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domingo, 1 de septiembre de 2013

Las Sorpresas de la Comida China


La comida es uno de los grandes temas de vivir en este país,  Y es de hecho uno de los aspectos en que más nos diferenciamos de los chinos al punto que pareciera –como ya lo he dicho en otras ocasiones- que o ellos o nosotros fuéramos extraterrestres.

Partamos con que consideran que los alimentos contienen ciertos elementos de la naturaleza como fuego, frío, humedad, etc. Las carnes, frituras y algunas frutas como Lichi contienen fuego, el pepino y varias verduras tienen frio y los alimentos congelados humedad. Entonces en absoluta coherencia con la medicina china se cuidan de no comer cosas con mucho fuego, o mezclarlos con frio para aplacar dicho calor y otra serie de combinaciones.  Hay de hecho populares brebajes y medicinas especiales para bajar los efectos del fuego. Esto que en nuestro planeta occidental parece algo un poco alternativo de señoras que sacan el Tarot, en China se toma de la más manera más seria. Los médicos, farmacias y todo el sistema de salud giran en torno a estos principios. Yo soy fanático del lichi (es un fruto pequeño dulce de pulpa transparente), me puedo comer un balde completo y ya me ha pasado con algunos amigos chinos que cuando me ven en ello ponen ojos de huevo frito,  creen poco menos que moriré en el acto al ingerir niveles de fuego tan alto. Y su explicación para no irme directo al ataúd es que los chinos y los laowais simplemente tenemos organismos diferentes, casi suscribiendo la tesis de que uno de los dos somos marcianos.

Luego está el tema del sabor. Y dejemos algo claro para los que no han visitado este país. Salvo por los palitos chinos y porque es trozada la comida china que se vende en nuestros países no tiene NADA QUE VER con la verdadera comida de estas tierras. Y lo puse en mayúsculas porque Nada es Nada.  La comida tailandesa siendo exótica se acerca a nuestros sabores, la japonesa y coreana también pero la China ni cerca.

Nótese que es un tema de lo más subjetivo, que sólo estoy dando mi opinión representativa  de la mayoría y a la vez reducida gente que conozco. Tampoco me quiero meter en problemas gastronómicos, acá no hay un tipo de cocina sino que cada región tiene la suya. Por ejemplo la provincia sureña de Guandong donde vivo es más cargada al arroz y el norte más a los fideos por decir algo muy simplón. Pero a mis ojos inexpertos todas son más o menos parecidas, muy aceitosas –mucho aceite de maní- , pesadas, cargadas al picante, de sabor curioso y sobre todo muy misteriosa.

Los chinos comen una variedad de carnes mucho más extensa que nosotros lo que a veces  incluye serpientes, anguilas, cocodrilos, perro y algunos insectos como escorpiones, gusanos, u otros. Tienen la famosa frase que  comen "todo lo que se mueve"  hasta caballitos de mar he encontrado exhibidos en una carta de un restaurant de Guangzhou a pesar que están en peligro de extinsión. Podemos decir que lo que en occidente sería un hermoso acuario turístico lleno de pececitos,  tiburones y especies exóticas en China podría ser perfectamente  un restaurant.

 Luego no tienen el concepto de los cortes de las carnes,  no se toma en consideración en el pollo si es pechuga, trutro, pico o trasero se troza lo que venga a la suerte y se prepara. Lo mismo para el vacuno cerdo y  demases. También en este sentido no se pierde casi nada del animal todo se come lo que sin duda se vincula a los no lejanos años de pobreza y hambruna que vivió este país. Por ejemplo las patas de pollo se venden como si fueran papas fritas y la gente las consume en cualquier parte como una delicia. Alguna vez tuve una reunión con una vendedora que me invitó a almorzar y se puso a comer patitas de pollo como entremés. Cuando les agarraba con los dientes el cartílago hacía un ruido chirriante que ni me quiero acordar.

Pero quizás lo más notable es el tema de las cabezas. Los platos de carnes siempre llevan incluida y muy destacada la cabeza del animal. La comida te mira en China y es difícil sacarle la vista, cabezas de cerdo, gallina y el bicho que sea  quedan paraditos en el plato atravesándote con sus ojos y clamando por justicia.

