jueves, 20 de febrero de 2014

Bangkok te tima


En noviembre del año pasado nos vino a visitar a Shenzhen mi amigo Julio aprovechando una gira de negocios a Asia a la que lo había comisionado su empresa. Desde Chile me había sugerido que lo acompañara por un par de noches a la capital de Tailandia ya que debía asistir a un evento comercial del Consulado. La invitación era atractiva, no debía pagar hotel y significaba más días para compartir con él,  además no conocía Bangkok, así que me sume entusiasmado.

Como siempre digo y repito no me las voy a dar de gran analista de la historia y realidad actual de Tailandia.  A penas estuve 3 días y con eso y hasta a veces un año uno no se hace una visión ni cercanamente realista de un lugar. Viví en Santiago de Chile 40 años y no creo que conocer bien la ciudad. Así que, quien haya visitado Bangkok y  crea que lo que diré es una burrada carente total de juicio podrá  estar muy en lo cierto.

Bangkok es una gran metrópolis de once millones de habitantes de un país que va en franco crecimiento a pesar de ser aún bastante pobre. Esta delineada por el rio navegable Chao Phraya que actúa como eje y vía de comunicación de los principales puntos de la ciudad. Como buena parte del sudeste asiático sus calles son boyantes  de gente que hormiguean en un caos mezclado de desastre vial,  TUK-TUK (moto taxis), olores frutales y a especias, comercio, colores y altas temperaturas. Para mi gusto personal, esto que para muchos podría ser desagradable y antiestético a mí me es muy atractivo y me hace feliz. Si a lo anterior le sumamos los masajes Thai –hay mil SPA por metro cuadrado- y la deliciosa y económica comida Tailandesa se me hizo un muy buen lugar para visitar y hasta para vivir.

Pasando a la parte más anecdótica Julio arrendó el mismo hotel donde se hizo la película Hang over esto es el “Hotel Lebua” al entrar a hacer el check in nos atendieron magníficamente y hasta excesivamente ceremoniosos como habitualmente ocurre en este país. Dado que la habitación aun no estaba lista una amable chica nos invito a que fuéramos al bar del hotel a tomar unos jugos, como a pasar el rato. Ella misma tomó la orden y nosotros elegimos dos deliciosos sumos de mango. Y así confiados en el buen juicio universal disfrutamos la espera con el sabor exprimido de la fruta tropical,  hasta que otra chica sonriente y sumisa en un recipiente como un pequeño cofre de fina madera, que perfectamente  pudiese haber contenido  las perlas reales, nos fue revelada la cuenta. Sesenta dólares total, 15 mil pesos chilenos cada jugo. Quedamos frutalmente impactados. Además fue toda una revelación de lo que me esperaba.

Al día siguiente mi amigo tenía diversas reuniones de trabajo y yo mi único día para conocer la urbe así que busqué en internet y concluí que el mejor lugar posible para recorrer en un día era el magnífico Palacio Real. Averigüe bien, Para llegar allá debía tomar un ferry en la parada que estaba cerca del hotel y bajarme en la estación de Tha Chang. Todos los avisos en internet decían muy insistententes y repetidamente que no había que tomar atención a nadie que viniera con cuentos, que existían muchos timadores, que cuidado con ello, etc. También explicaba que había que comprar el boleto en el mesón oficial de ticket de Ferrys. O sea iba atento, preparado, precavido y alerta.

Pues así me fui caminando rumbo a la aventura. Logré dar con la estación de Ferry busque la boletería oficial y ahí comenzaron los problemas, no existía, solo había mucha gente en unos mesones con unos mapas desplegados que ofrecían tickets. Me acerque a lo que me pareció más serio. Me fui a tomar el ferry pero para mi sorpresa en vez de ello me subieron a una lancha con un par de gringos. Yo en mi inexistente tailandes les decía “To Tha Chang” … “yes Ta Chang Ta Chang” me respondió el capitan. Y así partió la embarcación ligera, anduvo como 20 minutos. De pronto paró en un embarcadero que tenía un letrero que no decía Ta Chang sino otra extraña cacofonía tailandesa “mufu”,” tanchuck”,  “chunggkang” o lo que sea ya no recuerdo. El capitán del barco me ordena que descienda y yo confundido le digo “Ta chang???”  y el sonriente y convencido me dice “yaaaaa Ta Chang”.  Sin entender mucho las indescifrables razones de porque en Tailandia los lugares no llevan el nombre de cómo se llaman realmente me bajé.  Y nada… me habían dejado dos estaciones más allá y me tomo 40 minutos de caminata llegar al bendito lugar. O sea entendiendo después no me vendieron el ferry sino un viaje en bote que valía 3 veces más. Los otros gringos habían arrendado el adminiculo y de llapa me subieron a mí que iba lo que para su criterio es cerca o  sea 10km a la redonda y fui arrojado donde se les ocurrió.

