domingo, 23 de junio de 2013

Vivir y Trabajar en China


Fue muy común cuando nos veníamos a vivir a China que en nuestro entorno: amigos, familia y conocidos nos hicieran dos comentarios que podríamos estandarizar así:

1- Como se les ocurre esa locura (Mirando con cara de asco) o en positivo,  que valientes que son!!!.

2- Seguro que les irá súper bien capaz que se hagan millonarios.

 Después de estar viviendo más de un año y medio en este país tenemos la visión que la realidad es sumamente diferente.

Si bien partir de la tierra en que se nació y establecerse al otro lado del mundo con niños y hasta perros no es para nada un tema menor ni mucho menos creo que China debe ser de los lugares del mundo que acogen mejor y con mayor facilidad a los extranjeros.

 Los chinos son gente bastante amable que aun ven a los foráneos con cierta admiración y ganas de aprender de ellos. Normalmente si te pierdes o tienes un problema la gente en la calle te ayuda, trata de entenderte y a pesar de la barrera comunicacional la buena voluntad se suele imponer. Establecer amistad es más difícil porque el gap cultural es fuerte. Pero no es un ambiente en que te segreguen a sentirte ajeno.

El país es uno de los más seguros del mundo, esto no es un tema represivo como se pueda creer, es una característica de la mayoría de los países orientales en que influyen complejos factores culturales. Los robos son pocos, la gente es honesta, puedes salir y dejar tu departamento sin llave o pasear por la noche hasta muy tarde por callejones oscuros con total tranquilidad.

El transporte que a mi juicio es como la llave maestra para adaptarte a un país es de primerísimo mundo superior a lo que he visto en Europa. El metro es perfecto y eficiente, los buses, ferries, trenes, taxis, aeropuertos etc son modernos y fantásticos, además en general la información es en chino e inglés y por si fuera poco todo muy barato.

El idioma no es una gran barrera el país avanza muy fuerte en su educación a ser bilingüe. Y aunque la meta está lejana sueles encontrar a alguien en un supermercado, tienda o la calle que te ayude en inglés. Muchos servicios como bancos, hospitales y ciertas tiendas tienen personal especial que se puede comunicar con los extranjeros.  Conocemos a muchos que han vivido años en China, trabajando tranquilos sin saber casi nada del idioma local

Visas, escuelas, hoteles, conectividad, servicios, infraestructura, comida para extraterrestres -extranjeros como nosotros- todo es posible con paciencia y al cabo de un tiempo ganando experiencia. La salud pública es muy barata, aceptable e inclusiva para los “Laowai”.

Puedo adelantar a equivocarme pero creo que China acoge mucho mejor al extranjero que países mucho más familiares y cercanos para nosotros como Estados Unidos, Canadá o España por nombrar algunos. Además, la visión que en este país la gente sigue funcionando como en la época de Mao, viviendo de un plato de arroz y que es imposible entender nada sin saberse los cientos de caracteres chinos es de falsedad total especialmente en las ultra modernas grandes ciudades. China ya no es una gran villa rural es más bien un espacio futurista lleno de rascacielos.

Por supuesto que hay cosas negativas. La contaminación de las grandes ciudades, la restricción y censura de internet, la cada vez más kitch y ostentosa actitud de los "nuevos ricos", el que aun sea un país muy pobre especialmente en los barrios obreros y ciertos usos sociales de la gente mayor sobre todo como empujar, escupir o no estar bien aseados, entre otras cosas puede hacer arrancar a muchos.

Respecto a hacernos millonarios.... bueno recibimos sugerencias.

La verdad es que acá es como todo en la vida. Hay que trabajar muy duro para conseguir algo. Chile, China y Júpiter es lo mismo, descrestarse y tener muuuuucha paciencia y saber construir paso a paso y sin ansiedad te lleva a ir obteniendo logros. Pero que quedé claro China no es para "hacerse la América" o "la China" en este caso.

Del grupo de nuestros amigos latinos, más varios extranjeros que llevan mucho tiempo por acá podemos decir con propiedad que unos viven económicamente mejores que otros pero nadie ha hecho gran fortuna. En esto sin duda influye que el costo de la vida es muy alto sobre todo para un occidental.

Otro punto sumamente relevante es que hacer negocios en China es muy complejo. Lleno de códigos, vericuetos y riesgos. Toma tiempo agarrarle la mano y entender como toda esta locura funciona. Y eso estamos hablando mirando hacia la exportación al exterior, o sea de China hacia afuera.

 China hacia dentro que es el gran sueño de vender dentro del mercado de los 1400 millones es un quebradero de cabeza de tamaño mayúsculo. Quienes saben, extranjeros que manejan empresas en este país dicen que es el mercado más complicado del mundo.

