domingo, 23 de marzo de 2014

Varados en Filipinas Parte 1

Cuando ya habíamos decidido que el destino de estas vacaciones sería la Isla de Boracay en Filipinas comencé con mi usual compulsión de acumular información del viaje, de manera que casi ningún detalle pudiese quedar al azar. Esto incluye el ticket de avión más barato, buscar hotel bien ubicado y al mejor precio, traslados de aeropuerto a destino, datos, fotos, blogs de viajeros, sitios web, horas y horas de fantasear con el control de  tener todo bien cubierto. Y he aquí que se aplica, una vez más, la frase de nuestro amigo Gio: “Si quieres hacer reir a Dios a carcajadas, solo cuéntale de tus planes”.

En Manila, tomamos el vuelo camino a Kalibo, localidad que marca la ruta más habitual para llegar a nuestro destino, y como ya anticipé, al arribar al aeropuerto yo lo tenía todo planificado. El manual recolectado de Internet decía que había que mirar los puestos de atención ubicados alrededor de la cinta transportadora que ofrecían el traslado conjunto tipo 2x1, es decir, bus hasta el pueblito de Caticlan y desde ahí ferry hasta Boracay, todo operado por la misma empresa. Por ello, tomamos las maletas y nos fuimos prestamente  a comprar los tickets. Pero algo andaba mal, las chicas de los counters como que miraban para el lado, con poco interés de vender pasajes, haciéndose “las locas” o con la boca media chueca como que estaban complicadas. Sin importar lo que a gritos me decía el lenguaje gestual, fui y pedí mis tickets. La canción fue la misma en todas partes “sólo le podemos ofrecer el traslado a Caticlan, pero no el ferry” ¿La razón? Un nuevo tifón azotaba Filipinas (recordemos que hace sólo unos meses tuvieron la tragedia del Haiyan) - “No le aconsejo tomar embarcación alguna, es muy peligroso” - Yo miré al cielo para mi particular evaluación del clima y ni siquiera llovía. Me pareció tan incoherente que no tomé mayor atención y compré no más el bus confiando que en la estación de Caticlan habría gente más sensata y con mejor sentido de predicción meteorológica que estas “alharacas”.

Luego de una hora y media en van, serpenteando la selvática geografía filipina y acompañado de varios turistas -lo que reforzaba mi convicción de que nos habían dado una información errónea o tendenciosa- llegamos al Jeti Port de Caticlan. Era un lugar techado tipo sala de espera en que debían caber unas 200 personas. Pero ¡ohhh, porfiada realidad! Ya había unos 600 turistas que abarrotaban y hormigueaban por el estrecho espacio, las boleterías estaban cerradas y un caos total reinaba en el lugar. Ahí recién entré en razón, las muchachas del aeropuerto no eran tan mensas. Le pregunté a un guardia que custodiaba una cinta de control de equipaje y me ratificó “la autoridad ha suspendido el cruce a la isla por el tifón”.

Acá, un importante paréntesis pues en esto tengo “carrete”… Como diez años atrás nos fuimos de vacaciones en pleno verano chileno a Frutillar, un famoso destino turístico en el sur de mi país, ubicado a orillas del lago Llanquihue. Eran nuestras primeras vacaciones con buen presupuesto como familia después de unos años de vacas flacas. Así que decidimos tomarnos extensas dos semanas, arrendar una linda cabaña a orillas de la playa, ir con nuestra nana para que cuidara a los niños que estaban chiquitos y pudiéramos disfrutar más en pareja, en fin. ¿Y qué resultó? Fiasco total… nos tocó un temporal en que de los 15 días, llovieron 13, con frío y viento más encima, un  episodio climático que no se veía en décadas en esas fechas. Nos pasamos encerrados y neuróticos, los niños estaban hiperquinéticos - eléctricos al no poder salir. Los terminamos llevando casi a diario al cine o a juegos electrónicos tipo flipper en el mall de Puerto Montt, ciudad que queda a bastantes kilómetros de distancia, y a otros malos y poco saludables panoramas indoor…. pésimo.

Y entonces decidimos elegir en el verano siguiente un destino donde el mal tiempo fuera “casi” imposible, nos tomamos también más de diez días en pleno trópico, la afamada Buzios, en Brasil. Mal auspicio, cuando llegamos estaba lloviendo pero no dimos mayor atención era algo normal en aquel ambiente. Mas al día siguiente no paraba la lluvia, nos metimos a un café internet a peguntar el estado del tiempo y el tipo que nos atendió nos contó que por primera vez en el siglo había un temporal tremendo en Brasil que duraría diez días seguidos. Nos mostró las noticias en la TV y se podían ver derrumbes de tierra por la lluvia en Rio de Janeiro, inundaciones, muertos, lluvia, agua y acaba de mundo. Según el pronóstico del tiempo la irracionalidad climática acabaría justo el día que nos íbamos. Yo casi me puse a llorar, era muy “mala pata”. Fue tanto el shock que con la Patty decidimos deliberadamente perder contacto con la realidad  y tomar una actitud autista y altanera  frente el clima.  O sea, mientras se la pelaba lloviendo nos íbamos con nuestras toallas, gorros, baldes para los niños, quitasol, protector solar y todo lo demás a la playa como si fuesen los días más hermosos del mundo, nos bañamos en la playas desiertas e hicimos abstracción casi psicotrópica del sentido común. Los brasileños con parcas y muertos de frio nos miraban como locos.