Luego de vuelta del hermoso palacio –hablar de lo bien que lo pasé es muy aburrido- fui a la finalmente existente y cercana estación de Ta Chang. El calor de Bangkok es pesadísimo tenía todas las ropas mojadas de sudor y se me antojó tomar un rico jugo de mango. Estaba lleno de puestecitos de fruta y jugos pero elegí con espíritu bondadoso el de una humilde ancianita que tenía unas botellitas llamativamente marcadas por ejemplo a 10 bath –ya no me acuerdo los precios reales- . Pagué y la señora me cobró 30, le pregunto porque si dice 10 y me muestra que 10 vale comprar un mango no un jugo, yo le muestro que tiene marcado el jugo a 10 y ya dice que yo estaba mirando en lo que había delante del precio y no atrás. Luego me da un envase mucho más chico al que yo asumía que era de 10 bath y que se transformó en 30. Ya a esa altura quería puro hidratarme y acepté que el envase fuera más chico. Pero además me dio un contenido que no tenía el color amarillo pastoso del mango. Le pregunto si era mango realmente y me dice otra vez con esa sonrisa amable y arácnida del tipo de la lancha “yes yes mango”. No era mango era jugo de naranja.  Tailandia tres Johny cero.

Al otro día tenía la mañana para dar el último paseo y decidí simplemente irme a caminar calles arriba. Un policía vio que era extranjero y se me acerco a preguntarme el “where are you from” y me empezó a vender algo raro y a dar datos de donde debía ir. Luego cuadras más allá llegué a un barrio chino y un señor en silla de ruedas me empezó a meter conversa y a ofrecerme ir con unas chicas no sé donde a comprar no se qué. Era como que en cada esquina todo el mundo desde abuelitas, tullidos y hasta el gato de la esquina te quería embaucar si tenías los ojos más redondos. Di medio vuelta y me fue al hotel.

Conclusión, interesante Bangkok pero no es para inocentes.
 
PD: En la foto Julio con la panorámica de Bangkok detrás.
 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Dormir Tranquilo


Tengo un conocido que es comprador de una importante empresa de tecnología. Él tiene un cargo de alto nivel relacionado directamente con las fábricas chinas y, por tanto, se maneja habitualmente con los proveedores, un área en la que tiene mucha experiencia.

Íbamos hace unos días compartiendo un taxi rumbo a la zona industrial de Baoan, cuando le estaba comentando que yo me sentía cómodo negociando con los chinos, que en general tenía una buena impresión de ellos a pesar de los miles de problemas que siempre se generaba, pero que, en general, me parecía que eran personas bastante más correctas que muchos latinoamericanos y que, además, solía tener una relación amable y amistosa con ellos.

Cuando llegué a ese punto me miró y me dijo: “mira, los chinos casi como raza siempre te tratarán de fregar y si están contentos contigo es porque seguro ya te están tirando a partir.  Uno de mis colegas negocia tan despiadadamente que se los trata siempre de joder y lo lo odian a tal punto que me han llamado algunos para saber si está en China para pegarle. O sea, si te odian estás haciendo un buen trabajo”.

Estas palabras me han rondado en la cabeza toda esta semana. Yo llevo diez años trabajando con China, con fábricas y proveedores  y si bien no ha sido fácil y tengo mil historias de situaciones tremendamente complicadas, he podido vivir, alimentar a mi familia y desarrollarme en gran parte gracias a la relación comercial con ellos y a la cooperación mutua. En la empresa, tengo una red profesional china que me apoya y en la que confío, mi asistente, mi forwarder... y además, tenemos amigos chinos de todo este tiempo.

Mi concepto es que los negocios deben ser colaborativos. En otras palabras, donde todos ganemos: ojalá gané bien yo, el proveedor, el importador en Chile e incluso que el usuario final que compra el producto quede contento. En este mismo sentido, lo ideal es hacer un buen equipo con el proveedor de manera de tener una buena relación de largo plazo, que el trabajo salga fluido y que crezcamos juntos.

La visión del negocio como una "guerra a muerte" me es reñida con la ética y con mi personalidad. Ya vivir de una actividad comercial es un tanto "frío", pero si además a eso le sumara el hecho que para hacer bien mi labor, un conjunto de gente me debe odiar al punto que me quieran pegar y que mi objetivo sea liquidar a la fábrica, estrujarlos a más no poder, ¿qué sentido tiene el trabajo y la vida? Eso simplemente es ser un “caradura” un “winner”, un tipo cuya actuación se orienta en vista de su propio beneficio a perjudicar a los demás.

El día que perciba que mi personalidad y mi moral no son adecuadas para esta “guerra“, creo que colgaré mi uniforme y me dedicaré a la "vida civil".

Toda esta visión de mucha gente respecto a los chinos me tiene cansado. Especialmente de nosotros los latinos que, por favor, de dónde sacamos (“los tarros con más duraznos”, como decimos en Chile) que somos mejores que ellos. He escuchado desde que son hediondos, cochinos, traicioneros, tránsfugas, fríos, interesados, poco sinceros, manipuladores, sub-humanos y mil cosas más. Sin duda, hay una cierta dosis de racismo solapada o no en todo ello.

