sólo llevan un tiempo en clases, otros, un par de años. Ahí se me hizo un cortocircuito, para mí sólo hacer uno de esos movimientos puede tardarme los tres meses y el total tres generaciones o lo que dure la raza humana en la Tierra.

Mientras los chinos hacían su rutina de movimientos que dura como treinta minutos la profesora me ponía en una posición con las piernas medio flectadas, mirando al horizonte con los brazos hacia adelante y los pulgares hacia arriba, tal como se ve en la foto que adjunté arriba. Como los guardias ingleses del palacio de Buckingham casi sin pestañar en "situación de momia es". Siendo una posición habitual del taichí es como estar castigado con el gorro de burro.

Luego, la clase continua con una sesión de elongación que consiste en acercarse a un muro y suspender en 75 grados cada pierna apoyándola en la pared y quedarse así unos diez minutos por cada una. Otra tortura china que mientras la hago requiero concentración total, mientras sudo y tiemblo como jalea y que para mis amarillos compañeros es como un minuto social para conversar hablar de la vida y los dumplings con sus extremidades extendidas.

Ya llevo cumplidas doce clases y he llegado a la conclusión que con Manfred tomamos una mala decisión. La profesora ya perdió toda la paciencia conmigo. No puede creer que a duras penas he aprendido y mal, uno de los 86 set de ejercicios . Se para al frente mío y trata de que siga sus movimientos de brazos y siempre me enredo y los hago al revés por el efecto espejo de tenerla al frente y por ser negadísimo para estas cosas. Se desespera que mis piernas no se muevan de manera armónica con mis brazos y muchas veces se agacha y me las mueve ella como si yo fuera una marioneta y tratando de comprobar si son de palo y si los extraterrestres de Chile tenemos articulaciones.

Claramente la tengo desconcertada y le habla a mis compañeros en chino repitiendo la palabra Laowai (extranjero) tomándose el pelo, agarrándose la cabeza y con cara de desesperación. La logré sacar de su punto zen, le tengo hinchado el yin y el yang.

Igual trata de ser amable, me pasó un libro y un video para que estudie tres horas diarias taichí. Yo le explico que no lo haré porque este espacio es para relajarme y distraerme no para estudiar y estresarme. Para eso está el trabajo. Y trata de entenderme. Pero va contra la naturaleza de ellos. Como ya he explicado para los chinos no hay actividad sin rigor, estudio y dedicación. Relajarse es un concepto para los extranjeros.

En conclusión estoy esperando que se me cumplan los plazos y luego a buscar otra cosa. ¿Serviré para el circo chino?

miércoles, 22 de mayo de 2013

Estresado por el Taichi en Chile y China


A mis veintitantos, recién salido de la universidad y ante las entusiastas recomendaciones de un primo,  me metí al Instituto de Cultura China de Santiago a practicar Taichi. Lo hice en un 5% por hacer una actividad física recreativa y en un 95% para encontrar polola (novia) que era mi obsesión compulsiva en esos años. Qué reconfortante la libertad de decirlo hoy sin mucha vergüenza, casi cualquier cosa que hacía en esos tiempos era pensando en mujeres. Esto es como "una salida del clóset" de los nerd como yo.

Pagué caro: matrícula y como doce cuotas, al estilo universidad privada y quede así amarrado económicamente por unos buenos meses a las profundas enseñanzas motoras-filosóficas del gigante asiático.

Éramos como sesenta personas y obviamente que Murphy metió su cola y  resultó que no había ninguna chica guapa, ni medio guapa,  sino un gran número de señoras de edad, viejitos y uno que otro adefesio como yo.

El profesor no era chino sino un muchacho joven, flaco, bajito y de barba. Levemente carismático, no muy simpático, y - algo que me chocó desde el principio - es que en cada descanso de los ejercicios se fumaba un cigarrillo. Nunca he entendido a la gente que hace actividades "naturales" y al mismo tiempo se contamina el cuerpo.

Respecto a cómo me fue, valga una introducción que mis compañeros del colegio podrán refrendar. Yo soy descoordinado, pero no así como solo "descordinadito", sino horrible profunda y severamente, descoordinado. Es casi un talento, creo poderle dar a mi país una medalla si hubiese una olimpiada de los discordes. Cuando estaba en gimnasia en secundaria y el profesor nos hacía los típicos ejercicios de abrir y cerrar los brazos al mismo tiempo que las piernas, avanzar para un lado a la izquierda y luego a la derecha, yo parecía un personaje de comedia gringa, todos iban para un lado y yo cual pájaro apostonado aleteando lastimosamente me iba para el otro, dañando estéticamente la performance del grupo.

Peor aún, adquirí el elemental concepto de izquierda y derecha de "Plaza Sésamo" cuando aprendí a manejar o sea recién a los 23 años y, a leer los relojes de palitos no digitales como a los 25 (y aún me cuesta). O sea mal. Jamás debí pasar el pre kínder. Esto es como otra confesión de "salida del clóset", pero ahora de los tontos.

Y bueno con esa pobre "base" como dicen los profesores me aventuré al Taichi. ¿Cómo resultó? Acá una breve cronología:

Clase 1:  El profesor nos hizo el calentamiento inicial que es parte de la rutina e incluye  movimientos circulares y de elongación  de todo el cuerpo, entre ellos el típico de doblar el cuerpo inclinado y tocarse los pies con las manos estando parado, cuestión en la cual mi récord es solo llegar hasta las rodillas, pero traté con optimismo en el futuro. Luego, nos enseñó la primera rutina y más elemental  de movimientos básicos. Brazos, manos y piernas en acción en gráciles posturas orientales en cámara lenta. Gente hábil lo aprendió rápido y a la primera.

Clase 2: Nuevamente calentamiento, otra vez mis manos en la elongación apenas hasta la rodilla. El profesor se aventura a enseñar la segunda rutina de movimientos. Un grupo de mis admirables compañeros más hábiles la captan de inmediato y otro grupo, al que pertenezco, seguimos reforzando la primera rutina. Más de la mitad logran pasar a la parte dos y otros seguimos entusiastas intentando la uno.

Clase 3: Sigo ya un poco frustrado sin elongar más allá de la rodilla. El profesor va por la rutina tres y cuatro y mis odiosos compañeros que se creen chinos, de nuevo la aprenden a la primera. Otro grupo practica la dos y como cinco giles nos seguimos quedando en la uno.

Clase 4: Odiaba elongar, lo asumí. Los desgraciados bailarines alma de "wantan" se aprenden dos rutinas más. El grupo del medio progresa y avanza a nuevas lecciones. En la división porra del Taichi, incapaz de pasar la primera lección me quedo solo con mi compañera, una gordita con problemas de gota y artritis, y don Manuel, un caballero cercano a los ochenta con vacíos de memoria.

Clase 5: ¡Bravo don Manuel!!! Lo logró. Yo y la gordita seguimos en el grupo de rezago.

Clase 6: No hago la puta elongación. La maldita gordita pasa a la rutina dos. Soy el único pelotudo que en doce horas de Taichi no es capaz de coordinar unos ejercicios muy básicos de mover las manitas, bajar y subir brazos,  mientras el 90% se mueve cual si fueran el equipo olímpico de Rumania. Posibilidad de polola: cero, la gordita no es mi tipo y, además, me siento  humillado por ella.

Clase 7: Directo a la oficina de administración del instituto a rogar que me devuelvan parte de la plata y los anticipos. Es lo único en que me fue más o menos bien en mi clase de Taichi.

Con este penoso antecedente, veinte años después, y harto más viejo se me ocurre en la mismísima China volver a intentar el Taichi. La próxima lo cuento.