Meses después me tocó por trabajo ir a Guadalajara y sufrí otros temporales imposibles dignos del
cretácico. Era como las caricaturas de la Pantera Rosa, la nube negra del mal tiempo me perseguía sólo a mí. Luego los dioses entraron en razón, sólo era un mortal anónimo que no merecía tanto castigo y al cabo de cómo 5 años el calentamiento global dejo de ensañarse sólo conmigo.

Continuará....

domingo, 9 de marzo de 2014

Los hijos de Manila


Este año nuevo chino, con sus largos días feriados,  decidimos con la familia ir a conocer Boracay en Filipinas uno de los balnearios y destinos turísticos más famosos de Asia. Para llegar hay que hacer escala en Manila y nosotros somos de esa gente aburrida que piensa que vacaciones no es sólo broncearse al sol sino que aprender de esta oportunidad única en nuestras existencias de poder conocer los lugares, historia y cultura de los países que visitamos. Por ello decidimos quedarnos un par de días en la capital de este país a sabiendas que es un lugar bastante poco mencionado y hasta desdeñado por las recomendaciones de los viajeros.

De entrada me llamó la atención que no fuera una ciudad muy poblada. Me esperaba una  hiper metrópolis como Bangkok pero sólo posee un millón y medio de habitantes. 

Mirada a ojos de un esteticista la ciudad es bien fea. Gris, algo sucia, con mucha construcción a medio terminar, pasos sobre nivel que dejan esas cicatrices de rincones inservibles y oscuros debajo de ellos, muy pobre y con un tráfico áspero, lento e insufrible.  Incluso los lugares más prósperos por ejemplo alrededor de los hoteles cinco estrellas o los edificios modernos de áreas de negocios eran igualmente poco agraciados.  Con todo, que les puedo decir, yo igual la encontré encantadora. Creo que me estoy enamorando del bullicio, el caos, los colores, aromas, la calidez de la gente, y ese “no se qué” que tiene el sudeste asiático.

Tal vez fue por disposición psicológica o exceso de información preliminar, pero emocionalmente Manila la percibí como una ciudad herida y violada, que exhala por los poros que es una sombra de lo que fue.

El lugar fue el centro de la colonización española en Asia que, al fin y al cabo, era el leitmotiv de toda la empresa conquistadora española de la edad moderna. Dicho en sencillo el viaje de Colón fue para encontrar algo así como Filipinas y no América. Dos veces al año zarpaba el famoso e invaluable Galeón de Manila con sus especias, sedas y todo tipo de utensilios de China y Asia en general que luego tocaba México y terminaba en el puerto de Cádiz en España. Para dimensionar su importancia podemos decir que la razón de ser del control de este territorio era básicamente cargar y despachar dicho barco.

Esta Filipinas española se fundó desde 1571 en la zona llamada “Intramuros” que por ende albergó dentro de sus murallas fortificadas los principales edificios coloniales, gobernación, catedral, iglesias, plazas, escuelas, universidades, hogares, la vida cívica. Un tesoro histórico arquitectónico de primerísimo orden en la edad de oro de la conquista ibérica.

Siglos más tarde, en 1898 producto de la Guerra Hispano-Estadounidense los europeos perdieron la soberanía de Filipinas a manos de los ”norteamericanos”. Hasta ese momento el archipiélago tenía las características generales de cualquiera de las posesiones españolas en América es decir, religión católica, idioma español, arquitectura colonial y todo aquello. Hoy, pasado nada más de un siglo –que en términos de historia es muy poco- increíble y tristemente no queda mucho de esa herencia. En el país se extinguió el idioma de la metrópolis, hoy se habla inglés y muchos dialectos (tagalo, en Manila) y sólo quedan de recuerdo los nombres y apellidos de la gente, el de algunas calles, restoranes y lugares varios, y la religión.

Pero lejos lo más grave es lo que ocurrió en Intramuros. Filipinas fue invadida por Japón durante la Segunda Guerra Mundial –vayan tomando nota cuantas veces han sido invadidos- y estos decidieron primero establecer su gobierno ocupando esa zona de la ciudad y luego, para colmo, cuando iban perdiendo la guerra, refugiar sus tropas entre sus sólidas murallas de piedra. Pues bien, dado que el país está bastante lejos de la atención mundial -más aún en esos años- y que les interesaba "un huevo" la herencia cultural española si podían terminar antes la guerra, los "americanos" decidieron bombardear Intramuros completo. Lanzaron más bombas que todas las que cayeron sobre Londres durante el conflicto y pulverizaron, completamente siglos de herencia humana en unos pocos días. Ni les cuento si tuvieron cuidado en proteger la población local, los civiles, familias, niños…a buen entendedor.... Ahora, en las últimas décadas se ha ido de a poco reconstruyendo algo, pero si los antiguos muros son un rompecabezas, ya las cenizas de los tesoros que contenían simplemente se perdieron.

En otra mirada de la ciudad  vale la pena mencionar los niños de Manila. No creo equivocarme al decir que el desarrollo de un país se puede medir visualmente de acuerdo al trato y condiciones en que están sus hijos.

 Recuerdo una hermosa niñita que pedía al medio de la calle -que no habrá superado los siete años- a horas avanzadas de la noche. Al ver que era extranjero se pegó insistentemente al vidrio de mi puerta del taxi en que viajaba para exigir una moneda. Me entraron todas las antiguas dudas -de como diría un izquierdista vetusto "pequeño burgués"- que me generaban en el Chile de antaño si era correcto o no dar dinero a un niño sabiendo que son mandados por sus padres, pequeñas mafias, o quizás qué. 