Es verdad que el tema cultural acá es sumamente difícil y a nivel de negocios, más aun. Hay ciertos patrones de desprolijidad y responsabilidad que son muy difíciles de conseguir y son desgastantes; las empresas tratan de sacar ventaja de cosas mínimas y cuando hay problemas asumen muy poco.  Te dicen una cosa y a los cinco minutos, la cambian. Pero como en todo, hay gente que es muy comprometida y cumplidora que nunca te falla. Además, la experiencia te va entregando las armas para lidiar con ello, adelantarte y saber atajar a tiempo muchos problemas.

En general los chinos son personas honestas. Es muy difícil, casi imposible que te estafen o te roben  -hagan la comparación con América Latina- y son un pueblo que admiro mucho en la manera que han salido adelante en su difícil y dura historia. No soy "chinofilo" ni mucho menos, ni todo me parece bien. Pero acá sobran los ejemplos para sacarse el sombrero por ellos, por su disciplina, capacidad de aprendizaje y entereza.

Que me miren con cara de “pobrecito ingenuo”. No quiero alardear, ni tengo muchas razones para ello,  pero no me ha ido mal y mantengo mis convicciones. Así que digan lo que digan, estoy agradecido de poder trabajar en esta tierra, darle sustento a mi familia, tener una buena relación con mi entorno profesional y, sobre todo, poder dormir tranquilo sin la sensación de que perjudiqué a nadie y nadie me quiere liquidar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El trato hacia los animales en China


Ha ce unos tres años cuando aún no nos radicábamos en China un proveedor me invitó a un viaje por Bejing. Cuando estábamos en un taxi rumbo al hotel me preguntó que quería conocer de esa ciudad y comenzó a darme diferentes opciones; la Muralla China, Ciudad Prohibida, Palacio de Verano etc. Yo desde siempre amante de los animales quería conocer los pandas gigantes y algo había escuchado del zoológico de Beijing. Le dije entonces que podríamos ir al zoológico. Me miró sonriente, con cara burlona de que le estaba bromeando. De veras quiero ir al zoológico ¿por que?. Aguantándose  la risa le preguntó a la taxista  -era una señora- donde quedaba el zoológico, ella comenzó también a poner cara de fiesta, le pregunto a mi compañero quien quería ir al zoológico y este me apuntó a mí. Y ahí los chinos explotaron y se largaron a reír a carcajadas, destemplándose los dientes. La mujer le decía que yo me creía un niño acaso y no podían parar de burlarse del hecho de que un hombre adulto quisiera ver animales.

En otra ocasión este mismo proveedor me invito a la bella ciudad de Hangzhou famosa por ser muy verde y tener un lago muy grande y lindo. Cuando estábamos alrededor del lago que es como un parque urbanizado gigante me di cuenta que había un zoológico. La vez anterior no habíamos alcanzado a ir al de Beijing. Al entrar lo primero que se veía era un inmenso circo lleno de graderías abarrotadas, donde tenían a unos tigres saltando por unos aros de fuego. No entendía que tenía que ver el circo con el zoológico. Luego pasamos por otras jaulas con animales, todas sucias, mal oliente y pequeñas. Luego nos metimos medio a “la mala” a un galpón donde estaban los elefantes y ahí me toco presenciar un espectáculo muy triste. Un amaestrador muy agresivo tenía a un gran elefante haciendo piruetas de levantar las patas y otras. Cuando el animal no respondía el tenía un punzón con el que constantemente le pinchaba para que siguiera sus instrucciones. Se veía al elefante sufriendo y estresado y al tipo totalmente indiferente y hasta sádico. Quedé descompuesto y con una sensación de tanta impotencia que nos debimos ir de inmediato

El primer año que estuvimos en Shenzhen también visitamos el zoológico local. Y a pesar que no estaba tan mal cada cierto rato tenían funciones circenses. Una que vimos también era muy deprimente, mantenían a los animales en un desfile girando alrededor de un escenario haciendo cosas ridículas contra su voluntad y además en una total desorganización. Camellos, elefantes, jirafas, monos, toda una gran arca de Noé anárquica. Y el sumun era que tenían una cuerda en altura entre dos postes, habían puesto a un oso pardo para que se balanceara en monociclo. Pude ver como el oso se resistió hasta que los domadores tuvieron que rendirse. Seguramente el pobre se debe haber llevado una gran tortura por no querer colaborar con la función.

Todos estos ejemplos muestran cual es el concepto que tienen los chinos de los animales. Para ellos son cosas que están al servicio del hombre. Sirven como alimento, pieles, comercio  o  también para plena diversión en los escenarios descritos.

 No hay conciencia masiva de respetarlos y protegerlos en su entorno, o de los zoológicos como una reserva protectora de las especie en peligro de extinción. Su idea de ellos es el espectáculo de circo, los animales están ahí para reírnos de sus monadas guiados-maltratados por sus domadores.