Extremadamente competitivo y muy manoseado por los intermediarios. Acá no se vende un alfiler sin que todo el mundo saque una tajada. El producto su calidad y precio no es lo relevante lo importante es conocer a la persona adecuada, a sus amigos y contactos en una súper gigante red de amigos, favores, fiestas y regalos. Un comprador de una cadena de lo que sea en China es un tipo con mucho poder y que pide “fiesta, Parranda y billete” por ello.

Así que en resumen China es un sitio más bien amigable para vivir aunque no aceptable para todos,  pero si alguien quiere venir a hacer negocios que se ponga el overol y cultive la paciencia ya que es un camino complejo.

lunes, 10 de junio de 2013

Estresado por el Taichi en Chile y China Parte II

Una vida equilibrada espiritual, emocional y laboralmente ayuda a tener una existencia armoniosa, combatir el estrés y tomarse las cosas con calma. Esa fue mi súper cliché conclusión al salir de la tina que es algo así como mi templo de las reflexiones y los análisis. Varias de mis más importantes decisiones vitales las he tomado en conjunto con Manfred, mi patito de hule.

Este tiempo en China h...a sido de gran presión y estrés y necesitaba una actividad que me sacara del trabajo y las preocupaciones. Le pedí ayuda a mi gran amigo Gonzalo López Pardo en Chile que es maestro de yoga, el me recomendó su disciplina pero en China no hay Yoga meditativo sinó más bien gimnástico que no me gusta. Y así, sin aprender que la historia es para no repetir los errores del pasado, me inscribí en taichí .

 El grupo es liderado por una profesora delgadita y pequeña muy exigente y unos siete a diez chinos. Todos se juntan al borde de un lindo parque que hay acá abajo de mi condominio.
El ejercicio comienza con el calentamiento que consiste en ir siguiendo a la maestra en el movimiento de cada una de las partes del cuerpo en forma circular. Al final se hace una elongación tocándose parado la punta de los pies y luego inclinándose en el suelo con las piernas totalmente estiradas y abiertas para un lado y para otro. Todo esto último un imposible total para mí que desde que era bebé y me chupaba mi pie nunca más he logrado estirarme con flexibilidad. Esto que para mis compañeros orientales es solo una previa a mí me deja duchado de sudor, agarrotado y extenuado.
 A continuación vienen unos movimientos básicos del taichí en coordinación con movimientos de piernas y brazos hacia derecha e izquierda que más o menos logré captar como a la cuarta clase.
El momento crucial es cuando la Laoshi (profesora) pone una música china zen con su parlante portátil muy kitsch de figura de auto que se le iluminan sus foquitos de colores y mis compañeros se ponen a hacer los ochenta y seis set de movimientos que incluye la disciplina. Un baile portentoso, a ritmo lento, con giros, llaves, saltos, contorsiones, etc. Todos en perfecta coordinación con su propio cuerpo y entre el grupo mismo. Les pones trajes tradicionales del país y perfectamente puedes creer que se trata del ballet nacional de China, son secos. La primera clase le pregunté a la profesora que balbucea inglés cuanto tiempo toma lograr todos estos movimientos esperando que me respondiera algo así como diez años o toda una vida de trabajo. Me respondió "solo tres meses". Efectivamente, mis gráciles compañeros muchos de ellos sólo llevan un tiempo en clases, otros, un par de años. Ahí se me hizo un cortocircuito, para mí sólo hacer uno de esos movimientos puede tardarme los tres meses y el total tres generaciones o lo que dure la raza humana en la Tierra.

Mientras los chinos hacían su rutina de movimientos que dura como treinta minutos la profesora me ponía en una posición con las piernas medio flectadas, mirando al horizonte con los brazos hacia adelante y los pulgares hacia arriba, tal como se ve en la foto que adjunté arriba. Como los guardias ingleses del palacio de Buckingham casi sin pestañar en "situación de momia es". Siendo una posición habitual del taichí es como estar castigado con el gorro de burro.

Luego, la clase continua con una sesión de elongación que consiste en acercarse a un muro y suspender en 75 grados cada pierna apoyándola en la pared y quedarse así unos diez minutos por cada una. Otra tortura china que mientras la hago requiero concentración total, mientras sudo y tiemblo como jalea y que para mis amarillos compañeros es como un minuto social para conversar hablar de la vida y los dumplings con sus extremidades extendidas.