También recuerdo camino al aeropuerto, en una carretera en que los automóviles no andaban a menos de ochenta kilómetros por hora, cómo un grupo de niños pobrísimos habían hecho suya la berma e incluso un poco más de calle para correr, perseguirse y jugar. Un error de cálculo y era atropello seguro. Me imaginé a una madre -de las que conozco- viendo solo a su hijo acercarse a varios metros de ese riesgo, tomando del pelo al chico y gritándole un sermón que le recuerde no volver nunca a acercarse al peligro. Las de estos niños en cambio, ubicadas  a metros de ellos, los miraban de reojo mientras lavaban en un bandejón central algo en unos baldes.

En Intramuros por su parte, vi a varios grupos de chicos, hijos de pequeños y modestos locatarios, jugar en arterias y veredas. En este caso no había tanto riesgo ya que no transitaba mucho vehículo. Lo más llamativo era cómo ocupaban las calles y al mismo tiempo, el barrio completo como su gran e ilimitado campo de juego. Unos con los pies sucios y descalzos, jugaban a montar un largo palo como si fuera un caballo. Otros corrían de un lado para otro. Qué distinto al mundo híper protegido de nuestros hijos que poco sacan la nariz de su casa por protección. Me quedó dando vuelta que a pesar de los riesgos, ese parque ilimitado debe ser muy pleno y lleno de tesoros y emociones. Y no pude dejar de pensar tampoco, guardando grandes diferencias en mi propia niñez…..

jueves, 6 de marzo de 2014

Sexo Chinese Style

Sexo chinese style- sexo en China, cultura sexual china
La sexualidad como sabemos es parte y reflejo de la cultura y, por supuesto, un país que en la mayor parte de los asuntos tiene concepciones tan diferentes a nosotros, en este interesante y sabroso aspecto no se podía quedar atrás.

Sin rodeos, partamos hablando de las mujeres por sus partes anatómicas más llamativas para el género masculino, o sea el trasero y/o el busto.  En Occidente, solemos dar bastante más morbo a que una chica exhiba abiertamente sus nalgas a que muestre su delantera. O sea, si la muchacha se muestra sin calzones (bombachas, bragas, tantos nombres), es considerada mucho más osada que una que muestra sus pechos. Esto parece más o menos lógico desde el punto de vista fisiológico, ya que nos suena que existe mucho más intimidad que esconder en la entrepierna. En algunas playas, en Europa y otras, no es raro ver chicas en topless, así como en escenas del cine, TV o en el teatro. El que una actriz no muestre su torso, casi ya ni lo consideramos un desnudo, hasta las “Femen” de Ucrania protestan de esa forma.  Pero claro, cómo no, en China es todo al revés.

En Zhongguo las mujeres suelen usar mini faldas muy pero muy minis; muestran sus piernas hasta bieeeen arriba, pero nunca verás una china con escote. Si pasa una fémina con su mini a la altura del ombligo nadie se da vuelta a mirarla, cero impresión. En Latinoamérica muchos quedarían enamorados, silbando y comprarían flores. En cambio, si aparece una occidental desprevenida mostrando con una blusa o polera su redondez, se detienen todos los chinos a mirarlas con cara de bobos, reciben carterazos de sus novias y pueden detener el transito. Como decía nuestra amiga mexicana, Noemí "acá hacen un escándalo con los pechos, pero anda a ver una china subiendo la escalera, se le ven hasta los riñones".

A un amigo chino le contaba que me era difícil saludar a una chica que fuese mi amiga con mucha distancia como se usa en China, ya que en Chile cuando tenemos a una mujer que nos es cercana le damos un abrazo y un beso. El me miraba desconcertado "¿pero cómo… y así les aprietas sus senos?"

Los chinos no son de piel. La gente se saluda con distancia, a lo más se dan la mano. No existe ni remotamente el beso en la mejilla acompañando un “Hola”. Si besas a una china en la mejilla, esta saca el ramo y el anillo de una. La dejas petrificada, avergonzada y hasta tendrías que casarte en el acto con ella. Las mismas parejas en la intimidad del hogar son bastante poco demostrativas, el contacto, los abrazos y besos existen, pero escasos. Y eso que en esta tierra son más cálidos que en otros lugares de Asia. Una amiga chilena me contaba que en Japón –donde la cosa es aun más fría- le tocó presenciar la llegada del esposo de una chica japonesa a su casa. Pareja joven. El tipo había estado un mes ausente por negocios  Abrió la puerta, sonrió, saludó a lo lejos y se fue a la pieza.

Respecto a lo anterior, en China ocurre a menudo que las parejas se casan y luego no viven juntas. Por trabajo, el hombre se va para una ciudad y la mujer para otra. Y no es raro incluso que el bebé que tengan luego sea enviado donde los abuelos en una tercera locación. Este mismo esquema ocurre en una pareja ya de años, si es que especialmente al marido le ofrecen un trabajo atractivo en una ciudad diferente a su hogar, aunque quede lejos y le signifique no ver a su familia, muchas veces lo aceptan. En consecuencia, vale la pena preguntarse cómo funciona el tema de la fidelidad.

La china es una sociedad básicamente machista, en evolución, pero muy machista al fin. Y muy avanzado el siglo XX aún se daba el sistema de concubinato, o sea un hombre con dinero podía tener a su esposa y varias mujeres como sus segundas, repartidas ojalá en diferentes ciudades. Hoy eso no es legal y ha cambiado de forma, pero de alguna manera sigue existiendo. Es bien sabido que un señor de dinero tiene a su mujer oficial y segundas o terceras esposas con la aceptación o no de aquella por la cual se caso por la ley.