Alguna vez leí un pequeño análisis que planteaba que en China si apenas se respetaba a la gente que se podía esperar de los animales, haciendo todo un vínculo entre los derechos humanos, la democracia y como toda la violencia reprimida de la sociedad terminaba recayendo sobre los animales que son los más débiles. Yo discrepo bastante de eso porque no creo que sea un problema sociológico exclusivo de los chinos.  En un viaje a Tahilandia este año pudimos ver como en los famosos paseos en elefantes usaban también punzones y como estaba lleno de crueles shows de monos encadenados por el cuello. Que decir la información bien respaldada de las cacerías furtivas en Africa, las matanzas por el marfil etc. Y sin ir más lejos el zoológico de Santiago donde la gente insiste en tirarles basura a los monos, alimentar con golosinas a las especies y otras aberraciones que por suerte han ido mejorando. En Chile  y sobre todo en sectores populares los circos siguen usando “bestias” alimentadas con comida de perro y maltratadas. Por tanto es difícil hacer una correlación muy fina entre política y maltrato animal. Dudo que si este país estuviese gobernando por los antiguos emperadores el tema estuviese mucho mejor.

Más bien me inclino a pensar que como tantas otras cosas es un tema de desarrollo social. China es un país que ha crecido al ritmo más vertiginoso de la historia humana en estos últimos veinticinco  años y lo que otrora eran villas pobres en estas décadas se transformaron en modernas ciudades. Conozco chinos jóvenes de veintitantos que de chico debieron comer ratones cocinados por sus padres en tiempos de hambrunas. Algunos de estos mismos muchachos son hoy en día universitarios que se mueven al ritmo de la globalización, profesionales capaces de manejar varios idiomas.  El hormigón puede levantarse en pocos años  y transformar el paisaje urbano pero los procesos mentales y culturales de una sociedad no. Esto va a un ritmo mucho más lento.

En china se escupe en la calle, se fuma en espacios cerrados,  mucha gente tira basura en cualquier parte, se empuja en las filas y a los niños se les castiga golpenadolos en la casa, calle y en los colegios como algo normal. Claramente hay un concepto de urbanidad y costumbres que sobrepasa cualquier consideración de relativismo cultural. Hong Kong que también es totalmente chino que queda pegado a la china continental pero que llevo más de cuarenta años de desarrollo exhibe otra conducta propia justamente de ese desarrollo.  Volviendo al tema, he visitado zoológicos y el trato hacia los animales en Hong Kong y son tan cuidadosos y evolucionados como los mejores del mundo.

Por ello no creo que sea justo colgarle el cartel de la represión política a los chinos por su actitud hacia los animales. Esto avanza al ritmo que el resto de lo demás. De hecho ya en Guangzhou me tocó visitar un zoológico que está muy cuidado donde tienen un reservorio de Pandas. Todo muy bien protegido y ya a niveles mucho más evolucionados de lo que había visto antes. Por tanto todo confirma que es un proceso camino al desarrollo mental de una sociedad que aunque no lo parezca recién está empezando en su vinculación con cierta conciencia global.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La Fiesta de los Mooncakes


Que se me acuse de frívolo e insensible con mucha razón pero las historias explicativas de porque los chinos celebran sus festivales no me son especialmente interesantes. Siempre son leyendas místicas de alguna tragedia, una diosa, un guerrero y finalmente una buena razón para comer mucho y tomarse unos días libres.

En esta época toca el turno de la festividad de  “La luna” o del “medio otoño” que está relacionada con la leyenda de la diosa inmortal Chang E pero fundamentalmente y como en tantas culturas con los meses de la fertilidad en los vínculos ancestrales que tienen todos los pueblos con sus tradiciones rurales. Pero más que sus orígenes la celebración es famosa por los Pasteles de Luna al punto que  se la conoce popularmente también como la fiesta de los mooncakes.

Estos dulces son como unos medallones del tamaño de un alfajor siempre adornados en su superficie por figuras geométricas o caracteres en sobre relieve. Están hechos en su base de harina de trigo y arroz mezclados con especies, pero sin dudas lo que los distingue es su relleno. En la mayor parte de los casos es una contundente y majestuosa yema de huevo, pero también pueden ser porotos u otros.

La tradición ordena que en esta época la gente se regale pasteles de luna. Por tanto por todo china las panificadoras se ponen a preparar miles de trillones de estos alimentos. Y como es un regalo el envase es clave, vienen en cajitas de papel, madera o metal bellamente decoradas.  El envoltorio del regalo es más importante que su contenido. Obviamente entre más fina la elaboración y marca de estos más sofisticado y llamativo su envoltorio.

Pero vamos a lo importante. ¿Que tal es el sabor del Mooncake? No se lo digan a los chinos pero son entre rarísimos a de frentón bien malos.  Cuando se paga el noviciado de probarlos se experimenta la extraña  sensación de masticar un biscocho compacto coronado con la sorpresiva aparición de la yema cruda. Y los que son de porotos o frijoles no mejoran la cosa. Seguro que algún western por ahí adora devorarse sus deliciosos pasteles del festival de otoño. Yo sólo hablo por la inmensa mayoría del sindicato de mis conocidos a los que no nos tienta este producto. Pero claro nada más subjetivo y debatible que los gustos.