Pero para mí la prueba suprema de que pareciera que nuestras papilas gustativas son redondas y las de ellos cuadradas es que LOS CHINOS NO COMEN CHOCOLATE. A duras penas cuando veo un delicioso chocolate puesto arriba de una mesa me puedo aguantar la tentación de no devorármelo completo sin convidarle a nadie ni a mis hijos siquiera. Y creo que a la mayoría de los mortales nos pasa lo mismo. Pero para los chinos es bien indiferente, lo encuentran molestamente dulce. Los niños más pequeños han ido adquiriendo este gusto pero muy poco.

Luego un poco más lateral está el tema de la distribución de la mesa. En una reunión familiar o de empresa hay todo un ritual de donde se debe sentar el jefe de familia, director de compañía, líder del partido o cualquier macho alfa.  
 
Esto debe ser mirando al este y en frente de la puerta, y todos los demás súbditos se deben colocar en relación a la ubicación de él. A su lado deben estar los segundos de mando, luego los de rango medio y así hasta los empleados comunes en una pirámide descendente. En las familias sería desde los abuelos paternos, padres, tíos, hijos e hijas, primos etc.

Al respecto me provoca mucha diversión la historia de mi amigo mexicano Alex que dirige una compañía en Shenzhen y que varias veces por protocolo debe participar en  la comida y las fiestas de su empresa. Pues bien el detesta que el aire acondicionado le llegue a la espalda así que siempre elige ubicarse en la mesa lo más lejos posible de este. Pues cuando se para y cambia de puesto genera un gran sentimiento de alboroto y vacío existencial en sus empleados que se miran entre ellos no entienden como recorcholis sentarse y donde ya que el gran jefe no está en frente a puerta.

Otro mundo es el de los restaurantes pero eso lo dejaré para el próximo post.
 
 
 
Publicidad de Platos de serpiente y Tortuga de un restaurant.

Carta de Restaurant de Guanzhou donde ofrecen Caballito de Mar y Escorpión.
 
 
De fondo cartel de restaurant donde muestra como sirven el pollo cocido con cabeza y todo.

domingo, 28 de julio de 2013

Cosas que se ven trotando en la mañana

Producto de la tremenda presión que he experimentado en este tiempo que  me llevaba a despertarme bajoneado o “dándole vuelta al hámster” tomé una de las mejores decisiones de los últimos años;  salir a trotar media hora todas las mañanas. A  pesar que siempre había odiado está forma de ejercicio y que competitivamente en una maratón de cojos llegaría último le he ido agarrando cariño al cuento. El efecto físico de mantenerme en buen estado físico pero sobre todo lo que ayuda a cambiar el switch mental es increíble. Quedo siempre listo para ponerle "bueno" a una  nueva jornada. Además en estos días de vacaciones de verano me acompaña mi hijo mayor Alejandro lo que me hace aún más feliz.

Pero hablando en la sociológica es interesante ver en que están nuestros vecinos chinos a la misma hora o sea tipo 6 :30 am alrededor del condominio. Ya he explicado que "Península" el sector donde vivo en el barrio de Shekou es muy lindo, al borde el mar y lleno de parques y  jardines. O sea un lugar ideal para la actividad física. Y la gente es en general muy madrugadora y a esa hora ya hay mucho movimiento.

Lo primero que llama la atención es que hay letreros por todos lados que indican que no se puede hacer deporte, andar en bicicleta, picnic, llevar mascotas y casi que está prohibido respirar en las áreas verdes lo que podría disuadir penosamente a un ingenuo. Por ende y fiel al estilo de este país está lleno de gente chuteando pelotas, paseando a sus perros y andando en Bici. Como dice mi Patty  las dos leyes de China son: uno “En China todo es Difícil" y dos "en China todo es posible".

Se ve -lo que es fantástico-  a muchísima gente mayor haciendo ejercicio trotando, taichí, o muchas otras variantes. Varios salen con sus pijamas muy estereotipados floreados o rallados según el sexo en esta costumbre tan de acá de exhibir sin vergüenza las prendas de dormir. Algunos de esos viejitos hacen unas contorsiones increíbles para cualquier edad casi circenses.

Luego parece que te hubieses golpeado en la cabeza durante la noche porque como que la realidad se convierte en una película en retroceso. El ejercicio más habitual de China es de gente caminando hacia atrás. Tal cual. Cientos de personas cual en un estado de franca rebeldía anatómica avanza en sentido contrario. He escuchado occidentales que me dicen que es un magnifico ejercicio. Pero de que es muy raro lo es, estoy seguro dada mi habilidad con las técnicas orientales que no sobreviría un minuto haciéndolo sin caerme a una zanja. Pero los chinos le llevan la facilidad natural del retroceso.