También aunque no sea público está muy claro que hay todo un mercado sexual para los varones. Principalmente con la fachada de masajes que está masificada en cada esquina, muchos de ellos ofrecen desde un “final feliz” hasta “feliz feliz” con la chinita toda para el consumidor. A eso hay que sumar gran cantidad de clubes nocturnos, karaokes y prostitución callejera. Por tanto, resulta imposible pensar que una mujer que sabe que su pareja vive en otra ciudad y con tamaña tentación le va a ser fiel. Más bien parece algo asumido y casi por derecho.

Lo que viene a ser muy interesante producto del desarrollo económico es lo que está ocurriendo con las esposas oficiales y las extra-oficiales de estos “business man” cuando ellos están ausentes, o sea casi todo el tiempo. Además de asistir al gimnasio, el spa, salón de belleza, compartir con las amigas, o lo que sea, cada vez es más común que tengan un amante y al menos en ciertas zonas más cosmopolitas si éste resulta ser occidental, fornido y joven, tanto mejor. Y lo muestran con algún nivel de soltura a sus camaradas así como “mira lo que me agarré”. Bien por la igualdad de género y por aquel nuevo rubro que habrían encontrado algunos “laowais”. Al fin y al cabo cada uno sabe a lo que se dedica.

De todas formas todo esto no es muy evidente, está más bien oculto y no es un tema para hablarlo en la sobremesa, pero sin duda es popular y masivo. Como en muchas culturas el real comportamiento sexual tiene dosis de doble estándar también en China.

domingo, 2 de marzo de 2014

El dilema de elegir escuela en China


Para los extranjeros con hijos que viven o quieren mudarse a China, un tema muy importante desde el inicio es el de las escuelas. Como casi todos queremos que nuestros niños obtengan esa difícil combinación de que aprendan y sean felices, añadiendo el que aprovechen estos años para aprender inglés, chino y la cultura local, esta tela tiene mucho paño que cortar.

Partamos por los precios – y hablo sólo de mi conocimiento de Shenzhen y Guangzhou - un colegio privado internacional, esto es para extranjeros expatriados, no cuesta menos de 1200 dólares mensuales, muchos, USD 1500  y no pocos, USD 2000 por niño. El pago es semestral o trimestral “cash” y en adelantado, nada de cuotas, cheques o demases. Sus tarifas se reajustan anualmente y con una inflación no menor al diez por ciento. Claramente están pensadas para gente sin conciencia del dinero -marcianos- y como esos seres no existen, sólo los que no tienen más alternativa o las empresas transnacionales que envían a sus ejecutivos con sus familias a tamaña aventura son los que  pagan. Con esos valores incluso en mi querido “Chilito” educo como a cinco hijos y logro que mi perro hable arameo. ¡Si!!! Es de locos… ¡carísimo!!! La ventaja es que el niño o muchacho se encontrará en un ambiente diseñado para él, con compañeros que viven su misma realidad, clases en inglés y si no tiene el idioma, lo nivelan con paciencia. Además, en orden a las características de sus pupilos, la introducción del idioma y la cultura local se maneja con gradualidad.  Estas escuelas están acreditadas mundialmente lo que permite que cuando vuelvan a sus países puedan continuar los estudios en su mismo nivel. Las hay con currículum estadounidense, inglés, canadiense, francés, japonés, coreano, etc.

¿Qué tienen en contra además del precio? Que son verdaderas burbujas de niños extranjeros más o menos “bien”, reforzado con  el hecho de que no admiten a estudiantes chinos (la ley no lo permite) lo que aisla aun más a los estudiantes del entorno en que están viviendo.

Luego, está la alternativa de colegios privados chinos con curriculum en inglés. Una escuela así vale entre 1000 y 600 dólares mensuales y también debe ser pagada al contado. Los niños que asisten a ella son mayoritariamente chinos aunque muchas tienen una importante minoría de chicos extranjeros que no pudieron o no quisieron pagar las internacionales.

Yo diría que como todo en la vida tienen de luz y de sombra. Lo bueno, pueden llegar a mezclar muy bien la disciplina y rendimiento oriental con la creatividad y visión más panorámica de Occidente. Además, permite a los niños compartir con chicos locales que serán la mayoría de su curso lo que los inserta y los aleja de vivir en “ghettos”. Las clases de chino son de verdad por lo que aprenden muy bien el idioma. Lo malo, tampoco son baratas sino todo lo contrario y exponen a los pequeño, aunque sea parcialmente, a los aspectos menos graciosos y luminosos de la cultura oriental y china en particular que me da pie para pasar a la alternativa tres.

La tercera opción naturalmente es que los niños estudien en un colegio chino de currículum estatal. En este caso los precios son razonables como usualmente ocurre con los de su tipo en el mundo. Muchas familias que he conocido valoran el hecho que en estas escuelas esté garantizado que los chicos se comporten bien que la exigencia sea oriental o sea extremadamente exigente y que la obediencia sea vertical y muy estricta.

En base a la experiencia recogida y la de muchos amigos y conocidos me atrevo a decir que para la mayor parte de los occidentales resulta imposible imaginar a nuestros hijos estudiando en un colegio chino tradicional. Más aun, me atrevo a decir que es quizás el aspecto en que la brecha y choque cultural es más profundo.