Como siempre los chinos son muy orgullosos de sus tradiciones culinarias  y te envían los mooncakes de regalo como una muestra de cariño y respeto. Incluso muchas veces se toman la molestia de entregarlos en persona.  Así es como los que trabajamos en China recibimos en esta  época cantidades de dicho presente de nuestros proveedores y contactos comerciales. Entre más contactos se tengan en este país y más influyente se sea más cajas de pastelillos acumulas. Por ejemplo cuando llegue el año pasado a penas me mandaron dos cajas este año fueron siete, no está mal. Pero mis amigos que dirigen empresas grandes acopian más de 50 cajotas. O sea, se puede hacer un ranking y estadísticas de éxito comercial en relación al factor “Pastel de la Luna”.  A mi todo esto después del par de años que vivo acá se me hace muy simpático.

El fin de semana pasado nuestro amigo Argentino Ignacio nerviosamente nos trajo de regalo una cajita de Mooncackes. Yo lo quede mirando extrañado, pues él sabe como yo sé de él que jamás lo íbamos a comer. Pero luego comprendí su desesperación, el servicio express de correo chino no paraba de hacer sonar el citófono plagando su departamento de cajas y cajas de estos dulces. 

En fin los más felices en todo esto son los trabajadores chinos que laburan en empresas dirigidas por Laowais porque se llevan en forma gratuita y heredada grandes cantidades de Mooncakes de gran calidad y precio y a ellos si les gusta y mucho.

Así que si tiene un chino amigo en Latinoamérica y viene la pascua de resurrección regálele unos cuantos huevos de chocolates para que vivan una experiencia parecida a nosotros con su festival de la luna.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Más sorpresas con la comida china: Los restaurantes


El funcionamiento y aspecto de los restaurantes en China no tienen nada que ver con sus "similares" de occidente. Pasa Lo mismo que con la comida que hablé hace algunos días que está adaptada al gusto culinario de cada nación. En nuestros países la decoración de estos locales parece el living del emperador, lleno de guirnaldas, cuadros orientales, todo un aspecto recargado en que predomina el rojo y el dorado.

En China Los restaurantes promedio suelen ser grandes espacios con poca o ninguna ornamentación y con mucho vidrio y cerámica. Se asemejan –para mí- más a comedores institucionales, casinos o centro de eventos. Su aspecto es frío y plano. Los de especialidad cantonesa están llenos de acuarios con las más curiosas especies las que son sacrificadas y cocinadas en el acto ya que los locales tienen una obsesión con comer todo muy fresco. Entre más emperifollado el restaurant más cosas exóticas exhiben. He visto cual caricatura de condorito el trasero y cola de un cocodrilo preparado para ser degustado además de serpientes,  tortugas, caballitos de mar, etc.

 Algo bien especial  y que explica también el tamaño de los recintos es que tienen varias salitas contiguas de comedores privadas. Su propósito es ser usadas para reuniones de negocios, amigos o familiares, agasajar a un invitado  o para lo que uno estime conveniente. Algunas tienen baño, juego de majong y otras sorpresas. Los dependientes van a ellas a atender de manera preferente. Es finalmente el concepto de VIP que se utiliza  para todo en china. En cualquier actividad comercial hay una tarjeta de cliente preferente incluidos los hospitales públicos.

 Pasemos a la mecánica de esto.

Cuando vas a un restaurant promedio -en los más exclusivos no es así- te dan toda la vajilla cubierta y sellada al vacío como si fuera nueva y te pasan unos jarros grandes de té caliente y unas vasijas.  Uno como novato tiende a tomarse el te pero su propósito es diferente, la idea es abrir los platitos, sacar los chopstick, luego verter el té en el pocillo mayor y hacer todo un enjuague y limpieza de la loza y los palitos. Es una medida higiénica que busca desinfectar todo. Yo aun no se si esto es exceso de celo o bien lavan así al lote no más los utensilios y te usan como mano de obra para que les completes el trabajo.

Luego el menú nuevamente dependiendo del establecimiento puede estar en chino o bilingüe. Si no está en ingles hay que recurrir a las fotitos y al nivel de mandarín que se tenga  para dar a entender algo y luego rogar que resulte. Si está en inglés la cosa no es mucho mejor. Claro, si pides carne te llegará carne y no cocodrilo pero el como  la preparan, que salsa le ponen, si era carne con pollo trozado u otro queda sujeto al misterio celestial. Además la generosidad del chef es infinita y aunque hayas pedido una cosa siempre te agregan otra. Una vez en un hotel bien emperifollado de Shenzhen  -lo que hace más universal aun la experiencia-  pedí una sopa de calabaza ya que quería comer algo vegetariano. En el menú decía claramente Pupkin Soup. Pues bien, mientras me la tomaba la cuchara hizo contacto en el fondo con unos objetos marinos no identificados,  un par de gordos camarones. Reclamé que en el menú no decía esto y me lo fueron a cambiar, por cierto solamente sacaron los dos crustáceos y no prepararon el plato de nuevo. En otra ocasión pedí un filete y venía de obsequio encima  un trozo de pescado frito. 