Otra actividad es la auto laceración. Esos mismos que caminan para atrás se van dando golpes a sí mismo por todas partes piernas espaldas, brazos, etc. Seguro que también tiene un origen muy místico que ignorante desconozco pero de que se dan se dan.

 Siguiendo con las rarezas, hay un par de señores con unos tarros "enchulados" convertidos en trompos que con unos robustos látigos los golpean con violencia y los hacen girar. Parece que esto también cae en la categoría de ejercicio o tendrá una relación con el ying y yang. De otra forma no me explico estar a esa hora despierto torturando un trompo otrora un digno tarro de tomates.

Los abuelitos seguidores del Tai-chi son bastantes y se ven lindos y armónicos haciendo sus ejercicios en contraste con unas señoras que practican la danza del vientre que sólo confirma que el movimiento grácil de caderas que acompaña muchos bailes está bien lejos de lo tiesos que son los chinos.

Otro lote pasea a sus -como ya he contado- silenciosos y pusilánimes perros, que siempre andan sueltos, sin ladrar, perseguir gatos,  portándose tan inusualmente bien que ni siquiera le huelen el trasero a otros perros. Esta renuncia a su esencia canina me intriga profundamente y aun no le encuentro la vuelta.


Luego hay una china flaca y muy mística que es profesora de yoga que dirige al aire libre a una decena de señoras que con sus mat siguen sus indicaciones. Por último muchos hombres salen simplemente a pasear a fumarse un cigarro y llenarles de humo a los que queremos vivir tranquilos, lo que es el real y súper deporte nacional masculino en China. Se ve incluso tipos que después de trotar se ponen a fumar, insólito pero propio de Zhonguo la tierra donde todo es posible.
 

domingo, 7 de julio de 2013

Masajes Chinos: Placeres y Sorpresas


De las mejores cosas de China son sus masajes. En este país hay una amplia cultura al respecto. Prácticamente cada dos cuadras encuentras un centro de masajes y normalmente muy económico. El sur de China de hecho es considerado "el paraiso del SPA".
 
Los masajes son normalmente de dos tipos: masajes de pie (foot Masasage) o  masajes de cuerpo (body Massage). Claro que hay un tercero muy apetecido por los extranjeros pero bueno es difícil catalogarlo en rigor como masaje.
 
El primero, masaje de pie es una delicia por 15 dólares o menos te sientas en un sillón muy cómodo, te ofrecen fruta y té. Luego traen un balde de madera grande con agua tibia y al que le ponen, flores, leche y brebajes sorpresa y ahí introduces tus pies que se preparan mientras te hacen un masaje en los hombros, espalda, brazos y cabeza. Luego de esa larga previa estiras tus pies, el o la masajista saca unas botellitas de aceites aromáticos y comienza el proceso.

Recomendaciones: pedir que te traten con suavidad, con mucha en verdad. Los chinos especialmente se hacen un masaje muy duro en que te pueden enterrar los nudillos hasta casi ser atravesado el pie. Ahí pasa del placer a la tortura. También es importante controlar las cosquillas que es el gran secreto del disfrute, debes tratar de estar relajado o le puedes largar  una patada en la cabeza al masajista. Y por último es bueno saber que puedes elegir a quién te hace el masaje. A mi por ejemplo no me gusta que me masajee un hombre.
 
El segundo, masaje de cuerpo es en una clásica camilla de masajes, con ese orificio en la cara para que quedes bien horizontal. Puede ser con aceites aromáticos o sin él. Siempre es mejor, mucho más agradable y suave con aceite. Es completo desde los pies a la cabeza con mucha atención en hombros y espalda. La recomendación es la misma avisar del principio que sea suave o te pueden dejar como boxeador amateur contra Muhammad Ali, además si no tienes nudos en la espalda u hombros es mejor no hacerlo porque no es en rigor un masaje de relajación sino descontracturante.

Un tema importante en todo esto es elegir bien el masaje que quieres. Si pagaste muy caro y te llevan a una pieza individual con cama y te aparece una chinita guapona en minifalda es que elegiste sabiendo o sin saber la alternativa tres.

 Yo sé que en esto seré bien festinado pero a mí no me gusta probar chicas pagadas. Respeto profundamente su milenaria profesión que la encuentro de veras mucho más digna que muchas y a sus trabajadoras tan valorable como cualquiera y más. Sin embargo estoy felizmente enamorado y además para mí el sexo no puede ser sólo $$$$$$$.
 