Ya llevo cumplidas doce clases y he llegado a la conclusión que con Manfred tomamos una mala decisión. La profesora ya perdió toda la paciencia conmigo. No puede creer que a duras penas he aprendido y mal, uno de los 86 set de ejercicios . Se para al frente mío y trata de que siga sus movimientos de brazos y siempre me enredo y los hago al revés por el efecto espejo de tenerla al frente y por ser negadísimo para estas cosas. Se desespera que mis piernas no se muevan de manera armónica con mis brazos y muchas veces se agacha y me las mueve ella como si yo fuera una marioneta y tratando de comprobar si son de palo y si los extraterrestres de Chile tenemos articulaciones.

Claramente la tengo desconcertada y le habla a mis compañeros en chino repitiendo la palabra Laowai (extranjero) tomándose el pelo, agarrándose la cabeza y con cara de desesperación. La logré sacar de su punto zen, le tengo hinchado el yin y el yang.

Igual trata de ser amable, me pasó un libro y un video para que estudie tres horas diarias taichí. Yo le explico que no lo haré porque este espacio es para relajarme y distraerme no para estudiar y estresarme. Para eso está el trabajo. Y trata de entenderme. Pero va contra la naturaleza de ellos. Como ya he explicado para los chinos no hay actividad sin rigor, estudio y dedicación. Relajarse es un concepto para los extranjeros.

En conclusión estoy esperando que se me cumplan los plazos y luego a buscar otra cosa. ¿Serviré para el circo chino?

miércoles, 22 de mayo de 2013

Estresado por el Taichi en Chile y China


A mis veintitantos, recién salido de la universidad y ante las entusiastas recomendaciones de un primo,  me metí al Instituto de Cultura China de Santiago a practicar Taichi. Lo hice en un 5% por hacer una actividad física recreativa y en un 95% para encontrar polola (novia) que era mi obsesión compulsiva en esos años. Qué reconfortante la libertad de decirlo hoy sin mucha vergüenza, casi cualquier cosa que hacía en esos tiempos era pensando en mujeres. Esto es como "una salida del clóset" de los nerd como yo.

Pagué caro: matrícula y como doce cuotas, al estilo universidad privada y quede así amarrado económicamente por unos buenos meses a las profundas enseñanzas motoras-filosóficas del gigante asiático.

Éramos como sesenta personas y obviamente que Murphy metió su cola y  resultó que no había ninguna chica guapa, ni medio guapa,  sino un gran número de señoras de edad, viejitos y uno que otro adefesio como yo.

El profesor no era chino sino un muchacho joven, flaco, bajito y de barba. Levemente carismático, no muy simpático, y - algo que me chocó desde el principio - es que en cada descanso de los ejercicios se fumaba un cigarrillo. Nunca he entendido a la gente que hace actividades "naturales" y al mismo tiempo se contamina el cuerpo.

Respecto a cómo me fue, valga una introducción que mis compañeros del colegio podrán refrendar. Yo soy descoordinado, pero no así como solo "descordinadito", sino horrible profunda y severamente, descoordinado. Es casi un talento, creo poderle dar a mi país una medalla si hubiese una olimpiada de los discordes. Cuando estaba en gimnasia en secundaria y el profesor nos hacía los típicos ejercicios de abrir y cerrar los brazos al mismo tiempo que las piernas, avanzar para un lado a la izquierda y luego a la derecha, yo parecía un personaje de comedia gringa, todos iban para un lado y yo cual pájaro apostonado aleteando lastimosamente me iba para el otro, dañando estéticamente la performance del grupo.

Peor aún, adquirí el elemental concepto de izquierda y derecha de "Plaza Sésamo" cuando aprendí a manejar o sea recién a los 23 años y, a leer los relojes de palitos no digitales como a los 25 (y aún me cuesta). O sea mal. Jamás debí pasar el pre kínder. Esto es como otra confesión de "salida del clóset", pero ahora de los tontos.

Y bueno con esa pobre "base" como dicen los profesores me aventuré al Taichi. ¿Cómo resultó? Acá una breve cronología:

Clase 1:  El profesor nos hizo el calentamiento inicial que es parte de la rutina e incluye  movimientos circulares y de elongación  de todo el cuerpo, entre ellos el típico de doblar el cuerpo inclinado y tocarse los pies con las manos estando parado, cuestión en la cual mi récord es solo llegar hasta las rodillas, pero traté con optimismo en el futuro. Luego, nos enseñó la primera rutina y más elemental  de movimientos básicos. Brazos, manos y piernas en acción en gráciles posturas orientales en cámara lenta. Gente hábil lo aprendió rápido y a la primera.