Comenzando con lo idiomático, las clases son impartidas en chino Mandarín, un lenguaje muy difícil de asimilar. En vista de esta barrera sólo niños bastante pequeños que tienen una capacidad muy grande de aprendizaje -propia de su edad-  pueden aspirar a integrarse no sin dificultad. Pero entre más grande sean se le hará más difícil o derechamente imposible.

 Luego está la concepción educacional de oriente. En China las escuelas son tremendamente exigentes. Se educa no para aprender solamente sino para ser el mejor. Se asume que los niños en edad escolar deben vivir para estudiar. Es tanto así que usualmente los niños siguen yendo a la escuela también los sábados y domingos a reforzar materias o bien tienen actividades extra programáticas como asistir a un instituto de inglés, clases de piano o diferentes deportes. Pero todo esto,  no con un fin recreacional sino derechamente competitivo para ojalá ser un campeón o un gran virtuoso de la disciplina seguida. Por tanto el que inscribe a su hijo en una escuela china para que este sea “feliz”, se desarrolle  emocionalmente en armonía con la naturaleza, y otras vainas de corte humanista tan propia de nuestro hemisferio… que quede claro, eso aquí no existe. Trabajo duro es la consigna.

Respecto a la disciplina, esta tiene el aspecto positivo que los niños chinos se comportan perfectamente bien en clases y van a ella con el clarísimo y casi único fin de estudiar, cuestión que nos resulta increíble en nuestros países donde se mezcla la educación con lo social, los alumnos solo quieren salir a recreo y todo el sistema está en crisis de identidad y metodología. Sin embargo, dicha disciplina no es nada gratis, ya que se sustenta en premisas como el que los directores y los profesores son seres todopoderosos que simplemente hacen un traspaso de conocimiento a una audiencia sumisa. Un niño no debe jamás cuestionar a su maestro. Si lo hace genera efectos culturales graves en China como dañar el face (algo así como el honor-imagen) del maestro. Este asunto lleva a que sea de público conocimiento que en muchos países asiáticos los niveles de eficiencia sean los más altos del mundo, pues el modelo genera por así decirlo “buenos soldados”,  pero la creatividad e iniciativa se ven gravemente dañadas. Esto es evidente al punto que en el mercado laboral se requieran profesionales extranjeros en las áreas en que se precisa cierto talento.

 Respecto a lo anterior, es muy común ver en patios de escuelas que dan a la calle a los niños en formaciones militares ensayando marchas y canciones, mientras alguna autoridad les habla por micrófono o megáfono dándoles arengas, haciendo un discurso o una exaltación patriótica. Está permitido (socialmente, no por ley) castigar a los niños incluso físicamente en el aula. A pesar de que va comenzando cierta retirada en esto, aún es muy común que los profesores golpeen a los niños. Es totalmente válido que se usen ejemplos de reforzamiento negativo como decir “ustedes en esta prueba mostraron ser grandes alumnos no como Pedro que es un tonto”. Nuevamente, esta situación es - como dicen los argentinos - bien difícil de bancar cuando nuestra concepción educativa es bastante liberal y no marcial.

 Otro gran y complejo asunto es el de los regalos. Se usa mucho que los padres le hagan obsequios a los profesores, lo que parece a simple vista muy amable y normal. El problema es que muchas veces si no reciben presentes de determinado niño éste se puede ver apartado y no tomado en cuenta por el profesor. En palabras más duras, el regalo puede funcionar como una verdadera competencia de soborno para buscar que el maestro le preste más atención” a mi hijo que a los otros”.

Ahora, no quiero con esto cometer el grave error de plantear que nuestra educación es maravillosa y estos chinos están locos y equivocados. Quizás ellos haciendo un análisis parecido vean nuestras escuelas y digan cosas tan evidentes como: para qué van a la escuela los niños laowais si sólo molestan y se quieren ir de allí todo el tiempo; o critiquen la existencia de cigarrillos y drogas; o muchas otras cosas más en que al menos estamos complicados. Por lo demás es cosa ver de revisar la prueba de rendimiento internacional PISA y ver donde están los estudiantes orientales y los latinoamericanos. Simplemente digo, volviendo al inicio que en la situación de tener que buscar colegios en China para nuestros hijos resulta muy difícil que aceptemos el tipo de educación local porque es muy, demasiado, diferente con nuestros usos culturales.

jueves, 20 de febrero de 2014

Bangkok te tima


En noviembre del año pasado nos vino a visitar a Shenzhen mi amigo Julio aprovechando una gira de negocios a Asia a la que lo había comisionado su empresa. Desde Chile me había sugerido que lo acompañara por un par de noches a la capital de Tailandia ya que debía asistir a un evento comercial del Consulado. La invitación era atractiva, no debía pagar hotel y significaba más días para compartir con él,  además no conocía Bangkok, así que me sume entusiasmado.

Como siempre digo y repito no me las voy a dar de gran analista de la historia y realidad actual de Tailandia.  A penas estuve 3 días y con eso y hasta a veces un año uno no se hace una visión ni cercanamente realista de un lugar. Viví en Santiago de Chile 40 años y no creo que conocer bien la ciudad. Así que, quien haya visitado Bangkok y  crea que lo que diré es una burrada carente total de juicio podrá  estar muy en lo cierto.

Bangkok es una gran metrópolis de once millones de habitantes de un país que va en franco crecimiento a pesar de ser aún bastante pobre. Esta delineada por el rio navegable Chao Phraya que actúa como eje y vía de comunicación de los principales puntos de la ciudad. Como buena parte del sudeste asiático sus calles son boyantes  de gente que hormiguean en un caos mezclado de desastre vial,  TUK-TUK (moto taxis), olores frutales y a especias, comercio, colores y altas temperaturas. Para mi gusto personal, esto que para muchos podría ser desagradable y antiestético a mí me es muy atractivo y me hace feliz. Si a lo anterior le sumamos los masajes Thai –hay mil SPA por metro cuadrado- y la deliciosa y económica comida Tailandesa se me hizo un muy buen lugar para visitar y hasta para vivir.