El error de las meseras y meseros es altísimo aunque los platos sean numerados. Pides los fideos número 13 y te traen después de media hora la cabeza de puerco 132 lo que significa esperar con suerte otra media hora por tu plato original. Yo diría que la probabilidad de falla  es cercana al cincuenta por ciento.

Luego está el tema de compartir. La comida China está concebida en esencia para ser socializada con los otros comensales.  Por ello se usa una mesa redonda extensa cuya superficie se gira de manera que todos alcancen el alimento. Se suelen pedir muchos platos dos o tres veces más que lo que se consume. Es además una muestra de generosidad, agasajo y "falta de pobreza"  del que  está invitando. En la práctica esto lleva que cantidades demenciales de comida se  pierdan todo el tiempo en un país que aún tiene mucha pobreza y desigualdad. Es un real problema al punto que el estado ha montado campañas contra esta práctica.

 Respecto a lo anterior y dado que los platos son compartidos los meseros traen las órdenes en forma escalonada. O sea primero sirven algunos,  unos veinte minutos otros y quince minutos el resto. El problema es que cuando vas a un restaurant que pretende ser occidental como un italiano, mexicano, francés y hasta hamburguesas etc. sirven la comida como que fuera china, o sea, si vas en pareja le dan su plato primero a tu chica y al mucho rato llega la tuya y no se hacen problema en ello. Sólo los restaurantes western con administración de auténticos extranjeros sirven como acostumbramos.

 Hay otras cosas menores como que debes pedir tenedor y cuchillo y esperar que tengan si no sabes ocupar palitos. Que por más increíble que parezca no se deja propina. Que se usa poca servilleta y la debes reclamar. Puede que estén pero no te hayas dado cuenta ya que la entregan en unos paquetitos que parecen más pañuelos o toallas higiénicas. Y no te vayas a confundir con otro sobrecito que te pasan y te quede toda la cara mojada por limpiarte, ese es el pañito húmedo  para  las manos.

El consumo de líquidos es también diferente y no lo digo sólo por si te tomaste ya el te de la limpieza. Los chinos no son dados a beber cosas heladas. Los restaurantes sirven te caliente en cuanto te sientas. Cuando ellos ordenan no consumen más que eso. Luego si no quieres sentirte como que es hora de once y pides en forma especial por ejemplo un jugo lo más probable que te lo traigan tibio. Hay que solicitar que en forma especial los brebajes vengan con hielo.

Para lo único verdaderamente incomodo es que se fuma masivamente, sin respeto y contemplaciones. Los hombres chinos son campeones olímpicos para el cigarro. Si hay seis en una mesa son seis chimeneas contaminando. Y les da lo mismo que hayan embarazadas o niños presentes. Los extranjeros, no se quedan atrás, parece  que ya que en sus países les está prohibido consumir tabaco en espacios públicos consideran  esto  un paraíso y se los ve desquitándose a la par con los nacionales..

Todo esto puede ser un complicación para los laowais pero en verdad la mayoría de las cosas pueden ser tomadas como siempre con humor, no hay nada mejor que la cara desconcertada de una mesera que se equivocó en traerte un plato suelen ser muy amables y simpáticas para reaccionar. Es que así es vivir en China sin paciencia o filosofía mejor emigrar a Suiza.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Las Sorpresas de la Comida China


La comida es uno de los grandes temas de vivir en este país,  Y es de hecho uno de los aspectos en que más nos diferenciamos de los chinos al punto que pareciera –como ya lo he dicho en otras ocasiones- que o ellos o nosotros fuéramos extraterrestres.

Partamos con que consideran que los alimentos contienen ciertos elementos de la naturaleza como fuego, frío, humedad, etc. Las carnes, frituras y algunas frutas como Lichi contienen fuego, el pepino y varias verduras tienen frio y los alimentos congelados humedad. Entonces en absoluta coherencia con la medicina china se cuidan de no comer cosas con mucho fuego, o mezclarlos con frio para aplacar dicho calor y otra serie de combinaciones.  Hay de hecho populares brebajes y medicinas especiales para bajar los efectos del fuego. Esto que en nuestro planeta occidental parece algo un poco alternativo de señoras que sacan el Tarot, en China se toma de la más manera más seria. Los médicos, farmacias y todo el sistema de salud giran en torno a estos principios. Yo soy fanático del lichi (es un fruto pequeño dulce de pulpa transparente), me puedo comer un balde completo y ya me ha pasado con algunos amigos chinos que cuando me ven en ello ponen ojos de huevo frito,  creen poco menos que moriré en el acto al ingerir niveles de fuego tan alto. Y su explicación para no irme directo al ataúd es que los chinos y los laowais simplemente tenemos organismos diferentes, casi suscribiendo la tesis de que uno de los dos somos marcianos.