Clase 2: Nuevamente calentamiento, otra vez mis manos en la elongación apenas hasta la rodilla. El profesor se aventura a enseñar la segunda rutina de movimientos. Un grupo de mis admirables compañeros más hábiles la captan de inmediato y otro grupo, al que pertenezco, seguimos reforzando la primera rutina. Más de la mitad logran pasar a la parte dos y otros seguimos entusiastas intentando la uno.

Clase 3: Sigo ya un poco frustrado sin elongar más allá de la rodilla. El profesor va por la rutina tres y cuatro y mis odiosos compañeros que se creen chinos, de nuevo la aprenden a la primera. Otro grupo practica la dos y como cinco giles nos seguimos quedando en la uno.

Clase 4: Odiaba elongar, lo asumí. Los desgraciados bailarines alma de "wantan" se aprenden dos rutinas más. El grupo del medio progresa y avanza a nuevas lecciones. En la división porra del Taichi, incapaz de pasar la primera lección me quedo solo con mi compañera, una gordita con problemas de gota y artritis, y don Manuel, un caballero cercano a los ochenta con vacíos de memoria.

Clase 5: ¡Bravo don Manuel!!! Lo logró. Yo y la gordita seguimos en el grupo de rezago.

Clase 6: No hago la puta elongación. La maldita gordita pasa a la rutina dos. Soy el único pelotudo que en doce horas de Taichi no es capaz de coordinar unos ejercicios muy básicos de mover las manitas, bajar y subir brazos,  mientras el 90% se mueve cual si fueran el equipo olímpico de Rumania. Posibilidad de polola: cero, la gordita no es mi tipo y, además, me siento  humillado por ella.

Clase 7: Directo a la oficina de administración del instituto a rogar que me devuelvan parte de la plata y los anticipos. Es lo único en que me fue más o menos bien en mi clase de Taichi.

Con este penoso antecedente, veinte años después, y harto más viejo se me ocurre en la mismísima China volver a intentar el Taichi. La próxima lo cuento.

domingo, 12 de mayo de 2013

¡Los perros chinos no ladran!!!


Venirse a vivir a China  fue sin duda una decisión audaz, pero haberse traído a nuestras dos perras salchichas fue una locura completa, solo explicable por el amor que les tenemos. Para empezar trasladarlas fue muy caro - equivalente a un pasaje normal de un humano por cada una - y además en China hay que registrarlas en una oficina del gobierno y pagar un impuesto especial. Cuento aparte,  en esa oficina te piden además una foto tamaño pasaporte de las perras.... sólo en China pueden pedir eso ¿cómo se le toma una foto carnet a un perro? Faltó pedir que el animal apareciera sonriendo.

Sin embargo, lo más complejo de todo es que las perritas se han portado malito.

A los pocos meses que llegamos, en la Administración nos alegaron en un par de ocasiones que  hacían mucho ruido cuando las dejábamos solas. No les hicimos mayor caso porque nos parecía una exageración de algún tipo amargado. Pero cuando nos pegaron un cartel en la puerta firmado por todos los vecinos del condominio amenazándonos con una demanda tuvimos que de verdad tomar medidas. No seríamos tan giles de tener líos judiciales, menos en un país extranjero. Para empezar nos detuvimos a escucharlas cuando salíamos y, de verdad, especialmente la Luna que es la perra más chica, no ladra, grita como si fuera un velociraptor, con unos alaridos agudos horribles que se escuchan por todo el barrio.

Entonces preocupados fuimos al veterinario chino a pedirle su opinión y él lo veía de lo más sencillo, había dos opciones: electricidad o cercenarlas. En la primera, se les pone un collar electrónico especial en el cuello, de manera que cuando ladran se activa un sensor que les electrocuta el cogote y, obviamente, el perro aterrado deja de ladrar. En la segunda, simplemente se le cortan las cuerdas vocales con una operación de cuchillazo, o sea que cuando se les cruzara un gato parecerían canes de película muda, moviendo el hocico sin que salga de ellas ruido alguno.

Dadas que las alternativas del doctor Mengele oriental no nos parecieron apropiadas, al final buscamos nuestras propias soluciones como dejarlas en unas jaulas caniles con calmantes cuando saliéramos por periodos cortos y, cuando fueran varias horas, llevarlas a un hotel de perros. No es  perfecto, ni nos gusta pero no quedó otra y ha funcionado en todo este tiempo.

Pero hay otra cuestión que nos hemos dado cuenta con el tiempo. Cuando sacamos a pasear  en las mañanas a las salchichas con sus collares y correas, éstas le ladran a los otros perros, a los dueños de los perros, a la gente que va trotado, a los pájaros, a los insectos y al planeta Tierra completo. En cambio los perros chinos van sueltos al lado de sus dueños paseando disciplinadamente y no ladran. Repito los perros chinos NO LADRAN, son mudos!!!