Pasando a la parte más anecdótica Julio arrendó el mismo hotel donde se hizo la película Hang over esto es el “Hotel Lebua” al entrar a hacer el check in nos atendieron magníficamente y hasta excesivamente ceremoniosos como habitualmente ocurre en este país. Dado que la habitación aun no estaba lista una amable chica nos invito a que fuéramos al bar del hotel a tomar unos jugos, como a pasar el rato. Ella misma tomó la orden y nosotros elegimos dos deliciosos sumos de mango. Y así confiados en el buen juicio universal disfrutamos la espera con el sabor exprimido de la fruta tropical,  hasta que otra chica sonriente y sumisa en un recipiente como un pequeño cofre de fina madera, que perfectamente  pudiese haber contenido  las perlas reales, nos fue revelada la cuenta. Sesenta dólares total, 15 mil pesos chilenos cada jugo. Quedamos frutalmente impactados. Además fue toda una revelación de lo que me esperaba.

Al día siguiente mi amigo tenía diversas reuniones de trabajo y yo mi único día para conocer la urbe así que busqué en internet y concluí que el mejor lugar posible para recorrer en un día era el magnífico Palacio Real. Averigüe bien, Para llegar allá debía tomar un ferry en la parada que estaba cerca del hotel y bajarme en la estación de Tha Chang. Todos los avisos en internet decían muy insistententes y repetidamente que no había que tomar atención a nadie que viniera con cuentos, que existían muchos timadores, que cuidado con ello, etc. También explicaba que había que comprar el boleto en el mesón oficial de ticket de Ferrys. O sea iba atento, preparado, precavido y alerta.

Pues así me fui caminando rumbo a la aventura. Logré dar con la estación de Ferry busque la boletería oficial y ahí comenzaron los problemas, no existía, solo había mucha gente en unos mesones con unos mapas desplegados que ofrecían tickets. Me acerque a lo que me pareció más serio. Me fui a tomar el ferry pero para mi sorpresa en vez de ello me subieron a una lancha con un par de gringos. Yo en mi inexistente tailandes les decía “To Tha Chang” … “yes Ta Chang Ta Chang” me respondió el capitan. Y así partió la embarcación ligera, anduvo como 20 minutos. De pronto paró en un embarcadero que tenía un letrero que no decía Ta Chang sino otra extraña cacofonía tailandesa “mufu”,” tanchuck”,  “chunggkang” o lo que sea ya no recuerdo. El capitán del barco me ordena que descienda y yo confundido le digo “Ta chang???”  y el sonriente y convencido me dice “yaaaaa Ta Chang”.  Sin entender mucho las indescifrables razones de porque en Tailandia los lugares no llevan el nombre de cómo se llaman realmente me bajé.  Y nada… me habían dejado dos estaciones más allá y me tomo 40 minutos de caminata llegar al bendito lugar. O sea entendiendo después no me vendieron el ferry sino un viaje en bote que valía 3 veces más. Los otros gringos habían arrendado el adminiculo y de llapa me subieron a mí que iba lo que para su criterio es cerca o  sea 10km a la redonda y fui arrojado donde se les ocurrió.

Luego de vuelta del hermoso palacio –hablar de lo bien que lo pasé es muy aburrido- fui a la finalmente existente y cercana estación de Ta Chang. El calor de Bangkok es pesadísimo tenía todas las ropas mojadas de sudor y se me antojó tomar un rico jugo de mango. Estaba lleno de puestecitos de fruta y jugos pero elegí con espíritu bondadoso el de una humilde ancianita que tenía unas botellitas llamativamente marcadas por ejemplo a 10 bath –ya no me acuerdo los precios reales- . Pagué y la señora me cobró 30, le pregunto porque si dice 10 y me muestra que 10 vale comprar un mango no un jugo, yo le muestro que tiene marcado el jugo a 10 y ya dice que yo estaba mirando en lo que había delante del precio y no atrás. Luego me da un envase mucho más chico al que yo asumía que era de 10 bath y que se transformó en 30. Ya a esa altura quería puro hidratarme y acepté que el envase fuera más chico. Pero además me dio un contenido que no tenía el color amarillo pastoso del mango. Le pregunto si era mango realmente y me dice otra vez con esa sonrisa amable y arácnida del tipo de la lancha “yes yes mango”. No era mango era jugo de naranja.  Tailandia tres Johny cero.

Al otro día tenía la mañana para dar el último paseo y decidí simplemente irme a caminar calles arriba. Un policía vio que era extranjero y se me acerco a preguntarme el “where are you from” y me empezó a vender algo raro y a dar datos de donde debía ir. Luego cuadras más allá llegué a un barrio chino y un señor en silla de ruedas me empezó a meter conversa y a ofrecerme ir con unas chicas no sé donde a comprar no se qué. Era como que en cada esquina todo el mundo desde abuelitas, tullidos y hasta el gato de la esquina te quería embaucar si tenías los ojos más redondos. Di medio vuelta y me fue al hotel.

Conclusión, interesante Bangkok pero no es para inocentes.
 