Sin embargo me ha pasado un par de veces que los proveedores me han ofrecido sesiones de masajes en que de sorpresa han aparecido despampanantes chinitas y créame el que me crea no sin dolor de dientes por decirlo en forma fina he dicho que no. Porque además soy de la mitad de los hombres al que le gustan las orientales. Acá en la comunidad latina hay una vieja discusión al respecto de si son guapas o no.
 
Como anécdota el año pasado fui a un centro de masajes de un hotel cinco estrellas con un cliente que era un señor de bastante edad. Quería que conociera los masajes chinos de pie y cuerpo y se relajara.  Pedí el masaje tailandés que me insistieron que tomara porque era muy bueno. Y cometí el error de aceptarlo sin mucha información.
 
La parte de los pies perfecta y el señor estaba muy contento. Pero luego nos vinieron a buscar un par de chinitas bien altas como modelos nos agarraron de la mano y nos metieron cada uno a un cuarto. Cuando vi que era una cama comprobé que había cometido un serio error. La chica que carraspeaba inglés no entendía nada cuando le dije no quería "sex massage" y le pedí que me hiciera masaje normal que por supuesto que dada su especialidad resulto ser pésimo. Pero mi preocupación estaba en la pieza contigua. De pronto el cliente salió súper enojado. Yo debí ir a verlo rápido estaba con la cara consternada y me alego en términos muy duros. Debimos partir rápido, pagar caro y yo recibir un buen reto del "cómo se me ocurría", me sentí pésimo y me recriminé de cómo no haber sido más cuidadoso. Además el pobre caballero que salió nervioso no pudo dormir en toda la noche, quedó impactado.
 
Al otro día el mismo me insistió que quería repetir masaje de pie. Fuimos y para sorpresa mía y sin aviso previo vi que pidió además masaje Tailandés. " ¿Pero cómo? no es que a usted....?. .Y me miro el octogenario con cara de pillín. "Tengo un asunto privado que resolver". La misma chinita que antes lo había dejado como jalea de nervioso se lo llevo a la “Oscurito”. Volvió feliz sonriente y relajado y esa noche durmió como tronco.  

miércoles, 22 de mayo de 2013

Estresado por el Taichi en Chile y China


A mis veintitantos, recién salido de la universidad y ante las entusiastas recomendaciones de un primo,  me metí al Instituto de Cultura China de Santiago a practicar Taichi. Lo hice en un 5% por hacer una actividad física recreativa y en un 95% para encontrar polola (novia) que era mi obsesión compulsiva en esos años. Qué reconfortante la libertad de decirlo hoy sin mucha vergüenza, casi cualquier cosa que hacía en esos tiempos era pensando en mujeres. Esto es como "una salida del clóset" de los nerd como yo.

Pagué caro: matrícula y como doce cuotas, al estilo universidad privada y quede así amarrado económicamente por unos buenos meses a las profundas enseñanzas motoras-filosóficas del gigante asiático.

Éramos como sesenta personas y obviamente que Murphy metió su cola y  resultó que no había ninguna chica guapa, ni medio guapa,  sino un gran número de señoras de edad, viejitos y uno que otro adefesio como yo.

El profesor no era chino sino un muchacho joven, flaco, bajito y de barba. Levemente carismático, no muy simpático, y - algo que me chocó desde el principio - es que en cada descanso de los ejercicios se fumaba un cigarrillo. Nunca he entendido a la gente que hace actividades "naturales" y al mismo tiempo se contamina el cuerpo.

Respecto a cómo me fue, valga una introducción que mis compañeros del colegio podrán refrendar. Yo soy descoordinado, pero no así como solo "descordinadito", sino horrible profunda y severamente, descoordinado. Es casi un talento, creo poderle dar a mi país una medalla si hubiese una olimpiada de los discordes. Cuando estaba en gimnasia en secundaria y el profesor nos hacía los típicos ejercicios de abrir y cerrar los brazos al mismo tiempo que las piernas, avanzar para un lado a la izquierda y luego a la derecha, yo parecía un personaje de comedia gringa, todos iban para un lado y yo cual pájaro apostonado aleteando lastimosamente me iba para el otro, dañando estéticamente la performance del grupo.

Peor aún, adquirí el elemental concepto de izquierda y derecha de "Plaza Sésamo" cuando aprendí a manejar o sea recién a los 23 años y, a leer los relojes de palitos no digitales como a los 25 (y aún me cuesta). O sea mal. Jamás debí pasar el pre kínder. Esto es como otra confesión de "salida del clóset", pero ahora de los tontos.