Esta cuestión que carece de lógica y perturba mi cabeza es simplemente así. Y no es un tema de raza, he visto puddle, pastores ingleses, chihuahuas, labradores y hasta otros salchichas y todos son iguales, a duras penas un guauu, y eso que la palabra china para decir perro es una onomatopeya, algo así como Goouu. Debe ser difícil explicarle a un niño chino que es un Goouu si no hacen Goouu.

Aún no le encuentro la vuelta a esto, pensé en algún minuto que quizás a todos los perros les cortan las cuerdas vocales o los electrocutan. Pero el tema no va por ahí. No es sólo una cuestión de ladrido, los perros no andan corriendo como locos, ni se pelean, van siempre tranquilos y buenos al lado de su amo sin collar alguno. Perros verdaderamente Zen. Comparado con ellos, mis mascotas Jurasic Park son un verdadero desastre.

Un verdadero misterio, no pueden haber factores culturales, ni sociológicos en los perros.... supongo. Como sea, si alguna vez descubrimos el secreto valdrá la pena contarlo.

lunes, 29 de abril de 2013

La Gran Carrera


Nuestro  buen amigo mexicano Alex, director de la filial en Shenzhen de una importante compañía de accesorios eléctricos nos contó un cuento-fábula que grafica la noción de competencia que existe en China.

“Si pones a un chino a pelear con un japonés gana holgado el chino que es más agresivo y acostumbrado a luchar. Pero si pones a dos japoneses y a dos chinos, triunfan por lejos los japoneses que tienen mentalidad colectiva y saben trabajar en equipo, en cambio los chinos sentirán la amenaza entre ellos mismos y antes de atacar a los japoneses se van a tratar de matar entre ellos”.

En su visión, los chinos desde que nacen están mirando la cuna del  lado, observando a su alrededor a los otros recién nacidos y evaluando cómo vamos en la carrera.  Alex, que experiencia no le falta con sus trabajadores y ejecutivos, dice:  “el ADN de los chinos de hoy es pura, fuerte y dura competencia”.

Efectivamente, en mi propia experiencia he podido comprobar esta premisa. Los chinos laboralmente se tratan con profunda desconfianza cuando perciben que ambos son “players” de un juego similar. Alguna vez me ha tocado inocentemente presentar a dos empresarios chinos amigos y se dan entre ellos un saludo de hielo y se miran como si fueran boxeadores.  

Esto se puede  vincular directamente con la educación y la actitud que tiene la sociedad hacia ella. El sistema escolar y universitario chino no es inclusivo, ni nada cercano a la teoría psicológica humanista que tanto ha  influido a Occidente. Acá el profesor es un dios, los alumnos escuchan y aprenden. No hay espacio para la disidencia y menos para la rebeldía adolescente, ni los desordenados. Para nosotros es de locos, pero acá los alumnos en clases se portan bien. La escuela es estudio y a presión. ¿El por qué? Primero, por factores culturales e históricos de una sociedad en esencia verticalista que sería largo detallar, pero más simplemente porque sólo los mejores acceden a entrar a la universidad. Y más aún, sólo los excelentes logran entrar a las mejores universidades y carreras. Por tanto no hay posibilidad amagues o dudas. El estudio marcará para siempre el futuro y estatus del muchacho y no sólo de él sino también de su familia.

Qué diferente a la educación en crisis de Occidente y de Chile, en particular, donde los colegios a veces parecen navegar a la deriva; los profesores llenos de dudas morales y metodológicas,  los alumnos queriendo hacer la “cimarra” o “capear clases”, y donde muchas veces  la enseñanza y el aprendizaje pasan a un segundo plano ante lo social. La frase tan manida de muchos apoderados en Chile respecto a la escuela “primero me interesa que mi hijo sea feliz en el colegio”, en este país sería de verdad motivo de carcajada con las manos en el estómago.

Con esto no estoy haciendo un juicio favorable, ni mucho menos alabando al sistema chino. Para nada. La cuestión de la híper exigencia es bien brutal. Muchos padres llevan a sus hijos sábados y domingos a clases extras al colegio o a institutos de inglés o entrenamientos deportivos de élite. El tiempo libre, compartir en familia u otros, tiene una valoración menor en esta gran carrera.