PD: En la foto Julio con la panorámica de Bangkok detrás.
 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Dormir Tranquilo


Tengo un conocido que es comprador de una importante empresa de tecnología. Él tiene un cargo de alto nivel relacionado directamente con las fábricas chinas y, por tanto, se maneja habitualmente con los proveedores, un área en la que tiene mucha experiencia.

Íbamos hace unos días compartiendo un taxi rumbo a la zona industrial de Baoan, cuando le estaba comentando que yo me sentía cómodo negociando con los chinos, que en general tenía una buena impresión de ellos a pesar de los miles de problemas que siempre se generaba, pero que, en general, me parecía que eran personas bastante más correctas que muchos latinoamericanos y que, además, solía tener una relación amable y amistosa con ellos.

Cuando llegué a ese punto me miró y me dijo: “mira, los chinos casi como raza siempre te tratarán de fregar y si están contentos contigo es porque seguro ya te están tirando a partir.  Uno de mis colegas negocia tan despiadadamente que se los trata siempre de joder y lo lo odian a tal punto que me han llamado algunos para saber si está en China para pegarle. O sea, si te odian estás haciendo un buen trabajo”.

Estas palabras me han rondado en la cabeza toda esta semana. Yo llevo diez años trabajando con China, con fábricas y proveedores  y si bien no ha sido fácil y tengo mil historias de situaciones tremendamente complicadas, he podido vivir, alimentar a mi familia y desarrollarme en gran parte gracias a la relación comercial con ellos y a la cooperación mutua. En la empresa, tengo una red profesional china que me apoya y en la que confío, mi asistente, mi forwarder... y además, tenemos amigos chinos de todo este tiempo.

Mi concepto es que los negocios deben ser colaborativos. En otras palabras, donde todos ganemos: ojalá gané bien yo, el proveedor, el importador en Chile e incluso que el usuario final que compra el producto quede contento. En este mismo sentido, lo ideal es hacer un buen equipo con el proveedor de manera de tener una buena relación de largo plazo, que el trabajo salga fluido y que crezcamos juntos.

La visión del negocio como una "guerra a muerte" me es reñida con la ética y con mi personalidad. Ya vivir de una actividad comercial es un tanto "frío", pero si además a eso le sumara el hecho que para hacer bien mi labor, un conjunto de gente me debe odiar al punto que me quieran pegar y que mi objetivo sea liquidar a la fábrica, estrujarlos a más no poder, ¿qué sentido tiene el trabajo y la vida? Eso simplemente es ser un “caradura” un “winner”, un tipo cuya actuación se orienta en vista de su propio beneficio a perjudicar a los demás.

El día que perciba que mi personalidad y mi moral no son adecuadas para esta “guerra“, creo que colgaré mi uniforme y me dedicaré a la "vida civil".

Toda esta visión de mucha gente respecto a los chinos me tiene cansado. Especialmente de nosotros los latinos que, por favor, de dónde sacamos (“los tarros con más duraznos”, como decimos en Chile) que somos mejores que ellos. He escuchado desde que son hediondos, cochinos, traicioneros, tránsfugas, fríos, interesados, poco sinceros, manipuladores, sub-humanos y mil cosas más. Sin duda, hay una cierta dosis de racismo solapada o no en todo ello.

Es verdad que el tema cultural acá es sumamente difícil y a nivel de negocios, más aun. Hay ciertos patrones de desprolijidad y responsabilidad que son muy difíciles de conseguir y son desgastantes; las empresas tratan de sacar ventaja de cosas mínimas y cuando hay problemas asumen muy poco.  Te dicen una cosa y a los cinco minutos, la cambian. Pero como en todo, hay gente que es muy comprometida y cumplidora que nunca te falla. Además, la experiencia te va entregando las armas para lidiar con ello, adelantarte y saber atajar a tiempo muchos problemas.

En general los chinos son personas honestas. Es muy difícil, casi imposible que te estafen o te roben  -hagan la comparación con América Latina- y son un pueblo que admiro mucho en la manera que han salido adelante en su difícil y dura historia. No soy "chinofilo" ni mucho menos, ni todo me parece bien. Pero acá sobran los ejemplos para sacarse el sombrero por ellos, por su disciplina, capacidad de aprendizaje y entereza.

Que me miren con cara de “pobrecito ingenuo”. No quiero alardear, ni tengo muchas razones para ello,  pero no me ha ido mal y mantengo mis convicciones. Así que digan lo que digan, estoy agradecido de poder trabajar en esta tierra, darle sustento a mi familia, tener una buena relación con mi entorno profesional y, sobre todo, poder dormir tranquilo sin la sensación de que perjudiqué a nadie y nadie me quiere liquidar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El trato hacia los animales en China


Ha ce unos tres años cuando aún no nos radicábamos en China un proveedor me invitó a un viaje por Bejing. Cuando estábamos en un taxi rumbo al hotel me preguntó que quería conocer de esa ciudad y comenzó a darme diferentes opciones; la Muralla China, Ciudad Prohibida, Palacio de Verano etc. Yo desde siempre amante de los animales quería conocer los pandas gigantes y algo había escuchado del zoológico de Beijing. Le dije entonces que podríamos ir al zoológico. Me miró sonriente, con cara burlona de que le estaba bromeando. De veras quiero ir al zoológico ¿por que?. Aguantándose  la risa le preguntó a la taxista  -era una señora- donde quedaba el zoológico, ella comenzó también a poner cara de fiesta, le pregunto a mi compañero quien quería ir al zoológico y este me apuntó a mí. Y ahí los chinos explotaron y se largaron a reír a carcajadas, destemplándose los dientes. La mujer le decía que yo me creía un niño acaso y no podían parar de burlarse del hecho de que un hombre adulto quisiera ver animales.