Y bueno con esa pobre "base" como dicen los profesores me aventuré al Taichi. ¿Cómo resultó? Acá una breve cronología:

Clase 1:  El profesor nos hizo el calentamiento inicial que es parte de la rutina e incluye  movimientos circulares y de elongación  de todo el cuerpo, entre ellos el típico de doblar el cuerpo inclinado y tocarse los pies con las manos estando parado, cuestión en la cual mi récord es solo llegar hasta las rodillas, pero traté con optimismo en el futuro. Luego, nos enseñó la primera rutina y más elemental  de movimientos básicos. Brazos, manos y piernas en acción en gráciles posturas orientales en cámara lenta. Gente hábil lo aprendió rápido y a la primera.

Clase 2: Nuevamente calentamiento, otra vez mis manos en la elongación apenas hasta la rodilla. El profesor se aventura a enseñar la segunda rutina de movimientos. Un grupo de mis admirables compañeros más hábiles la captan de inmediato y otro grupo, al que pertenezco, seguimos reforzando la primera rutina. Más de la mitad logran pasar a la parte dos y otros seguimos entusiastas intentando la uno.

Clase 3: Sigo ya un poco frustrado sin elongar más allá de la rodilla. El profesor va por la rutina tres y cuatro y mis odiosos compañeros que se creen chinos, de nuevo la aprenden a la primera. Otro grupo practica la dos y como cinco giles nos seguimos quedando en la uno.

Clase 4: Odiaba elongar, lo asumí. Los desgraciados bailarines alma de "wantan" se aprenden dos rutinas más. El grupo del medio progresa y avanza a nuevas lecciones. En la división porra del Taichi, incapaz de pasar la primera lección me quedo solo con mi compañera, una gordita con problemas de gota y artritis, y don Manuel, un caballero cercano a los ochenta con vacíos de memoria.

Clase 5: ¡Bravo don Manuel!!! Lo logró. Yo y la gordita seguimos en el grupo de rezago.

Clase 6: No hago la puta elongación. La maldita gordita pasa a la rutina dos. Soy el único pelotudo que en doce horas de Taichi no es capaz de coordinar unos ejercicios muy básicos de mover las manitas, bajar y subir brazos,  mientras el 90% se mueve cual si fueran el equipo olímpico de Rumania. Posibilidad de polola: cero, la gordita no es mi tipo y, además, me siento  humillado por ella.

Clase 7: Directo a la oficina de administración del instituto a rogar que me devuelvan parte de la plata y los anticipos. Es lo único en que me fue más o menos bien en mi clase de Taichi.

Con este penoso antecedente, veinte años después, y harto más viejo se me ocurre en la mismísima China volver a intentar el Taichi. La próxima lo cuento.

lunes, 1 de abril de 2013

Ir al Dentista en China....


Uno de estos días estaba yo disfrutando de una bolsa de maní Chino. Acá el maní es muy popular, barato y rico. Incluso todo lo cocinan con aceite de maní –que es bien malito- en vez de maravilla. De pronto, uno de los granos me resultó duro como piedra y reclamé al universo por la falta de prolijidad de los chinos en empacar sus cosas. Pues bien, al rato sentí algo raro en mi boca, la recorrí por dentro y mi lengua descubrió la intriga, me acababa de comer uno de mis dientes… no era culpa de los chinos.

No sé cómo, pero se me había salido completa una muela, dejándome un hoyo con contacto directo con la raíz. Tomaba algo helado o una simple respiración profunda y se me paraban todos los pelos. Debía ir al dentista urgente. El detalle escabroso… estaba en China.

Mis recuerdos del dentista son atroces. Mientras muchos niños rememoran con indiferencia y hasta cariño sus idas a este especialista, para mí fue lo contrario. Mi padre mi llevaba donde la señora Margot que atendía en el centro. Nunca podré olvidar los gritos desgarradores  que salían de los niños grandes, pequeños y hasta adultos que entraban a su sala y se sentaban en su silla de tortura. Y por cierto los dolores horribles que me provocaba, al punto que muchas veces me ponía tan nervioso que ni siquiera me tomaba la anestesia. Creo que la vieja %&&%$· debió ser directamente torturadora.