En este mismo sentido y en todos los niveles etarios cualquier tarea, ocupación, deporte o hobbies está enfocado a la competencia. Cuando llegué con mis hijos a este país los puse en clases de fútbol donde había otros niños latinos. Y me sorprendió que no existía la idea de “llevar al niño para que hiciera deporte y se distrajera”, nada, acá las clases son para ganar. Lleno de torneos competencias, prácticas dos o tres veces por semana como si se jugara cada renacuajo la copa del mundo. Yo mismo  me inscribí en clases de Taichi para hacer una actividad que me relaje. A la segunda clase me pasaron CD con video y libros y a estudiar. No se trata de distenderse.

Incluso el amor es secundario. Son escasos o más solapados los noviazgos o pololeos adolescentes, pues se consideran como pérdida de tiempo y distracción del rigor académico y los resultados que requiere esa edad.

A nivel laboral, obviamente todo va en el mismo sentido. El sistema promueve largas jornadas de trabajo, sábados y domingos son si se puede para trabajar. Y, a diferencia de lo que creemos, es más auto-explotación que explotación. Trabajar, producir, rendir es la forma de vida. Muchas veces les he preguntado a conocidos chinos que hacen en su tiempo libre. Y me miran con cara entre disculpa y de qué me habla este extraterrestre.

Es común que la gente abandone por largas jornadas a sus hijos e incluso su familia nuclear por el trabajo. He podido conocer de primera mano cómo algunas mujeres mandan a sus hijos de pocos meses a vivir con sus madres a otra ciudad o a su home town porque no tienen tiempo para cuidarlos. O bien, hombres que simplemente se van a vivir solos lejos de los suyos porque encontraron un nuevo empleo; e incluso un conocido chino con su esposa que hace más de un mes que no pasan algunas horas con su único hijo porque tienen que echar a andar su fábrica que está en plena producción.

Aunque poco a poco  -y en honor a la verdad - esto está empezando a cambiar y, a pesar que la curva del hastío y la salud está llevando a la clase media más acomodada a mirar con más simpatía el tiempo libre y las vacaciones,  acá se sigue viviendo en vértigo permanente.

martes, 9 de abril de 2013

Face to face


Tiempo atrás a un proveedor amigo  le pedí que enviara unos productos a las bodegas de otra fábrica para consolidar (juntar) una carga, cuestión de logística habitual este tipo de trabajo. Yo le hablaba, chateando por Skype,  sobre esta materia totalmente despreocupado y sin tomar especial atención a mis palabras ya que era un tema de rutina. Me dijo que prefería que fuera el otro proveedor quien le mandara la mercancía a sus bodegas, situación que no me convenía. Le insistí que no, que debía ser tal como lo había establecido desde un principio. Entonces, argumentó que me saldría caro por el transporte, que su propuesta era más barata y otros mil argumentos circulares y sin sentido. Confirmé dicho precio con la fábrica número dos y no era verdad lo del valor más alto. Por lo tanto, de nuevo me negué. Ya me estaba pareciendo rara la cosa. Y siguió en la misma hasta que, al final se sinceró; no quería enviar la mercadería para allá porque creía que ese proveedor era una amenaza para él y le podía copiar sus productos.  Y he ahí que yo  - ignorante de mi contexto -  le digo “pero si opinas eso ¿por qué la otra fábrica no puede creer que tú también les copiarás a ellos?” Shazzzz!!!!  Ardió Troya, quedó la grande.  Se volvió loco de furia: …Que era una “insolencia”, que como le decía eso, que qué me creía, que no seguiría hablando conmigo, que era un desleal y un largo etcétera de epítetos.

Tuve que parar de hacer mis cosas y reaccionar sacudiendo la cabeza… ¿Qué  le había pasado a este chino? - me pregunté-  ¿qué dije de malo?  Leí y releí el chat y no hallaba mi insolencia. Luego, tuve la mala ocurrencia de llamarlo por teléfono y,  por primera vez en la vida, fui gritoneado y vapuleado por un proveedor que estaba hecho un energúmeno, aludiendo a que yo le había dicho palabras terriblemente hirientes, que cómo le decía que el copiaba productos  y todo el rosario de nuevo.

Pues bien, sin saberlo le había quitado el “Face” a un chino.

Nuevamente, por favor no me tomen como experto antropólogo, ni mucho menos, trataré como simple mortal que vive en estas tierras de explicar y ejemplificar a qué se refiere esto del “Face” que es un asunto bien jodido en las culturas orientales, especialmente en China.