En otra ocasión este mismo proveedor me invito a la bella ciudad de Hangzhou famosa por ser muy verde y tener un lago muy grande y lindo. Cuando estábamos alrededor del lago que es como un parque urbanizado gigante me di cuenta que había un zoológico. La vez anterior no habíamos alcanzado a ir al de Beijing. Al entrar lo primero que se veía era un inmenso circo lleno de graderías abarrotadas, donde tenían a unos tigres saltando por unos aros de fuego. No entendía que tenía que ver el circo con el zoológico. Luego pasamos por otras jaulas con animales, todas sucias, mal oliente y pequeñas. Luego nos metimos medio a “la mala” a un galpón donde estaban los elefantes y ahí me toco presenciar un espectáculo muy triste. Un amaestrador muy agresivo tenía a un gran elefante haciendo piruetas de levantar las patas y otras. Cuando el animal no respondía el tenía un punzón con el que constantemente le pinchaba para que siguiera sus instrucciones. Se veía al elefante sufriendo y estresado y al tipo totalmente indiferente y hasta sádico. Quedé descompuesto y con una sensación de tanta impotencia que nos debimos ir de inmediato

El primer año que estuvimos en Shenzhen también visitamos el zoológico local. Y a pesar que no estaba tan mal cada cierto rato tenían funciones circenses. Una que vimos también era muy deprimente, mantenían a los animales en un desfile girando alrededor de un escenario haciendo cosas ridículas contra su voluntad y además en una total desorganización. Camellos, elefantes, jirafas, monos, toda una gran arca de Noé anárquica. Y el sumun era que tenían una cuerda en altura entre dos postes, habían puesto a un oso pardo para que se balanceara en monociclo. Pude ver como el oso se resistió hasta que los domadores tuvieron que rendirse. Seguramente el pobre se debe haber llevado una gran tortura por no querer colaborar con la función.

Todos estos ejemplos muestran cual es el concepto que tienen los chinos de los animales. Para ellos son cosas que están al servicio del hombre. Sirven como alimento, pieles, comercio  o  también para plena diversión en los escenarios descritos.

 No hay conciencia masiva de respetarlos y protegerlos en su entorno, o de los zoológicos como una reserva protectora de las especie en peligro de extinción. Su idea de ellos es el espectáculo de circo, los animales están ahí para reírnos de sus monadas guiados-maltratados por sus domadores.

Alguna vez leí un pequeño análisis que planteaba que en China si apenas se respetaba a la gente que se podía esperar de los animales, haciendo todo un vínculo entre los derechos humanos, la democracia y como toda la violencia reprimida de la sociedad terminaba recayendo sobre los animales que son los más débiles. Yo discrepo bastante de eso porque no creo que sea un problema sociológico exclusivo de los chinos.  En un viaje a Tahilandia este año pudimos ver como en los famosos paseos en elefantes usaban también punzones y como estaba lleno de crueles shows de monos encadenados por el cuello. Que decir la información bien respaldada de las cacerías furtivas en Africa, las matanzas por el marfil etc. Y sin ir más lejos el zoológico de Santiago donde la gente insiste en tirarles basura a los monos, alimentar con golosinas a las especies y otras aberraciones que por suerte han ido mejorando. En Chile  y sobre todo en sectores populares los circos siguen usando “bestias” alimentadas con comida de perro y maltratadas. Por tanto es difícil hacer una correlación muy fina entre política y maltrato animal. Dudo que si este país estuviese gobernando por los antiguos emperadores el tema estuviese mucho mejor.

Más bien me inclino a pensar que como tantas otras cosas es un tema de desarrollo social. China es un país que ha crecido al ritmo más vertiginoso de la historia humana en estos últimos veinticinco  años y lo que otrora eran villas pobres en estas décadas se transformaron en modernas ciudades. Conozco chinos jóvenes de veintitantos que de chico debieron comer ratones cocinados por sus padres en tiempos de hambrunas. Algunos de estos mismos muchachos son hoy en día universitarios que se mueven al ritmo de la globalización, profesionales capaces de manejar varios idiomas.  El hormigón puede levantarse en pocos años  y transformar el paisaje urbano pero los procesos mentales y culturales de una sociedad no. Esto va a un ritmo mucho más lento.

En china se escupe en la calle, se fuma en espacios cerrados,  mucha gente tira basura en cualquier parte, se empuja en las filas y a los niños se les castiga golpenadolos en la casa, calle y en los colegios como algo normal. Claramente hay un concepto de urbanidad y costumbres que sobrepasa cualquier consideración de relativismo cultural. Hong Kong que también es totalmente chino que queda pegado a la china continental pero que llevo más de cuarenta años de desarrollo exhibe otra conducta propia justamente de ese desarrollo.  Volviendo al tema, he visitado zoológicos y el trato hacia los animales en Hong Kong y son tan cuidadosos y evolucionados como los mejores del mundo.

Por ello no creo que sea justo colgarle el cartel de la represión política a los chinos por su actitud hacia los animales. Esto avanza al ritmo que el resto de lo demás. De hecho ya en Guangzhou me tocó visitar un zoológico que está muy cuidado donde tienen un reservorio de Pandas. Todo muy bien protegido y ya a niveles mucho más evolucionados de lo que había visto antes. Por tanto todo confirma que es un proceso camino al desarrollo mental de una sociedad que aunque no lo parezca recién está empezando en su vinculación con cierta conciencia global.