El asunto era que no tenía tiempo para esperar debía arriesgarme a ir a un dentista chino. Le pregunté a mi amigo Ernesto que me recomendó uno donde se había hecho un tratamiento y con la Patty de la mano y muerto de susto partí para allá.  Al llegar, nos recibieron con mucha alegría dos chinitas que nos llevaron donde el doctor. Era un señor de aspecto serio que no hablaba inglés, por tanto sus ayudantes eran sus traductoras. Me revisó y me dijo que debía ponerme una corana porque se me había salido el diente y que parecía que la raíz estaba bien, pero si me llegaba a doler había que hacer un tratamiento conducto. Eso además, me aterró desde el bolsillo.

Me mandaron a sacar unas radiografía al salón de al lado. Era un pedazo del futuro, con una maquina gigante blanca llena de brazos y cámaras como un ”transformer” que te atenazaba, ahí me apoyaron para morder una lámina, se activaron unas luces, ruiditos y ya. Pero la chica que manejaba por fuera el asunto movía la cabeza como que algo había salido mal, entonces llegó otra chinita y me hizo volver a morder y de nuevo luz y ruido, pero nada. Entró otra y otra apretando botones, teclados, pantallas táctiles etc. Esto de cuando se multiplican y agrupan las chinitas es siempre un síntoma de que las cosas no van bien. Eso me dio mala espina y aumentó mi tensión. Cómo no eran capaces de hacer funcionar la radiografía cibernética. Finalmente, cuando ya habían llegado unas seis chicas, y la confusión era total, y yo todavía con la placa en la boca llegó el dentista y puso orden, se haría el asunto sin radiografía. Y de vuelta a la silla del dentista.

Luego el doctor me preguntó que cuál corona quiero, si de cerámica, cerámica con metal, metal solo, aleación y otras veinte opciones. Me dijo que me convenía muchísimo el diente de cerámica, porque es más lindo, muerde mejor, da más estatus, casi que era el diente de la serpiente de agua del calendario chino. Pregunto los precios y claro la famosa corona costaba como 500 USD. Decidí ponerme uno de metal no más, total se trataba de una muela y excepto que un día quede inconsciente con la boca abierta nadie se va a dar cuenta lo que tengo tan adentró de mi boca. Pero dale con el de cerámica y su carácter esplendido y la volví a rechazar. Como dicen los mexicanos la religión de este país es “la lana”.

Cuando ya estaba listo y el dentista preparaba su accionar, un pensamiento perturbador recorrió mi cabeza  al punto que estuve a punto de pararme e irme. Me acordé que alguien me había contado que en la medicina China el dolor es síntoma de salud. Usan dosis pequeñas de medicamentos de todo tipo ya que tienen la teoría de que el dolor ayuda a testear el estado del paciente. Entonces pensé…. Chuta estos tipos no deben usar anestesia. Me morí de miedo, me puse pálido y me quise arrancar. El dentista le preguntó a la chinita qué me pasaba, yo miraba a la Patty con cara de “sáquenme de aquí”. Entonces consulté derechamente  si usaban anestesia o no, con la sensación de que no habían entendido mi inglés y, por cierto, me miraron con cara comprensiva al mismo tiempo como diciendo “pobre Laowai estúpido”. Por su puesto usaban anestesia. “Just relax” me dijo la chinita, cerré los ojos, miré a la Patty por última vez como si fuera un chimpancé que están a punto de mandarlo a orbitar al espacio, cerré los ojos y me entregué.

Debo decir que el dentista chino era seco, no me dolió casi nada, usaba incluso anestesia previa de cremita para poner las inyecciones de la anestesia dura. Y cuando me ponía muy tenso la chinita me pasaba un pañito húmedo por la frente y de nuevo “just relax”. Todo perfecto.

Lo único desagradable es que el dentista se acerca a tu boca y quedas muchas veces pegado a su cara, y el dentista como la mayoría de los chinos tenía un aliento a dragón oriental de la madre cebollín horrible, un par de veces esto me provocó arcadas y estuve a punto vomitar con todos los instrumentos, taladro y mangueritas adentro de mi boca. Por suerte, lo pude controlar.

A la salida agradecí a todos con rostro de satisfacción y alivio y pregunté qué  cosa no podía morder con aquel diente. Nuevamente, me miraron con cara de “laowai estúpido” y me dijeron que lo único que no podía masticar era hueso. Me sentí como un labrador.

Pero fuera de eso, mi corona quedó perfecta, el trabajo fue de primera y debo decir al igual que el hospital chino que hasta ahora la medicina en china me parece muy re estupenda.