Los chinos son extremadamente preocupados de su imagen pública. Es muy importante para ellos que la gente los aprecie como rectos, justos, honorables y, por sobre todo, exitosos. Pero es mucho más importante en esto la cáscara que el contenido, o sea el factor que “se aprecie”. Una latina conocida nuestra que es profesora de una escuela básica bilingüe en Shenzhen nos contaba que para los padres era vital que dichas escuelas tuvieran presentaciones o sea actos de los niños. En ellos, los pequeños mostraban al público como dominaban el inglés, recitaban hasta diez o sabían los colores. Pero en otros aspectos de su educación harto más centrales en que se les pedía colaboración para acompañar el aprendizaje eran por lo común, indiferentes.  Lo importante era mostrar que su hijo sabe, mucho más que si sabe de verdad.

Otra amiga, también profesora de un colegio chino pero de currículum inglés con maestros todos extranjeros,  nos contaba que como en todo grupo de niños a veces se producen peleas y conflictos entre ellos.  Entonces acostumbran llamar a los padres para tratar el conflicto de sus hijos y de esta manera solucionarlo desde el hogar o poder conversarlo entre adultos. Pero en un número importante de los casos los apoderados  piden, por favor, no ser enfrentados con los otros ni asistir al colegio porque afecta su “face” y el de su familia. Piden que por último, se sancione con severidad a sus hijos pero no ser evidenciados ante nadie por la posible “falta”.

Por “Face” ha habido  asesinatos de maridos y novios despechados, peleas varias y conflictos de a montones. Es también la razón por la cual un subalterno debe tener claro como dirigirse a su jefe y un pariente menor, al jefe de familia. Se pueden afectar “Face” personales, familiares o corporativos.
Entonces para definirlo el “face” es una mezcla entre el honor, la autoridad de una persona pero, por sobre todo, su imagen ante los demás. Por ello mucho más importante que cometer una falta moral es que se comente que alguien la cometió lo que se traduce en una pérdida de “face” que es algo gravísimo para muchos chinos, más aún si tienen algún nivel jerárquico en sus empresas, familias, gobierno o el escalafón que sea.

Mentir, por ejemplo, en cierto contexto evasivo no es interpretado como grave incluso puede ser muy conveniente y aceptado socialmente para evitar una pérdida de “face” propio o para impedir que la persona a la cual se le ha mentido se vea enfrentado a una verdad o situación que afecte su propia imagen. Pero ser develado en la mentira, llamado e identificado como mentiroso, es altamente ofensivo.
Llevado entonces al ejemplo con mi proveedor  chino, el problema no era que el pudiera copiar los productos de la competencia, de hecho muchas veces tuvimos reuniones casi completas en que nos dedicamos a analizar a la competencia y ver cómo le copiábamos sus productos, el problema es que despreocupadamente con mis palabras le cuestioné que podía ser  un copión. Si eso mismo hubiese ocurrido en una sala donde estuviesen además sus trabajadores escuchando, capaz que hubiese agarrado una espada y me parte en dos porque hubiese amenazado masivamente su “face” ante quienes directamente debe resguardarlo.

Por eso mismo,los chinos se andan cuidando de “pisarse los callos” todo el tiempo y son tremendamente indirectos, redundantes e imprecisos para plantear cualquier cosa. Nunca te criticarán directo, ni negaran claramente algo que para ti es importante, te lo harán saber de alguna forma que no dañe tu propio “Face”.
Como ven (ufff!!!) no es fácil por acá el “face to face”….

lunes, 1 de abril de 2013

Ir al Dentista en China....


Uno de estos días estaba yo disfrutando de una bolsa de maní Chino. Acá el maní es muy popular, barato y rico. Incluso todo lo cocinan con aceite de maní –que es bien malito- en vez de maravilla. De pronto, uno de los granos me resultó duro como piedra y reclamé al universo por la falta de prolijidad de los chinos en empacar sus cosas. Pues bien, al rato sentí algo raro en mi boca, la recorrí por dentro y mi lengua descubrió la intriga, me acababa de comer uno de mis dientes… no era culpa de los chinos.

No sé cómo, pero se me había salido completa una muela, dejándome un hoyo con contacto directo con la raíz. Tomaba algo helado o una simple respiración profunda y se me paraban todos los pelos. Debía ir al dentista urgente. El detalle escabroso… estaba en China.

Mis recuerdos del dentista son atroces. Mientras muchos niños rememoran con indiferencia y hasta cariño sus idas a este especialista, para mí fue lo contrario. Mi padre mi llevaba donde la señora Margot que atendía en el centro. Nunca podré olvidar los gritos desgarradores  que salían de los niños grandes, pequeños y hasta adultos que entraban a su sala y se sentaban en su silla de tortura. Y por cierto los dolores horribles que me provocaba, al punto que muchas veces me ponía tan nervioso que ni siquiera me tomaba la anestesia. Creo que la vieja %&&%$· debió ser directamente torturadora.