Luego está el tema del sabor. Y dejemos algo claro para los que no han visitado este país. Salvo por los palitos chinos y porque es trozada la comida china que se vende en nuestros países no tiene NADA QUE VER con la verdadera comida de estas tierras. Y lo puse en mayúsculas porque Nada es Nada.  La comida tailandesa siendo exótica se acerca a nuestros sabores, la japonesa y coreana también pero la China ni cerca.

Nótese que es un tema de lo más subjetivo, que sólo estoy dando mi opinión representativa  de la mayoría y a la vez reducida gente que conozco. Tampoco me quiero meter en problemas gastronómicos, acá no hay un tipo de cocina sino que cada región tiene la suya. Por ejemplo la provincia sureña de Guandong donde vivo es más cargada al arroz y el norte más a los fideos por decir algo muy simplón. Pero a mis ojos inexpertos todas son más o menos parecidas, muy aceitosas –mucho aceite de maní- , pesadas, cargadas al picante, de sabor curioso y sobre todo muy misteriosa.

Los chinos comen una variedad de carnes mucho más extensa que nosotros lo que a veces  incluye serpientes, anguilas, cocodrilos, perro y algunos insectos como escorpiones, gusanos, u otros. Tienen la famosa frase que  comen "todo lo que se mueve"  hasta caballitos de mar he encontrado exhibidos en una carta de un restaurant de Guangzhou a pesar que están en peligro de extinsión. Podemos decir que lo que en occidente sería un hermoso acuario turístico lleno de pececitos,  tiburones y especies exóticas en China podría ser perfectamente  un restaurant.

 Luego no tienen el concepto de los cortes de las carnes,  no se toma en consideración en el pollo si es pechuga, trutro, pico o trasero se troza lo que venga a la suerte y se prepara. Lo mismo para el vacuno cerdo y  demases. También en este sentido no se pierde casi nada del animal todo se come lo que sin duda se vincula a los no lejanos años de pobreza y hambruna que vivió este país. Por ejemplo las patas de pollo se venden como si fueran papas fritas y la gente las consume en cualquier parte como una delicia. Alguna vez tuve una reunión con una vendedora que me invitó a almorzar y se puso a comer patitas de pollo como entremés. Cuando les agarraba con los dientes el cartílago hacía un ruido chirriante que ni me quiero acordar.

Pero quizás lo más notable es el tema de las cabezas. Los platos de carnes siempre llevan incluida y muy destacada la cabeza del animal. La comida te mira en China y es difícil sacarle la vista, cabezas de cerdo, gallina y el bicho que sea  quedan paraditos en el plato atravesándote con sus ojos y clamando por justicia.

Pero para mí la prueba suprema de que pareciera que nuestras papilas gustativas son redondas y las de ellos cuadradas es que LOS CHINOS NO COMEN CHOCOLATE. A duras penas cuando veo un delicioso chocolate puesto arriba de una mesa me puedo aguantar la tentación de no devorármelo completo sin convidarle a nadie ni a mis hijos siquiera. Y creo que a la mayoría de los mortales nos pasa lo mismo. Pero para los chinos es bien indiferente, lo encuentran molestamente dulce. Los niños más pequeños han ido adquiriendo este gusto pero muy poco.

Luego un poco más lateral está el tema de la distribución de la mesa. En una reunión familiar o de empresa hay todo un ritual de donde se debe sentar el jefe de familia, director de compañía, líder del partido o cualquier macho alfa.  
 
Esto debe ser mirando al este y en frente de la puerta, y todos los demás súbditos se deben colocar en relación a la ubicación de él. A su lado deben estar los segundos de mando, luego los de rango medio y así hasta los empleados comunes en una pirámide descendente. En las familias sería desde los abuelos paternos, padres, tíos, hijos e hijas, primos etc.

Al respecto me provoca mucha diversión la historia de mi amigo mexicano Alex que dirige una compañía en Shenzhen y que varias veces por protocolo debe participar en  la comida y las fiestas de su empresa. Pues bien el detesta que el aire acondicionado le llegue a la espalda así que siempre elige ubicarse en la mesa lo más lejos posible de este. Pues cuando se para y cambia de puesto genera un gran sentimiento de alboroto y vacío existencial en sus empleados que se miran entre ellos no entienden como recorcholis sentarse y donde ya que el gran jefe no está en frente a puerta.

Otro mundo es el de los restaurantes pero eso lo dejaré para el próximo post.
 
 
 
Publicidad de Platos de serpiente y Tortuga de un restaurant.

Carta de Restaurant de Guanzhou donde ofrecen Caballito de Mar y Escorpión.
 
 
De fondo cartel de restaurant donde muestra como sirven el pollo cocido con cabeza y todo.

viernes, 23 de agosto de 2013

Shekou Tarde-Noche

Hace unas semanas escribí sobre lo que ocurre en nuestro barrio  muy temprano en la mañana. Ahora quisiera contar como es en la tarde-noche y la noche. Para ello tengo la ventaja  de vivir en un país que es inusualmente seguro y que por tanto es absolutamente caminable de forma distraída y observante,  además del hecho de que entre mi oficina y mi departamento sólo hay treinta minutos a pie.