El asunto era que no tenía tiempo para esperar debía arriesgarme a ir a un dentista chino. Le pregunté a mi amigo Ernesto que me recomendó uno donde se había hecho un tratamiento y con la Patty de la mano y muerto de susto partí para allá.  Al llegar, nos recibieron con mucha alegría dos chinitas que nos llevaron donde el doctor. Era un señor de aspecto serio que no hablaba inglés, por tanto sus ayudantes eran sus traductoras. Me revisó y me dijo que debía ponerme una corana porque se me había salido el diente y que parecía que la raíz estaba bien, pero si me llegaba a doler había que hacer un tratamiento conducto. Eso además, me aterró desde el bolsillo.

Me mandaron a sacar unas radiografía al salón de al lado. Era un pedazo del futuro, con una maquina gigante blanca llena de brazos y cámaras como un ”transformer” que te atenazaba, ahí me apoyaron para morder una lámina, se activaron unas luces, ruiditos y ya. Pero la chica que manejaba por fuera el asunto movía la cabeza como que algo había salido mal, entonces llegó otra chinita y me hizo volver a morder y de nuevo luz y ruido, pero nada. Entró otra y otra apretando botones, teclados, pantallas táctiles etc. Esto de cuando se multiplican y agrupan las chinitas es siempre un síntoma de que las cosas no van bien. Eso me dio mala espina y aumentó mi tensión. Cómo no eran capaces de hacer funcionar la radiografía cibernética. Finalmente, cuando ya habían llegado unas seis chicas, y la confusión era total, y yo todavía con la placa en la boca llegó el dentista y puso orden, se haría el asunto sin radiografía. Y de vuelta a la silla del dentista.

Luego el doctor me preguntó que cuál corona quiero, si de cerámica, cerámica con metal, metal solo, aleación y otras veinte opciones. Me dijo que me convenía muchísimo el diente de cerámica, porque es más lindo, muerde mejor, da más estatus, casi que era el diente de la serpiente de agua del calendario chino. Pregunto los precios y claro la famosa corona costaba como 500 USD. Decidí ponerme uno de metal no más, total se trataba de una muela y excepto que un día quede inconsciente con la boca abierta nadie se va a dar cuenta lo que tengo tan adentró de mi boca. Pero dale con el de cerámica y su carácter esplendido y la volví a rechazar. Como dicen los mexicanos la religión de este país es “la lana”.

Cuando ya estaba listo y el dentista preparaba su accionar, un pensamiento perturbador recorrió mi cabeza  al punto que estuve a punto de pararme e irme. Me acordé que alguien me había contado que en la medicina China el dolor es síntoma de salud. Usan dosis pequeñas de medicamentos de todo tipo ya que tienen la teoría de que el dolor ayuda a testear el estado del paciente. Entonces pensé…. Chuta estos tipos no deben usar anestesia. Me morí de miedo, me puse pálido y me quise arrancar. El dentista le preguntó a la chinita qué me pasaba, yo miraba a la Patty con cara de “sáquenme de aquí”. Entonces consulté derechamente  si usaban anestesia o no, con la sensación de que no habían entendido mi inglés y, por cierto, me miraron con cara comprensiva al mismo tiempo como diciendo “pobre Laowai estúpido”. Por su puesto usaban anestesia. “Just relax” me dijo la chinita, cerré los ojos, miré a la Patty por última vez como si fuera un chimpancé que están a punto de mandarlo a orbitar al espacio, cerré los ojos y me entregué.

Debo decir que el dentista chino era seco, no me dolió casi nada, usaba incluso anestesia previa de cremita para poner las inyecciones de la anestesia dura. Y cuando me ponía muy tenso la chinita me pasaba un pañito húmedo por la frente y de nuevo “just relax”. Todo perfecto.

Lo único desagradable es que el dentista se acerca a tu boca y quedas muchas veces pegado a su cara, y el dentista como la mayoría de los chinos tenía un aliento a dragón oriental de la madre cebollín horrible, un par de veces esto me provocó arcadas y estuve a punto vomitar con todos los instrumentos, taladro y mangueritas adentro de mi boca. Por suerte, lo pude controlar.

A la salida agradecí a todos con rostro de satisfacción y alivio y pregunté qué  cosa no podía morder con aquel diente. Nuevamente, me miraron con cara de “laowai estúpido” y me dijeron que lo único que no podía masticar era hueso. Me sentí como un labrador.

Pero fuera de eso, mi corona quedó perfecta, el trabajo fue de primera y debo decir al igual que el hospital chino que hasta ahora la medicina en china me parece muy re estupenda.