Shekou es un barrio donde viven la mayoría de los extranjeros de Shenzhen más del 80%. Pero esto ni de cerca significa que sea un ghetto de “laowais” no debemos representar ni el 5% de la población de esta zona. No obstante el hecho es lo suficientemente influyente y atractivo para que existan en varios puntos bares, restaurantes y comercios orientados en cierta manera a los foraneos pero que igual son frecuentados mayoritariamente por los chinos que  les gusta "lo western". 

Otra cuestión re interesante es que es el barrio más residencial y exclusivo pero al mismo tiempo y a diferencia de Santiago y muchas capitales latinoamericanas es para nada segregado. A cuadras de los edificios más costosos de toda china están verdaderos dormitorios obreros iguales a los que se ven en la zona industrial de Baoan, o sea ricos, clase media y pobres conviven en un espacio más o menos común.

Una de las cosas que más llama la atención es la cantidad de gente que anda en las calles de noche. Mi recorrido habitual va desde "Sea World" que es el punto neurálgico de la zona, algo así como su gran plaza pública, llena de restaurantes y vida nocturna, pasando en su mayor parte por el "Old Shekou" que es el sector más extenso, comercial, chino y popular y llegando a los edificios de "Península" al borde del mar que es donde vivo. 

"Old Shekou" de noche hierve de gente. Está lleno de restaurant chinos que se repletan de comensales. Estos son muy sencillos, más parecido a un comedor popular tipo restaurant de caleta o de mercado en nuestros países. Con mesas a la calle confeccionadas de tubo de metal y madera aglomerada y asientos plásticos auspiciados por una marca de cerveza o bebida. Los platos  son unas preparaciones rarísimas  llena de vegetales, arroz y pedazos trozados de sabrá uno que cosa que expelen un olor muy fuerte a fritura intergaláctica que es propia de la verdadera comida China -valga la pena la distinción-  y que a mucha gente que he conocido y que ha venido a estas tierras les resulta insoportable. Las cocinas que están a la vista así como los cocineros no se ven muy limpias, alrededor de las mesas tampoco con los contenedores de basura a pocos metros. Pero debo decir algo por justicia, yo que he comido más de una vez en estos rincones o similares jamás me he enfermado del estomago en cambio en Chile en algunos locales muy respetados me he ido incluso intoxicado al hospital.

El porque hay tanta gente dando vuelta de noche en estos comedores y en las calles se puede explicar básicamente por el sol del día que normalmente no baja de los 30 grados en esta urbe con un verano de diez  meses pero también porque la mayor parte de los departamentos de la gente trabajadora promedio por ahorro de espacio y costo no tienen cocina y. Y es que el sistema es coherente ya que estos restaurant son muy baratos. La comida china en general en un restaurant simple o uno medio de buena calidad vale un tercio o incluso un cuarto de lo que cuesta un occidental. Además lo ocupan naturalmente como distracción social, hasta bien tarde se ve a la gente parloteando y compartiendo con amigos, colegas y novias en estos sitios.

Entre medio de este mismo sector, pero también en “Sea World” y cerca de un condominio de departamentos famoso llamado "Coastal Rose Garden" hay varios bares normalmente con una mesa de pool y varias chinitas jóvenes,  lindas y semi desnudas esperando o agasajando sus clientes. Los nombres de estos bares lo dicen todo "relax bar", "x-ta-sea", "I love you" etc. Normalmente se ven a gringos viejos, gordos y bien feos que de seguro en Estados Unidos o Australia no conseguirían más que una escoba paseando y toqueteando a chinitas prostitutas o simplemente chicas "que hay muchas" que ven a los “laowais” aunque sean hipopótamos como una oportunidad de ascenso social e incluso salir de China.  

Pero sin duda lo más atractivo es que tipo 20:00 en varias plazas y abajo de los principales edificios las señoras y sobre todo viejitas de la tercera edad -por ahí se incorpora alguna jovencita y hasta un caballero- ponen música alegre y se ponen a bailar en unas coreografías muy masivas. Algunas ya en pijama o en bata. El sistema es tipo "follow the leader" o sea una instructora va marcando las simples coreografías gimnásticas y las demás en una serpenteante fila las van siguiendo. Estos grupos pueden llegar fácil a ser de 50 personas o más y religiosamente están levantando sus manitas y “moviendo el bote” todos los días a la misma hora.

En la costanera del frente de mi casa se llena de gente. Unos chicos hacen en una explanada ejercicios en patines. Bajo un toldo unas señoras bailan unos danzas chinas tradicionales, otros hacen taichí y mucha pero mucha gente simplemente pasea y comparte. Y es que yo diría que esto es un aspecto bien valorable de la cultura china; ellos ocupan y disfrutan el pleno sus espacios públicos.
 
 
Sea World la Gran Plaza Pública


Chicas esperando a sus clientes en un bar de Old Shekou

Comedor a la calle de Old Shekou


El Gran Baile de la noche